<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652</id><updated>2011-07-28T20:58:58.532-07:00</updated><category term='autoconocimiento'/><category term='mastectomía'/><category term='familia'/><category term='vida'/><category term='recuperar la salud'/><category term='cáncer de mama'/><category term='nautropenia  angustia   baja de defensas'/><category term='internación'/><category term='quimioterapia'/><category term='diagnóstico de cáncer'/><category term='mudanza'/><category term='pérdida de pelo'/><category term='recuperación después de la neutropenia'/><category term='repiración'/><category term='neutropenia'/><category term='simonton'/><category term='meditación'/><category term='acupuntura'/><title type='text'>AMO LA VIDA</title><subtitle type='html'>Del cáncer a la transformación</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>16</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-4331682315655524039</id><published>2009-12-23T17:01:00.001-08:00</published><updated>2009-12-23T17:03:52.198-08:00</updated><title type='text'>Amo la Vida -  Conclusiones -</title><content type='html'>Hace bastante tiempo , cuando escribir era apenas un  incipiente proyecto,  me preguntaron dónde  iba  a escribir la palabra “Fin” en esta historia, y hasta hoy no pude encontrar  una respuesta, porque creo sinceramente en que no hay un final en este proceso, tan sólo   preguntas que se abren interminablemente, como alguna vez me escuché decir en terapia: “cada vez que logro ver algo con un poco más de claridad, hay algo más allá que apenas se asoma para mostrarme que  todavía  mis aprendizajes  continúan“.&lt;br /&gt;Elegí contar esta  historia, porque  es la mía, y porque  necesitaba  poner en palabras mis propios sentimientos para poder  comprenderlos y transformarlos. Es  también  la historia  de un proceso  de cambio que transformó mi vida  desde  la desolación y confusión más avasallantes que haya  sentido  hasta la plenitud y la felicidad de  muchos de los momentos actuales que me ha tocado  atravesar.&lt;br /&gt;“Amo la Vida”  cuenta  la historia de los  millones de aprendizajes que  emprendí en esta última etapa, en la que me atreví a encontrarme con   aquellos aspectos de mi  misma que   me estaban enfermando, las famosas mochilas que cargaba diariamente, las culpas  que yo misma  me inventaba para  justificar mis propios errores y frustraciones, las ausencias que  signaron  muchos de los momentos  y las cosas que siempre estuvieron allí, sin que me atreviera siquiera  a mirarlas.&lt;br /&gt;Es la historia de una curación  bastante más profunda que la de las células enfermas que habitaron mi mama, quizás  el  síntoma que  me enfrentó a mis propias ganas de vivir y de sanar internamente. Sigo creyendo que no se trata de una batalla  agotadora e  interminable  en la que  hay vencedores y vencidos, sinceramente,  porque he tratado  de vivirla como un encuentro  con mis propias células, que  se transformaron poco a poco en el vehículo que mi cuerpo  encontró para transmitirme   que debía pensar un poco más en mí. &lt;br /&gt;En este  ir y venir lleno de palabras y reflexiones sumé fuerzas y energías, me entregué a la medicina  convencional e inicié una búsqueda interna, para tratar de conocerme  a fondo. Tuve muchos   vaivenes y me sumergí en ellos, con la  seguridad que  iba a salir adelante cuando  pudiera comprender  lo que me sucedía. Sentí miedo, lloré , me enojé y grité  asustada  en muchas ocasiones, pero en otras me encontré   serena y segura como nunca había estado en mi vida , me dejé sostener y sostuve, me abrí  a  todo lo que pudiera recibir   y dejé partir todo aquello  que me hacía daño o vibraba en otra frecuencia.&lt;br /&gt;Como cada una de las personas que me rodean y que se encuentran  leyendo ahora estas palabras, desconozco   cuánto tiempo voy a transitar esta camino que me ha tocado vivir, ni con quien voy a hacerlo, por eso me sumerjo en  todo el amor que recibo con la fuerza  y el deseo irrefrenable   de aquello que puede  no estar mañana, porque puede suceder que cada uno de nosotros elija otro camino o tan sólo transitarlo junto a otras personas,  o quizás  simplemente se trate  de que la vida comienza a  escurrirse , tal cuál comenzó, para transformarse en otra cosa y renacer con nuevas fuerzas en   algún mágico lugar del cual  no tenemos aún referencias.&lt;br /&gt;Esta ha sido mi extensa carta de agradecimiento a todos quienes me han acompañado  en el transcurso de este  proceso maravilloso  que me ha permitido crecer hasta convertirme en quien soy, tan sólo una  persona que sigue buscando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias  sinceras y profundas a un increíble médico, que la vida puso en mi camino,  un ser  brillante por donde se lo mire y contenedor como pocos, capaz de decir las verdades más dolorosas y sostener  la mano de quien las recibe, que  ha dispuesto desde el comienzo de todos sus saberes para sacar adelante a este “torito”, como le gusta llamarme, y que  ha jugado esta partida de ajedrez  sin resignarse a “pedir tablas”.&lt;br /&gt;Gracias también a mis incondicionales compañeras   de escuela, a Marce, y su mágica muñeca de cerámica, a Bettina  y las cosas que  acercó a mi vida de una manera “casual”  y a Maby,  por su  presencia constante y sostenida en cada  momento, por las múltiples risas que inventaron  tan sólo para verme sonreír, por los encuentros y los cafés  interminables, por las tardes de sol en la plaza, por las llamadas permanentes, por la compañía  de cada día y por  demostrarme que “de esto salimos juntas” y con más fuerza que antes.&lt;br /&gt;Gracias a  “mis contactos”, que me acercaron   millones de recetas mágicas y pócimas milagrosas, que pusieron su energía a disposición y que  acompañaron  infatigablemente  todos mis procesos, a  cada uno de ellos, mis gracias interminables, a Caro y sus ingeniosos mails llenos de anécdotas  que alegraban mis días, a Ale y Jorge con sus constelaciones, a Ángela y Roberto con sus plegarias, a Angie con la fuerza de quien comienza en la docencia, a Ariana y sus esfuerzos por traer el libro de Simonton a mis manos,  a Patricia, que me enseñó el valor de la unción a los enfermos,  a Lorena  y su energía contagiosa, á los montones de papás de alumnos que  se interesaron, me escribieron y me hicieron llegar las palabras mas hermosas  cuando más las necesitaba, a los que  me regalaron dibujos increíblemente bellos  para que me acompañaran, a Clara y sus  mágicas enseñanzas sobre la Ley de atracción,  a Marcela B. y su afecto incondicional de siempre, a Vivi   y la magia de sus manos puesta al servicio de la creación más hermosa. Gracias a Elena, por acercarme siempre  tus palabras  bellas y sentidas.&lt;br /&gt;Gracias a quienes reencontré en este camino como  si fueran un oasis, donde refugiarme, a mis tíos Betty y Cacho, que me devolvieron el sentido de familia que hacia tiempo  había  perdido  en algún rincón , Gracias por los mimos  cuando  no podía con mis dolores, por haber encontrado   una mirada al despertarme en una cama ajena de  hospital. Gracias a mis primos  Vero, Dani y Adrián, que se acercaron para  que volviéramos a encontrarnos.&lt;br /&gt;Gracias a  quienes  estuvieron  preguntando,  sosteniendo, ayudando y acompañando a mi familia, a los compañeros de Gus de trabajo, a Ariel por el dibujo maravilloso del pac-man  que me acompañó   tantas veces. &lt;br /&gt;Gracias también a Osvaldo , Jorge, Sole y Ele por haber resistido las  locuras y las ausencias  de quien  debía sostenerme, dejando todo  para estar a mi lado.&lt;br /&gt;Gracias a cada una de las personas que gritaron presente,  a cada instante y que llevaban la cuenta de cada uno de los instantes de este proceso, y a quienes nombrar sería  muy extenso y difícil, a Alicia,  Nora, Cecilia y José Luis, en representación de todos ellos.&lt;br /&gt;Gracias a todos los seres que conocí y de los que  aprendí  algunas cosas maravillosas,   de quienes sólo  sé algunos datos. &lt;br /&gt;Gracias a Claudia que  se cruzó en mi camino para enseñarme algunas cosas que no sabía y que tuvo el valor de hablar de sus propios miedos, pero que hoy no puede leer estas palabras, pero quizás desde algún lugar  sepa que  dejó algo en mí.&lt;br /&gt;Gracias a mis compañeras de rayos y quimioterapias con quienes reímos, lloramos, charlamos y  atravesamos juntas  las cosas que   navegaban en nuestro interior.&lt;br /&gt;Gracias a los ángeles que la vida cruzó en mi camino, a Cora y Sofía , por haber sido una fuente inagotable de energía permanente, por la paz con que  me abrazaron  cada día, por las enseñanzas  y los  lindos momentos que pasamos juntas.&lt;br /&gt; Gracias a Otto por  haberse transformado  en  mi maestro en tantas cosas nuevas que ni siquiera intuía. Gracias Hugo, por las enseñanzas que lográs transmitir  en tu  escuela.&lt;br /&gt;Gracias también a  Silvia y a Andrés, por haber  estado desde el comienzo  en  disponibilidad absoluta y por todo el amor constante que me prodigaron desde siempre. Gracias Silvia por  haberme regalado la frase “ empezaste a curarte cuando recibiste el diagnóstico” . Gracias Andrés por lo que dijiste a mi oído cuando  Chari cumplió años , con la  seguridad de quien  sabe  cómo estoy sintiendo este momento. Gracias a mi sobrina hermosa, por su dulzura permanente, por haberme ido a visitar cuando  apenas podía mirarme, por haberme permitido compartir sus nervios y sus ansías en la preparación del cumple, simplemente por haber estado.&lt;br /&gt;Gracias especiales a Sari, mi increíble suegra, mi maravillosa compañera de quimioterapia, que se bancó estoicamente   estar a mi lado cada una de las aplicaciones , tan sólo para  mimarme a más no poder y  transformar juntas  esos ratos tan extensos. Gracias , por haberte transformado en la crítica número uno   de cada una de mis palabras puestas en papel.&lt;br /&gt;Gracias a todos los que  estuvieron allí para ayudar, dar una mano, acompañar a mis hijos y mi familia, cuando  más lo necesitaban, por brindarles espacios para soltar  sus propias angustias.  A Norma, del hospital, que me maravilló siempre con sus palabras y su sabia presencia. A Olga que sostuvo mi hogar para que siguiera funcionando, como si fuera propio, que sostuvo mi mano y rezó varias noches mientras  yo sólo dormía. A Juan y su mamá  por  estar allí para Mai, por asomar la sonrisa en la sala del hospital, cuando no entendía donde estaba.&lt;br /&gt;Gracias  infinitas a  Dani y a Patricia , que  no sólo  son  amigos  de esos del alma, sino también unos médicos increíbles  que se arremangaron con nosotros para responder los millones de preguntas y acompañarnos a cada paso.&lt;br /&gt;Gracias a  mi terapeuta, por  su entrega y comprensión, por haberme acompañado en este camino de búsqueda, por algunas extensas sesiones, cuando eran necesario, por las visitas al hospital y por  las intervenciones certeras con que guiaste  mi camino.&lt;br /&gt;Por último,  quedan mis gracias especiales  a los seres más increíbles que me trajo la vida, a Julián , a Vic y a Mailén, que demostraron  ser seres bellos , increíblemente  sanos y buenas personas, que  me cuidaron y abrazaron a más no poder, que decidieron  decir presente y crecer de golpe  cuando más los necesité, que me regalaron  el amor más perfecto, el que nace desde el alma , el más sincero, el que se ríe de nuestros defectos  y nuestros aciertos, el que inventa las millones de maneras de arrancarnos  una sonrisa. &lt;br /&gt;Gracias Mai por haberme dicho  que te gustaba que sea tu mamá, cuando más me hacía falta escucharlo. Gracias Juli por haberme dado la seguridad de que todo iba a salir  bien, cuando  sentía que no podía acompañarte como deseaba. Gracias Vic, porque la vida nos cruzó  de una manera casual y sin lazos  de sangre que nos unieran, pero pudiste regalarme tus  sueños y hacerlos míos, porque pudiste proyectar a partir del dolor, porque estuviste ahí, como si hubieras  sido parte de mi vida desde el comienzo. A todos ustedes, simplemente gracias porque sentí muchas veces que la vida me había regalado mucho amor al conocerlos y  descubrir los millones de cosas que  nos acercan.&lt;br /&gt;Gracias Gus, mi amor, por haber  permanecido a mi lado cuando  ni yo misma era capaz de tolerarme, por haberme llenado de amor y de placer cuando  no podía encontrar  la salida y sin embargo me acompañaste pacientemente a dar cada paso juntos, despacio, respetando mis tiempos, porque me demostraste  que aquello que nos unió  sigue con tanta fuerza latiendo, que se transforma en indestructible,  porque  has sido mi fuerza y mi sostén,  en toda esta búsqueda, porque alentaste todo aquello que emprendía  y deseaste  siempre, de la manera más sincera , que fuera feliz, sea cuál fuera  la forma  que yo encontrara para  lograrlo. Gracias también  por haberme  demostrado que todo puede comenzar infinitas veces, tan sólo hace falta el valor de intentarlo y seguir soñando  juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sinceramente ,  GRACIAS&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-4331682315655524039?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/4331682315655524039/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=4331682315655524039&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/4331682315655524039'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/4331682315655524039'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/12/amo-la-vida-del-cancer-la_2994.html' title='Amo la Vida -  Conclusiones -'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-1261382366433054168</id><published>2009-12-23T16:59:00.000-08:00</published><updated>2009-12-23T17:00:53.039-08:00</updated><title type='text'>Amo la Vida - Del cáncer a la transformación - (Parte XXIII)</title><content type='html'>XXIII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los  meses  siguientes   mi corazón de recuperó para realizar la última aplicación de quimio,   continué realizando las comprobaciones  a la Ley de Atracción , cada vez que me resultaba  posible, intentaba con pequeños  objetivos  , concretos, cercanos y a veces me animaba a jugar  con algunos un poco más lejanos. Los espacios diarios de meditación se habían transformado en  un  tiempo propio, donde  todo desaparecía  para  que yo pudiera encontrarme  con las  cosas que fluían dentro mío. En ocasiones  sólo llegaba a relajarme, en otras,  entraba inmediatamente en un estado profundo de  meditación, donde todo se transformaba en paz y quietud. &lt;br /&gt;En esos mágicos momentos aparecían aquellas cosas que   uno llama  emociones y que tanto cuesta  nombrar, porque  resulta  difícil  mirarlas de frente y  recorrerlas  por completo hasta  saber con bastante  certeza  de que se trata. A veces  vivimos poniendo nombres equivocados, llenándonos de palabras para describir  lo que en realidad aún no conocemos, pero  cuando uno   logra aquietar la mente, dejar  de que los pensamientos  y los deberes inventados  fluyan unos tras otros y desaparezcan,  aparece  la quietud, y junto a ella  surgen de a poco  todas aquellas cosas  de las cuales nos escondemos a diario. Si hay angustia, si hay tristeza, si hay placer, si sentimos plenitud o cualquiera de  las emociones que nos invaden cotidianamente,  de manera natural nos sumergimos en ellas como en un río y nos dejamos llevar por la corriente, es ahí, cuando  dejan de ser necesarias  las palabras para   denominarlas.&lt;br /&gt;En muchas oportunidades  esto resultaba tan sencillo  como necesario, cuando descubría que  algo me estaba alterando y no sabía bien por qué  , buscaba el momento para relajarme y meditar  todo el tiempo  que pudiera o necesitara. A veces  estos  momentos me servían para realizar afirmaciones  sobre aquello que deseaba lograr y para  plantear  nuevas metas , algunas de las cuales me parecían tan lejanas e  inaccesibles  que me resultaban parte de un juego. Sin embargo,  poco a poco  fui entendiendo que estas  visualizaciones  eran para mi  curación, fundamentales.&lt;br /&gt;Cuando uno  se plantea una meta a largo plazo, y se imagina haciendo aquello que desea, a veces logrando  algún objetivo  imposible o tan solo  disfrutando de algo que  ansía  del futuro,  está poniendo en marcha una serie de acciones imperceptibles  que llevan a  esa meta. &lt;br /&gt;En este período me han sucedido  cosas asombrosas   e increíblemente imposibles de transmitir, tales como  imaginar las palabras exactas que me diría  alguna persona, recorrer lugares que aún no  se encontraban  construidos y  soñar  con seres que aún no conocía y que mágicamente  fueron apareciendo en mi vida.&lt;br /&gt;Establecer un corte con la enfermedad  fue parte de  un proceso  muy costoso emocionalmente, dejar atrás  los beneficios que  el estar enferma  traía a mi vida y encontrar  otras maneras de  obtenerlos, era en si mismo  un  aprendizaje que debía atravesar. Mantener  espacios, tiempos  , rutinas, placeres, nuevos hábitos, encuentros y  logros, eran mi  desafío. Podía plantearme nuevas preguntas y moverme en búsqueda de las respuestas, aunque no estuviera  segura de cuales serían  las que hallaría en mi camino.&lt;br /&gt;Poco a poco  fueron llegando los controles para despejar algunas dudas, algunos  resultaron  maravillosamente bien y otros,  mostraron incipientemente algunas células  que no deberían  estar en el lugar que estaban, quizás como restos de  la mastectomía, ,  quizás para recordarme que   los aprendizajes deben  continuar, o simplemente porque  era el momento en que mi piel se había recuperado  lo suficiente para  recibir los rayos que hacía unos meses  decidieron  no darme. &lt;br /&gt;Entonces  elegí una vez  más, entre   mis muchas opciones, pensar que  la piel de la mama se había tomado un tiempo  para  reconstituirse, fortalecerse y seguir adelante. Los rayos  podían ser   perjudiciales, pero   yo tenía la certeza de que   eran una bendición para  cada una de mis células  enfermas, esas que aún se resistían a abandonar mi mama. &lt;br /&gt;Por ese entonces habíamos planificado un viaje  muy esperado a París, me  había reintegrado a  mi trabajo en la escuela ,  había comenzado a escribir un blog contando mi experiencia  con el cáncer de mama y  seguíamos soñando con el proyecto de la nueva casa, cada vez mas avanzado. Me encontraba más activa que nunca, todas las mañanas   me mantenía  placenteramente ocupada  en darle a mi cuerpo  el tiempo que hacía rato le había negado,  llenándolo de clases de pilates,  yoga y natación.  &lt;br /&gt;Comencé a realizar las sesiones de rayos,  de una manera natural, solicitando un  horario a la salida de la escuela  y  tratando de  comprender las cosas que  pasaban  a mi alrededor. Hacía  muchos años había  recibido  rayos en la mama, cuando   tuve cáncer por primera vez. En esa ocasión me resultaba muy  violento y angustiante   ver a otros enfermos recibiendo radiación y me preguntaba  constantemente  cuándo iba a terminar con las aplicaciones, mientras pedía  horarios  extravagantes para asistir a mis sesiones   y no cruzarme   con demasiados enfermos mientras esperaba. &lt;br /&gt;Esta vez   era distinto, ansiaba  los encuentros,  deseaba hablar con otros y compartir la experiencia, tenía la  firme necesidad de transformar estos momentos y contagiar  la energía  que  sentía, pero fundamentalmente de dar y recibir . &lt;br /&gt;El  primer día de la aplicación  esperaba sentada en la sala  y al levantar la vista me encuentro con unos ojos  hermosísimos  y muy bien delineados, que hacía algún tiempo habían estado enmarcados por una cabellera ahora inexistente. Inmediatamente comencé a preguntarme  de dónde nos conocíamos, ya que  esa mirada me resultaba   sumamente familiar. Al poco tiempo , me doy cuenta de que esa mujer que estaba frente mío,  con bastante  temor y  un sinnúmero de dudas dibujadas en el rostro, aferrándose a la  mano de su marido, había sido quien hacía unos meses  me había cedido un lugar para ver a la oncóloga, entonces yo no tenía turno y necesitaba    hacerle una consulta. En ese momento habíamos cruzado unas pocas palabras, ella estaba por comenzar  las aplicaciones de quimioterapia y  conversamos sobre eso. Al reconocerla, me acerqué, la saludé y le dije al oído que estaba preciosa, que se la veía muy bien  sin su cabello y que me alegraba que  tuviera tantas ganas de  arreglarse. Sus ojos brillaron , comenzamos a hablar y a vernos en los días subsiguientes, hasta incorporar a otras  mujeres  en las charlas. Compartíamos recetas que  seguramente nunca  pondríamos en práctica, nos escuchábamos hablar de nuestras historias y nos divertíamos  con  anécdotas  de nuestras  rutinas. Poco a poco logramos transformar esa sala de espera  en un encuentro de amigos, nos alegramos de  los logros de cada una y los aplaudíamos como si se tratara de cumpleaños  cotidianos, pero fundamentalmente nos abrimos a compartir, a ese  increíble dar y recibir  que yo tanto deseaba. Allí corroboré  que a cada uno de esos seres  podía darles algo que yo había construido  y que ellos necesitaban, cosas únicas  que estaban  allí esperando  pasar de unos a otros. Pero asimismo,  me abrí a recibir cada una de las cosas  que  estaban allí para que yo las tomara y las hiciera mías. Fueron intensas lecciones de vida que cada día me conmovieron por su fuerza y su valor, así como  con el empuje con el que habían decidido  enfrentar el cáncer.&lt;br /&gt;Nuestro viaje a París se había postergado, probablemente porque no era el tiempo  de  llevarlo a cabo, porque finalmente , cada cosa tiene “su” momento y  uno debe aprender a esperar  que estos   surjan sin forzarlos . Sin embargo    continué diariamente  visualizándonos  de la mano ,  caminando  a orillas del Sena, recorriendo  los jardines de los palacios e imaginando  las obras de arte que  miraría  hasta el cansancio . &lt;br /&gt;Durante las sesiones de rayos, que se extendieron por el lapso de   poco mas de un mes,  conocí gente increíble. De manera  simultánea había mantenido la rutina de escribir en  el blog , en el cual había decidido  contar  mis vivencias personales, con la esperanza de  que  detrás de alguna pantalla  hubiera quienes pudieran interesarse en conocerla. Por ese entonces, tomé real conciencia  de lo increíble del Cyber espacio,  de lo que maravillosamente  se ve transformada  la comunicación humana a partir de estos intercambios. He recibido mensajes  de distintas personas, algunas atravesando la misma situación, otras,   recorriéndola   junto a un ser querido y buscando alguna forma de  ayuda, pero en algunos casos, con seres  conmovidos y sensibles que siguieron cada uno de  los comentarios que yo realizaba, respondiendo con mensajes de apoyo  y  aliento.&lt;br /&gt;En ocasiones no podía creer  el alcance  que había logrado  con  mi historia, que  en primer  lugar había resultado  de  fundamental ayuda para mi propio proceso  curativo, y ese era mi primer objetivo, pero también había logrado  llegar a otros, traspasar mis propias  fronteras  tan sólo para entregarle lo que yo había construido y quizás ellos podrían tomarlo para  cambiar algo de sus vidas. Ese feedback que se generó  me  resultó increíble, porque fue tomando  una fuerza arrolladora, que traspasó las distancias reales para  lograr que cada mail y sus respuestas fueran como una charla de café entre  amigos de siempre.&lt;br /&gt;Estos espacios  donde  las historias se comparten surgen naturalmente, porque hay seres  que necesitan de ellos, no para hablar de sus enfermedades  y patologías, sino para compartir con otros  los  temores, las angustias, las cosas que  el cáncer  genera y que van más allá de  las células  mutadas y las metástasis. Son esas cosas que   quienes  no atraviesan la situación, no llegan a comprender  totalmente  ,  porque  la muerte da mucho miedo y la angustia de que todo puede terminarse de repente , no nos permite usar palabras  para nombrarla. Por eso nos protegemos y no hablaos de cáncer, sino de “la enfermedad”, por eso  hacemos de cuenta que los temores no existen y que en realidad no hace falta hablar de muerte, porque  “eso”  nunca va a pasar, por eso  somos  vulnerables y preferimos mirar hacia otro lado, para no encontrarnos con aquello que marca  la finitud humana como algo tangible. &lt;br /&gt;Sin embargo, quienes  atravesamos el cáncer,  necesitamos  hablar  de que tenemos miedo de morirnos,   con seres que  nos escuchen y no intenten ser condescendientes o lo nieguen como una posibilidad. A veces sólo necesitamos dejar de ser enfermos  por un rato para recuperar   la vida que veníamos llevando, donde nadie pregunte  por  el último control o por   los avances en el tratamiento y que se atrevan a preguntarnos por nuestros proyectos y nuestros sueños.&lt;br /&gt;Pero esto también abarca a nuestras familias  que pacientemente acompañan todo el proceso, que contienen, que aprietan fuerte la mano cuando  no podemos sostenernos,  que acarician cuando deseamos un mimo, que escuchan una y mil veces   lo que llevamos dentro y que  han estado incondicionalmente a cada paso, para hacernos sentir un  poco  menos solos  en el dolor  de estar enfermos. Todos los que nos rodean  también necesitan  un espacio para   largar sus propias angustias y dejar la mochila de lado de vez en cuando, permitiéndose   seguir la vida , con cada una de las maravillas que esta trae. &lt;br /&gt;En estos encuentros , también  aparecen todas la cosas  no resueltas, los reclamos, las ausencias, las   cuentas  por saldar, las que buscan un espacio para encontrarse  y salir a la luz.&lt;br /&gt;Considero que  hay quienes rehúyen de estos encuentros, como si  escuchar las historias de otros,  los hagan  sentirse más enfermos de lo que pudieren estar, pero todo es respetable, todos tenemos nuestros propios tiempos para  hacernos cargo y nuestros propios recursos  para salir adelante.&lt;br /&gt;Una tarde en la sala de espera, se me acerca una mujer y me pregunta por mi nombre “¿vos sos Fabiana?”,e inmediatamente se presenta y comenzamos a hablar. Gloria me había conocido por el blog, ella estaba acompañando a su marido en tratamiento y habíamos coincidido casualmente en el horario de la aplicación. Algo en mi discurso  la había remitido a mis palabras en el blog y había permitido que nos  encontráramos. Pasamos un buen rato conversando cada uno de los días que nos encontramos en la sala de espera, y esos encuentros casuales me llenaron de  amor y energía, con toda la fuerza de  una  mujer que  recorría  casi a diario una distancia increíble para acompañar a su esposo , mientras  ponía toda su garra para sostener  su hogar, trabajar y cuidar de su pequeño hijo.&lt;br /&gt;Llegó el día en que escuché  a mi médico repetir la frase que había imaginado, exactamente igual que en  mis visualizaciones “te doy vacaciones”, mientras me tomaba de la mano una vez más y me  abrazaba  con la certeza de quien  puede relajarse un rato , luego de una intensa y difícil  partida  de ajedrez, como nos ha gustado llamar a cada uno de los pasos que hemos ido dando en este tratamiento. &lt;br /&gt;También llegó el día en que subí  uno a uno los escalones de la casa  que habíamos proyectado hacía más de un año, pacientemente hasta el sexto piso,  esa que construimos sobre la anterior, derribando paredes,  construyendo  cimientos y bases sólidas , cuando decidimos  seguir adelante ante la pregunta”¿ y ahora qué hacemos? ¿seguimos con el proyecto?”. La respuesta , entonces, no tardó en llegar, era clara y sencilla, “seguimos con nuestros sueños y nuestras vidas, caminando juntos, por el tiempo  que tengamos juntos“. Así de simple y así de sincero, como lo veníamos haciendo desde el comienzo.&lt;br /&gt;A medida que  subía cada uno de los escalones, iba recorriendo  con la mirada, las paredes que  alguna vez habían sido  mías, en algunas todavía podían verse los rastros de las sillas, los dibujos  y las marcas de algún espejo que ya no estaba. Todas esas  habían sido nuestras paredes, nuestros espacios. Cuando subí el último escalón, con una sola mirada  supe  inmediatamente que ya había  estado ahí mismo, en ese lugar, era tal cual lo había visualizado  hacia más de un año, cuando empezaba a soñarlo. Allí estaban  los cuartos y las vistas llenas de sol de cada una de las ventanas, allí estaban los  pedazos  de un sueño que se había vuelto realidad. Habíamos logrado seguir soñando, pero  también habíamos logrado construir  sobre  lo que ya teníamos, con todo lo que simbólicamente eso representaba, nuevas paredes, nuevos cimientos, nuevas historias y  una  nueva mirada desde lo alto, que permitía ver más lejos y  más profundamente. &lt;br /&gt;Me detuve a  llorar y a empaparme de lágrimas cargadas de significados por  la magnitud de todo lo que nos estaba pasando, porque  repentinamente había   logrado  darme cuenta  de todo lo que había aprendido en este último tiempo y de la fortaleza que eso  representaba para cada uno de nosotros. Más tarde vería las analogías   entre  estos procesos, de una manera tan  clara  que me resultarían increíblemente  maravillosas. &lt;br /&gt;Cada uno de los controles posteriores  se transformaron  en encuentros  enriquecedores, en los que decidí  no preocuparme tanto por las  respuestas de cada uno de los estudios, sino confiar en  las ganas de  vivir que llenaban mis días.&lt;br /&gt;Tuve  múltiples  respuestas al blog, todas únicas, todas distintas, todas increíblemente maravillosas de gente totalmente desconocida. Con algunos seguimos   escribiéndonos asiduamente, como si ya nos hubiéramos   encontrado  , hace muchos  años. En muchos casos se ha transformado en una extensa  forma de agradecer  lo mucho e intenso que he recibido, y que  aprendido a  compartir. Pero este agradecer diario  de cada  mañana, mezclado con el sueño profundo y los ojos apenas entreabiertos  se han vuelto  fundamentales  para comenzar cada día. Cada maravilloso  día. He  aprendido también a no tratar de juzgar a la gente  ni a  realizar numerosos intentos por abarcarlas  con mis múltiples  explicaciones sobre casi todo, con la certeza de quien tiene la verdad en sus manos. He tratado de simplemente entregar  aquello que  podía   dar a quien quisiera tomarlo, pidiendo  lo que necesito cada vez más claramente y  abriendo  espacios para lo que aún no sé o sencillamente no puedo hacer. Por esa razón pude comenzar a disfrutar de un trabajo  que amo, en un rol  que fui descubriendo, poco a poco, entregándome a las cosas de los chicos, a sus mágicas ocurrencias y a sus oportunas preguntas,  con una sonrisa divertida y dispuesta  a  sentir placer.&lt;br /&gt;En esa magia increíble me encontré un día frente a un  chiquito de cuatro años que me  vino a plantear   muy suelto y sin tapujos: “ ¿ vos sabés que fulanito dice que sos pelada? , haciendo clara alusión a mi incipiente pelo, que yo no  intentaba siquiera ocultar.  Me reí un rato, pensé  en la respuesta que iba a dar y me dirigí a la maestra  de la sala, pidiéndole permiso para conversar algo con el grupo. Nos sentamos juntos y les conté un poco  divertida  acerca del comentario, nos reímos   entre todos y les expliqué claramente que había hecho un tratamiento para curarme  de una enfermedad que me había   hecho caer el pelo,  me hicieron preguntas,  les di respuestas claras y sencillas y les expliqué que prefería que  no me llamaran “pelada”  cuando no  podía escucharlos. Lo entendieron perfectamente,  jugaron a imaginar conmigo  las formas en que podía salir  mi cabello futuro, las nenas imaginaron colores  increíbles y algunas veces hasta me prestaron una gorra . &lt;br /&gt;La maestra asistía pasmada a la situación, habíamos hablado del cáncer, sin  dolor, sin temores, dando una clara señal de  vida  y desdramatizando todo hasta el punto de reírnos  juntos  de  muchas cosas, que a los adultos  los dejan sin palabras.&lt;br /&gt;Me gusta pensar que  estas cosas  educan y dejan un mensaje, porque también son parte de la vida, porque nadie está ajeno a ellas y porque   compartirlo sigue siendo lo que  permite perder el miedo.&lt;br /&gt;Por eso en las salas de  espera de  rayos leímos  cuentos con T. de cinco años, hincha fanático de Racing, que  esperaba igual que yo  a que le tocara su  aplicación . Las caras de sus papás a diario me transmitían el dolor de quien   desearía estar en el lugar de su propio hijo , de la desesperación de quien  no puede hacer más, y el agotamiento de esos ojos cansados de tanto sostener. Por eso un cuento a tiempo, cuando las miradas generales  eran  de compasión, por eso las ganas  irrefrenables  de  llenar estos espacios de vida, porque podemos transformarlos  y seguir  nuestro camino,  por el tiempo que nos toque recorrerlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-1261382366433054168?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/1261382366433054168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=1261382366433054168&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/1261382366433054168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/1261382366433054168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/12/amo-la-vida-del-cancer-la_23.html' title='Amo la Vida - Del cáncer a la transformación - (Parte XXIII)'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-6098329215547327715</id><published>2009-12-23T16:57:00.000-08:00</published><updated>2009-12-23T16:59:13.002-08:00</updated><title type='text'>Amo la Vida- Del cáncer a la transformación (Parte XXII)</title><content type='html'>XXII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada día se había transformado en un aprendizaje , en algo por descubrir sobre mi misma, como si se tratara de  una  historia   en la cual poco a poco  iba  conociendo   a los personajes, adivinando   sus gestos e interpretando  miradas. Todo sucediendo , casi, por primera vez. &lt;br /&gt;Mi recuperación  se me antojaba por momentos, demasiado lenta, quería  correr hasta  llegar a  la siguiente etapa, siempre apurada por  un tiempo interno que me  señalaba que  debía  sentirme bien, salir y caminar, como si nada hubiera atravesado  mi cuerpo.&lt;br /&gt;Sin embargo,  en este redescubrir el mundo,  estaba decidida a  no saltearme  nada, buceando en mis emociones  y sincerándolas hasta llegar a comprenderlas  y hacernos  amigas. &lt;br /&gt;Así, poco a poco  fui retomando  mis  ansiadas “rutinas”.  Volver a terapia era  mi primer desafío, no tanto  por la necesidad  interna de  revisar  cada una de las emociones que  había descubierto en mí,  sino para escucharme poner en palabras  algunas cosas que nunca  había podido  enfrentar.&lt;br /&gt;Finalmente allí me encontraba una mañana, pidiéndole a  Julián que  me acompañara  un par de cuadras  hasta el consultorio de la psicóloga, ya que  me costaba mucho esfuerzo  caminar y aún estaba bastante dolorida. Ese  mismo Julián , que me visitaba a diario  en el hospital y que   casualmente un día, se había cruzado con mi terapeuta que  se había acercado a verme. “¿Ese  es Juli ?“, me preguntó  cuando  nos quedamos  solas. Hasta entonces no había  logrado ver  que   ese “Juli “ de mi discurso   se había transformado en un  hombre corpulento, bastante más alto que yo, que   había dejado de ser  un nene hacía rato. Esa pregunta me había  llevado a pensar ¿es así como yo me lo represento internamente? Evidentemente,  algo había cambiado internamente , en mi propia mirada.&lt;br /&gt;Esas  cuadras  hasta el consultorio, me parecieron eternas, pero se transformaron , en si mismas ,  en  un espacio y un tiempo diferentes, en el que  le permití a mi hijo acompañarme y sostenerme, conversando con él sobre las cosas sencillas  de siempre. &lt;br /&gt;Enseguida de haber salido de casa, me mira  y me dice : “  mamá, saliste sin la peluca…, ¿no te da cosa….?” Mi respuesta salió  clara y firme, “esta soy yo, esto es lo que me pasa “.  Él me estaba  queriendo proteger de la mirada  complaciente y lastimosa del afuera, porque alguna vez  yo le había enseñado que eso  era importante, que la mirada del otro era importante para mí.  &lt;br /&gt;A partir de allí, conversamos esas  dos cuadras  sobre  lo  que  necesitaba cambiar  y en como debía  transformar aquellas cosas  que   me habían hecho daño.&lt;br /&gt;Siempre  había estado allí, la mirada del “otro”, exigiendo, juzgando, censurando, marcando errores, prolijamente construida a lo largo de   muchos años. La mirada del otro  parecía  ser  más importante que mi propia mirada, y estaba allí presente a lo largo de mi historia para   marcarme una y otra vez  todo lo que  me salía   mal. Eso se había transformado en una suerte de  autoexigencia  suprema, en una necesidad de cumplir imperiosamente todos  los mandatos  y de  buscar   permanentemente la aprobación de los demás.  &lt;br /&gt;Pero la imagen del espejo me había   mostrado que esa persona segura, independiente y desenvuelta  era un ser frágil  que buscaba    ser querida por sobre todas las cosas. Allí estaban las cosas que debía revisar  una y otra vez  hasta transformarlas, hasta que “esa mirada”  perdiera   fuerza y se fuera desdibujando poco a poco ante otra más  fuerte y potente, que surgía de mi propio   ser interior.&lt;br /&gt;Como siempre, me entregué  a mi espacio terapéutico, con la necesidad de  encontrar mis propias respuestas, muchas de las cuales intuía ; otras  , las iba aprendiendo poco a poco y algunas ,  llegarían con el tiempo.&lt;br /&gt;Mis días, eran   espacios abiertos que podían llevarme a distintos lugares posibles. Apenas podía moverme   con comodidad, pero   mi mente estaba más alerta y despierta que nunca. Me dediqué con pasión a  la lectura,   trasladándome apenas  unos metros hasta el parque, con una  reposera, para ubicarme  debajo de algún árbol a  llenarme de energía, leer  y  observar a mi alrededor. Por ese entonces,   me había encontrado con un libro de Elizabeth Gilbert “Comer, rezar, amar” , que me  resultaba fascinante y   me acercaba  la  experiencia personal  de la autora , sobre su propia  búsqueda interna. Me   resultaba  muy difícil   meditar como lo  venía   haciendo cotidianamente   con Sofía , el cuerpo me había marcado sus límites de una manera muy precisa, pero  recordaba  que Simonton en su libro  recomendaba  intentar las relajaciones  aún cuando  las personas   enfermas  se encontraran    postradas en una cama. Mi desafío  se trató entonces, de encontrar la manera  de  serenar las molestias de mi cuerpo , atravesado por el cáncer y la medicina tradicional, acompañarlo en cada  movimiento  y ayudarlo a  relajarse  poco a poco.&lt;br /&gt;Las primeras veces  me  resultaba muy  difícil, tenía la cintura muy dolorida, el abdomen   tenso  y la respiración muy agitada, sin embargo,   buscaba un tiempo y un espacio en el que  pudiera  hacerlo , para dedicarme a pequeños objetivos. Primero  relajar  pequeñas  partes del cuerpo,  luego ir  incorporando otras  hasta llegar a   relajarlo todo por completo. Más tarde, controlar la respiración , e ir aumentando la cantidad de aire que ingresaba a mi cuerpo a medida que  podía hacerlo.&lt;br /&gt;Poco a poco me di cuenta que  podía alcanzar esos pequeños objetivos y que mi cuerpo  se iba recuperando   hasta alcanzar  su  dinámica   habitual. Hasta ese  momento, nunca había tomado conciencia  que mi energía  fluía  más allá   de lo imaginable, aún, cuando  mi cuerpo  se mostraba dolorido y cansado. Entonces, ¿ de dónde  surgía esa energía?  Yo no  lograba ubicarla  en ningún  espacio  de mi cuerpo,  sentía que  había una relación directa  entre  mis  emociones y  sentimientos  y aquello que   me recorría  de punta a punta, aún cuando no pudiera  moverme. Pero ¿dónde  estaba  esa energía? ¿  cómo era posible que  tuviera  tanta  fortaleza y  que esta pareciera  no tener  límites?&lt;br /&gt;Allí me encontraba ,  sumergida en una serie de descubrimientos   internos  que  revolucionaban  mis  creencias  más  antiguas, pero a la vez, generando una  fuerza interna que me  acompañaba  todo el tiempo.&lt;br /&gt;En algunos momentos me planteaba  seriamente la posibilidad de que mi cuerpo   no pudiera llegar a acompañar   este   crecimiento    espiritual,¿qué  opciones tendría entonces? .Eso me generaba  dudas y  temores; a veces  mucha angustia,  y en otras  ocasiones , sencillamente parecía no importarme demasiado. Entonces volvía a  revisar una y otra vez  cada una de mis alternativas  , podía limitarme a  esperar   una recuperación mágica, como si todo dependiera de un milagro , que quizás podría  no  llegar a suceder jamás, o aprovechar cada uno de los momentos  que tuviera que  vivir , para  seguir aprendiendo  . Seguía sin estar dispuesta a ser una  enferma quejosa , que describe sus síntomas una y otra vez , al tiempo que  se acomoda  tranquilamente en  una cama para  tomar el control remoto  , maldiciendo  su mala suerte y esperando que le llegue el fatídico  momento . &lt;br /&gt;Me detuve a pensar que así como no elegimos vivir, ni la familia en la que vamos a nacer, tampoco elegimos    el momento en que vamos a  morir, ni la manera en que  esto va a suceder. Sin embargo,   tenemos la magia en nuestras manos , de  como vamos a vivir cada uno de  los instantes que nos toque atravesar. Esa magia, nos permite elegir, crear, descubrir, aprender y volver a empezar, las veces que sea  necesario. Esa  iba a ser mi opción, mi propia  magia interna, esa era la manera en que  había elegido  vivir cada uno de mis  días  , sin saber ni preguntarme  cuántos iban a ser, ni  si iba a tener el tiempo suficiente para   mis  ansiados proyectos, ni siquiera  con quien  los iba a vivir.  Poco a poco fui desterrando los “para siempre” y los “ jamases”, para enviarlos  al lugar donde    había decidido guardar el “no voy a poder” .&lt;br /&gt;Decidí   vivir , agradeciendo cada mañana abrir los ojos  y  poder disfrutar  de lo que ese día  me deparara ,  con sus maravillas y sus obstáculos, pero dispuesta a no dejar de pasar por cada día  como  si éste no  hubiera existido.&lt;br /&gt;Inevitablemente, el tiempo dejó de ser importante, ya no  importaba  cuánto más  iba a quedar por delante  de mis propios   pasos, ahora “mi” tiempo ,  era propio, personal, único, eran mis sueños y mis deseos, mis necesidades y mis propios  ritmos, las ganas de dar y de recibir , a cada uno de quienes me rodeaban.&lt;br /&gt;El tema de la muerte  había aparecido en mi vida de una manera palpable y posible, lo llevaba conmigo a la terapia,  lo hablaba en pequeños diálogos  con quienes mas cerca tenía, pero cuando  me encontraba sola con mis propios temores, trataba de enfrentarlos y desmenuzarlos hasta que desaparecieran  por completo. &lt;br /&gt;De manera muy lenta  y casi   cuidadosa, mi cuerpo  empezó a recuperarse  de sus dolencias , mientras yo trataba de acompañarlo   en su recuperación,  dejando  fluir  mi energía y mis ganas, llenándome  de proyectos  y  retomando  mis clases de  gimnasia expresiva poco a poco, casi como aprendiendo cada movimiento por primera vez.&lt;br /&gt;La ley de atracción se había incorporado a mi vida a través de “El Secreto”, al principio  con bastante incredulidad .Me había dedicado a leer  detenidamente  la  recopilación de pensamientos de  grandes  filosos  y pensadores  al respecto. Ciertamente,  hacía   cientos de años  que  se habían  enunciado algunos conceptos  que hacían referencia  a  la fuerza de la atracción y  su importancia   y allí me encontraba yo , tratando de   descubrir   de que se trataba  eso de lo que tanto había escuchado hablar.&lt;br /&gt;En esos días  de controles médicos  permanentes y   augurios  no muy   prometedores, me encontraba evaluando la posibilidad de realizar  la última  quimioterapia. Mi oncóloga  había anticipado que mi corazón  estaba débil por la toxicidad que las drogas  habían dejado en mi cuerpo  ,  y no estaba segura de que  pudiera completar el ciclo de tratamiento.&lt;br /&gt;Sin embargo, y muy a pesar de  los pronósticos  poco alentadores, estaba decidida  a  seguir adelante y a lograr  que  mi cuerpo  y cada  una de sus células se recuperaran completamente. Había encontrados millones de motivos para seguir  adelante  y  no estaba dispuesta a resignar ninguno de ellos por una sentencia   negativa de la medicina.&lt;br /&gt;En la última  internación   me habían realizado un sinnúmero de procedimientos   invasivos , que me habían dejado exhausta   y con ganas de proteger mi cuerpo  de todo aquello que implicara un nuevo avance de la ciencia en pos de un diagnóstico  certero.  A pesar de haber realizado numerosas tomografías y resonancias, el sólo hecho de imaginar   el líquido  que debía ingerir para el contraste  y los eternos minutos  dentro de un  aparato de alta complejidad,  que  no hacía mas que emitir unos chillidos  insoportables mientras  yo debía permanecer   inmóvil y prácticamente  encerrada,  me predisponían de  tal modo  que  me sentía mal, aún antes de realizar el estudio.&lt;br /&gt;Había decidido  probar “El Secreto”  en algo concreto y tangible, mi próxima tomografía, pero ¿cómo saber cuales eran los pasos  concretos  que debía realizar? Volvía una y otra vez a releer  los capítulos hasta  comprender  finalmente de que se trataba esta maravilla de la “ley de atracción” y como siempre “aprender”  algo nuevo me deslumbraba . Estaba decidida a  intentarlo una vez más.&lt;br /&gt;La ley de atracción sostiene   que hay básicamente dos tipos de emociones que determinan nuestros pensamientos y  nuestros actos, un primer  grupo de  aquellas estaba conformado por infinitas formas negativas como el odio, el rencor,  las frustraciones, la culpabilidad y  todo aquello que nos hace sentir mal . Estos  sentimientos  atraen  otros similares  y  determinan   que  todas  nuestras  vivencias   queden   opacadas por la  baja frecuencia que   emitimos a nuestro alrededor y hacia quienes nos rodean. Cuando  uno  funciona en estas bajas frecuencias,  todo parece salir  mal y pareciera que  no dejaran de sucedernos  cosas negativas. &lt;br /&gt;A lo largo de mi vida, había conocido  un  sinnúmero de personas  funcionando  en esta  baja frecuencia . Todos ellos parecían  signadas por la mala suerte.  Nunca  lograban concretar lo que se proponían, y los obstáculos  aparecían frecuentemente, aún cuando  parecían estar a punto de alcanzar los objetivos.Todos quienes estaban a su alrededor les  devolvían  la imagen de más y más frustración, los vínculos de afecto parecían ser intrincados,  complejos y dolorosamente  vacíos . Las personas  que funcionan en estas bajas frecuencias  parecen recibir lo mismo de quienes  están a su lado, tienen  relaciones que no desean y están repletas  de reclamos por aquello que no reciben . Ciertamente,  había crecido rodeada  de  estas bajas frecuencias, en las que los mensajes  muy claramente  decían que las cosas  “siempre” se  consiguen con un trabajo  muy duro y  constante y que  el camino para lograr aquello que uno desea esta decididamente reñido con el placer. Finalmente, cuando   el  logro     estaba allí para tan solo disfrutarlo, nunca era tal  y  se desdibujaba detrás de esa  conocida sensación de ¿para qué era  que  quería llegar hasta este punto?. Esa pregunta  nunca  tenía respuesta, porque  uno debía comenzar una y otra vez a  caminar en pos de nuevos   deseos que conducían  irremediablemente a lugares  indeterminados.&lt;br /&gt;La Ley de Atracción hablaba también de otros  seres, que funcionaban en frecuencias  que irradiaban   luz y energía positiva, los que se recuperaban una y otra vez de  situaciones difíciles, los que  se  habían compenetrado tanto de   sus metas, pero éstas parecían  venir hacia ellos   casi  sin esfuerzo  alguno. Cuando  pensaba en estos seres  no hacía  más que imaginarme   en    esa persona   especial que acompañaba  mi vida, Gus, mi compañero de ruta  quien había demostrado ser  una de esas personas increíblemente  afortunados , a las que algunas cosas  parecían  sucederle   de manera sencilla y meramente azarosa  .  Él derrochaba una suerte de optimismo generalizado y una fuerza interna que arrasaba con todo a su alrededor. Lo había  visto enfrentar  situaciones , cargado de una energía y un optimismo envidiables. Aquello  que a cualquier  ser humano sencillamente  lo dejaría tendido  en una cama a Gus lo movilizaba de manera suprema hacia adelante, primero un paso, luego otro y otro y  así sucesivamente. Había observado  como iba en pos de  cosas realmente imposibles, con la certeza absoluta de que   las iba a lograr. Así de  sencillo , sin preguntarse  siquiera  cómo iba a lograrlo.&lt;br /&gt;Me propuse intentar el cambio. Al fin de cuentas,  había   obtenido numerosas  certezas en toda esta etapa de aprendizaje que me había regalado  el haberme  enfermado de cáncer.&lt;br /&gt;El día que tenía la cita para  realizar   una nueva tomografía  decidí  poner en práctica  mis  nuevos descubrimientos. Comencé a formular  de manera intencional una serie de afirmaciones, relacionadas  con el estudio que debía realizar, “ la tomografía será rápida y sencilla, transcurrirá sin molestias e inconvenientes y rápidamente podré irme a casa a seguir con mi rutina de lectura” , sin permitir ni un atisbo de dudas al respecto . Asimismo me imaginaba  el líquido para el contraste con un sabor delicioso, ingresando por mi boca y convirtiéndose en un bálsamo que me llenaba de energía  renovadora. Había llegado a visualizar estas situaciones, como si fueran  reales y tangibles, de tal modo  que habían logrado  perder la carga negativa que las mismas habían arrastrado  desde hacía unos meses.&lt;br /&gt;Las afirmaciones no eran sencillas, pero  se  fueron incorporando  como un hábito saludable   en cada una de mis acciones  cotidianas. &lt;br /&gt;Al llegar al hospital para realizar el estudio, me entregaron  la jarra del líquido de contraste y me señalaron un lugar donde debía esperar  mi turno. Me senté, tomé el libro de “El Secreto”  y comencé a tomar beber pequeños  sorbos, mientras  hojeaba  distraídamente sus páginas. Era el mismo líquido , pero esta vez  sabía realmente  diferente. El mismo que me provocaba náuseas  con sólo sentirlo cerca  ahora  esperaba pacientemente a que terminara de beberlo. De manera  inmediata apareció una técnica que me preguntó si ya estaba lista  para el estudio, a lo que yo respondí que aún no había terminado de  tomar el líquido. Simplemente lo mira  y me dice que era suficiente, que con lo que había tomado  bastaba  para el contraste. Un poco  atónita y otro poco   agradecida, me pregunté interiormente por qué razón esta vez todo parecía resultar  tan simple y sencillo.  &lt;br /&gt;De manera  casual la técnica dirigió una mirada hacia el libro que sostenía entre las manos  y me dice “  es genial, todo  sucede tal cual  dice ahí”, refiriéndose  claramente a “El Secreto”.&lt;br /&gt;El estudio  transcurrió rápidamente, y sin ninguna complicación, las imágenes  resultaron tan claras  que no fue necesario   demasiado  tiempo  para que los médicos  pudieran  obtener aquello que necesitaban.&lt;br /&gt;Al salir del consultorio me sonreía al pensar en cuán diferentes habían sido las cosas esta vez,  algo había cambiado, algo se había transformado para perder poder y dejar espacio  al  juego de creer  que pueden ocurrir  las cosas con sólo desearlas.&lt;br /&gt;Tal vez había sido eso, tal vez  mi energía positiva había traspasado  los  límites racionales para  volverse   mi aliada, o simplemente, la Ley de atracción era tan fuerte y poderosa ,  que resultaba  sencillo pedir, soñar, desear y simplemente  entregarse  a todo lo bueno que  la vida tiene para  regalarnos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-6098329215547327715?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/6098329215547327715/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=6098329215547327715&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/6098329215547327715'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/6098329215547327715'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/12/amo-la-vida-del-cancer-la.html' title='Amo la Vida- Del cáncer a la transformación (Parte XXII)'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-5283373397742140181</id><published>2009-10-21T09:10:00.000-07:00</published><updated>2009-10-21T09:13:25.457-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='repiración'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='recuperación después de la neutropenia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cáncer de mama'/><title type='text'>Amo la Vida- Del cáncer a la transformación- Parte XXI -</title><content type='html'>XXI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El torbellino de emociones que me había dejado el haber atravesado una situación tan delicada de salud, se había encontrado por primera vez con  una imagen que  devolvía el espejo, casi como una manera de gritarme que debía despertar y  dejar de esconderme detrás de una máscara. Allí estaba yo, observando atentamente a esa persona  en el cristal, que por momentos se me antojaba desconocida,  y que osaba mostrarme de una manera descarada, las huellas  que  el cáncer  había dejado en mi cuerpo, &lt;br /&gt;Esa  mujer  calva,  con el vientre hinchado y  que apenas podía caminar encorvada, se me antojó una extraña sumamente vulnerable, pero allí estaba, analizando cada uno de mis propios  gestos, como si fuera la primera vez que me observaba. &lt;br /&gt;Esos días de internación en el hospital se habían convertido en   profundas marcas  en el cuerpo, además de las del alma.  Allí asomaban tibiamente las noches de sueño desparejo e interrumpido ,  mientras los restos de la infección, el cansancio extremo, el andar lento y  la curvatura de la espalda , me señalaban una y otra vez que debía aprender  sobre mis propios pasos  .&lt;br /&gt;Mi cuerpo había  llegado a un límite preciso ,allí entre  la vida y la  innombrable muerte .Necesitaba recomponerse   y volver al equilibrio de cada una de sus funciones. Allí estaba yo, tratando de  interpretar las señales y descubriendo poco a poco  como podía acompañarlo en ese proceso. &lt;br /&gt;A los pocos días de estar en casa,  entre libros y trasladándome  apenas de un sillón a la cama , volvió la fiebre y tuve que regresar al hospital. Otra vez, la guardia, los estudios, las interminables tomografías, tan solo para decir lo que   yo  intuía: mi alta había sido muy temprana, y necesitaba algunos días más de internación , para recuperarme.&lt;br /&gt;En esta ocasión, me encontraba más serena y había podido  repasar mentalmente  muchas de las cosas que me habían sucedido, esto me había dado una nueva perspectiva. Iba a  esperar los tiempos que mi propio cuerpo requiriera para volver a estar bien, sin apuros, sin falsas expectativas,  sin dibujar una  Fabiana saludable  a cada  visita de los médicos. &lt;br /&gt;En toda esa etapa  tuve  muchos altibajos emocionales y trataba  de sobreponerme a ellos , sin presiones ni exigencias. Los dejaba aparecer  buscando entender que significaban , por momentos  me sentía sobrecogida por la debilidad  y la angustia y en otros,  no tenía dudas de que  el universo se encontraba de mi lado, para que  las cosas salieran  maravillosamente bien.&lt;br /&gt;Sentía mi cuerpo enfermo y recuperándose, pero también sentía por primera vez, como se sucedían unas a otras las  situaciones en las que mi cuerpo era agredido e invadido por los innumerables intentos de la medicina tradicional de  comprender y  ponerle un nombre a lo que me sucedía. Me realizaban estudios de manera constante, para evaluar todas las variables, me extraían  sangre varias veces por día y me despertaban durante la noche para darme  medicación y  cambiarme el suero . Estaba excelentemente atendida, y sin embargo, lo único que deseaba  internamente era  estar en paz, entre  mis paredes y mis afectos.&lt;br /&gt;Por ese entonces , se habían sucedido una serie de hechos que  se me antojaban poco casuales, y que seguramente  habían ocurrido con la simpleza de las cosas  que no tienen una explicación racional. Pese a mis intentos  de realizar  mis meditaciones  diarias,  el cuarto del hospital no resultaba el lugar ideal y constantemente  me sentía  frustrada por alguna interrupción  o por algún ingreso  sorpresivo en la habitación. La  habitación compartida, los médicos que sorpresivamente se asomaban con un séquito de personas a las que  nunca llegaba a reconocer, hablando entre ellos como si  yo no estuviera allí mirándolos y tratando de entender algo sobre lo que me sucedía. Los enfermeros diligentes, iban y venían  de una a otra habitación prendiendo las luces pero muy pocas veces  volviendo a apagarlas , golpeando puertas de manera interrumpida, y así continuando, casi  indefinidamente, hasta que todo volvía a empezar por la mañana. &lt;br /&gt;Una de esas  noches en las que   se habían sucedido los portazos y las irrupciones constantes en la habitación, había tratado  , sin llegar a lograrlo,  concentrarme en respirar , profunda y lentamente, para relajar mi cuerpo y así  tratar de conciliar el sueño. Luego de varios intentos y cuando prácticamente había  desistido, decido  escuchar  la radio. Una voz  calma y pausada me sedujo en la primer  sintonía captada , hablando de algo que no llegaba a comprender completamente pero que  sin lugar a  dudas,   me atrajo  lo suficiente para intentar seguir el relato. Casi por arte  de magia, esa persona estaba narrando de manera muy detallada , diferentes tipos de respiraciones  .Entonces me  pareció que  estaba , una vez más,  acercándome las respuestas que yo estaba  necesitando , justo en el momento en que realizaba las preguntas. &lt;br /&gt;Durante el lapso de una hora, durante la cual esta persona se explayaba en detalles sobre la importancia de la relajación, las  irrupciones  sorpresivas  dejaron de sucederse, las puertas de golpearse y mágicamente mi respiración comenzó a normalizarse hasta  permitirme entrar en un sueño profundo.&lt;br /&gt;Alguna vez había leído un texto acerca de cómo cada uno de nosotros   atraía,  sin proponérselo , las cosas que le sucedían y las personas con las que  se relacionaba. En ese entonces, no creo haber llegado a comprenderlo plenamente, sino hasta ahora en que cobraron sentido  muchas de las  aparentes casualidades  que me  habían rodeado siempre, frente a las cuales mi  corazón parecía estar despertando.&lt;br /&gt;En muchas ocasiones había  sido testigo impasible de distintas personas  quejándose incesantemente  de su mala suerte, así como de haberse enamorado siempre de  quienes no eran apropiados para ellos. Sin embargo, ¿que estaba pasando con las  energías , que eran  liberadas al mundo  y  con  lo que cada uno  de nosotros se mostraba capaz de ofrecer a quienes nos rodean?&lt;br /&gt;De manera  muy casual, el libro de W. Dyer me había buscado en la mesa de una librería, y cada vez que lo recuerdo, no puedo  más que sonreírme , ya que  fue eso exactamente lo que pasó. Yo  estaba buscando un libro que no recuerdo y había olvidado por completo que alguna vez alguien me había hablado de “El poder de la intención”#.Luego de un buen rato de hurgar  sin éxito, tomo un libro y asoma por debajo de éste,  otro ,  que equivocadamente se encontraba allí, no correspondía al sector, ni siquiera estaba registrado  como existente. Pero allí estaba, esperando que yo  lo encontrara y recordara  que hacía tiempo alguien lo había recomendado para mí. &lt;br /&gt;“¿Quién puede ofrecer lo que no posee?¿Quién puede compartir lo que se niega a sí mismo?# Sentía que esto era verdaderamente así, cada uno de nosotros necesitaba irradiar aquello que deseba, vibrar en altas energías si es lo que verdaderamente desea encontrar en su camino. En varias ocasiones me había sucedido  de haber encontrado seres  maravillosos, llenos de luz y dispuestos a brindarme algo que me hacía falta, mi historia estaba repleta de esos encuentros casuales. Sin embargo también estaba repleta de algunos hechos que habían tenido lugar porque   yo había dejado de pedir, tan solo para entregar, aquello que tanto buscaba.&lt;br /&gt;Mi vida personal había estado salpicada , como la de todo el mundo, por numerosas   situaciones de dolor, de crisis y hasta de abandono, pero siempre había la había relatado como una  seguidilla de hechos que me había llevado hasta donde hoy me encontraba. De esa manera, cada uno de los hombres que había querido, habían cumplido un papel importantísimo en mi vida, y siempre  había  salido enriquecida de  las relaciones que  había construido. Todos los  seres con los que había compartido algún momento me habían enseñado algo y sin lugar a dudas, había podido atraer a las personas que   había deseado atraer, dejando ir a aquellas que  vibraban en  otra frecuencia.&lt;br /&gt;Me gustaba llamar a la historia de mi vida como la historia de los encuentros y al cáncer, como la señal que me había traído  aquello que yo necesitaba encontrar. &lt;br /&gt;Al estar internada por segunda vez , me encuentro con una compañera de cuarto que había dejado  hacía unos meses a su familia en una provincia  del interior y en ocasiones se encontraba muy angustiada, como solía  sucederme  a mí. Muchas  veces nos escuchamos  hablar de estos  dolores , cuando la luz se apagaba y nos sentíamos  lejos de todos a los que queríamos. &lt;br /&gt;Una noche, ella recibe la visita de  dos  personas que vienen a  orar a su lado. Pero esta vez,  detrás de la cortina que separaba  nuestros cuerpos y nuestras angustias, la escuchaba  tranquilizarse y entregarse al un Dios  desconocido, con plegarias que me resultaban ajenas, casi como un canto. Las lágrimas   comenzaron a  brotar sin  poder detenerlas, con toda la angustia de esos días y cargadas de los miedos que parecían no  dejarme en paz.&lt;br /&gt;Luego de un rato, cuando había dejado de llorar casi en silencio, veo que alguien se asoma hacia  mi lado y se despide con una bendición, como si   todo hubiera estado allí tan solo para que yo lo recibiera. Algo de ese clima y esa paz había logrado  traspasar la cortina que nos separaba  e invadía toda la habitación, a pesar de que  mi relación con la  religión había sido   siempre muy  contradictoria.&lt;br /&gt;Desde momentos  tempranamente dolorosos en los que había culpado a Dios  de absolutamente todas  mis circunstancias , hasta los que había  sostenido con la  arrogancia de quien  descree de todo , que  yo sólo confiaba en el hombre y sus capacidades , haciendo referencia  en los aspectos más racionales. Luego me había definido claramente como agnóstica y lo había sostenido casi como un estandarte, a quien deseara  escuchar mis argumentos existencialistas. &lt;br /&gt;Sin embargo,  en muchas ocasiones  me había podido encontrar  en mi propia esencia con un costado   espiritual que me subyugaba  y al que no podía terminar de encuadrar  bajo algún tipo de rótulo. Ese  costado espiritual me hacía entrar en  profundas  contradicciones ,  en las que no podía interpretar  con mis saberes racionales  los acontecimientos que me ocurrían. &lt;br /&gt;Hacía tiempo había comenzado a leer las  casualidades que me ocurrían  descubriendo  en ellas un hilo conductor. Todas las personas que  se cruzaban en mi camino parecían  estar allí por alguna razón con algún mensaje que yo necesitaba escuchar para ampliar  mis horizontes y algunos otros mensajes, habían estado allí hacía bastante tiempo sin que yo pudiera siquiera acercarme a ellos para interpretarlos.&lt;br /&gt;Hace algunos años , me encontraba trabajando en una escuela inmensa y   a simple vista   sumamente caótica, con  una gran cantidad de salas , en la que  se superponían  los  turnos y siempre estaba  repleta de niños. Un día se incorpora una maestra nueva, con la cual nos  haríamos muy amigas a través del tiempo, que se dirigió   sin dudarlo hacia mí, que no me encontraba  cerca de ella   ni tampoco de la entrada.  Comenzamos a hablar y mientras trataba de  buscar algunas referencias para que se sintiera más cómoda , la acompañé  a su sala, la presenté  al grupo  y le expliqué  rudimentariamente  algunas  cosas. Con el tiempo, llegó  a confesarme que ,  al entrar   al jardín,  miró la situación caótica de  los nenes   correteando y almorzando en ese patio  gigante , los grupos de maestras   tratando de contenerlos y sintió ganas de huir de allí, hasta que vio a lo lejos  a una persona  sentada , leyendo un cuento, pero que despedía un brillo especial, caminó  despacio  y sintió  que  por allí podría comenzar a  integrarse a ese nuevo espacio.&lt;br /&gt;Ella  no supo nunca explicarme la razón que la llevo a acercarse a mí, más allá de ese  brillo especial, pero algunos años después y cuando esto me había sucedido    en varias ocasiones, me encontré  en las páginas de un libro  con un relato similar. En él se explicaba  que muchas veces  el Universo nos   muestra  nuestras opciones  como despidiendo una luz  que las diferencia  del resto, pero  a pesar de eso, no siempre somos capaces de  abrir la mente para  acercarnos a ellas, aunque sean  las que menos  buscaríamos en ese momento. Tan sólo  mucho tiempo después nos daríamos cuenta que   la respuesta  estuvo siempre allí, al alcance de la mano, brillando con luz propia y que la habíamos dejado pasar.&lt;br /&gt;Aprendí a estar más alerta con mis intuiciones, especialmente a quienes me rodeaban, a entablar  pequeños diálogos, algunos  sin una real intención, pero siempre  descubriendo  que habían sido necesarios por  alguna razón. &lt;br /&gt;Cuando uno despierta  sus sentidos, abre sus percepciones y entra en una especie de  comunicación con todo lo que lo rodea, que no puede ser traducida en términos racionales  . Por eso, comencé a aprender  de las cosas que me sucedían y eso  me permitió encontrarle sentido a las cosas que no tenían explicación. &lt;br /&gt;Cuando  tengo alguna duda, suelo plantearme: “Este momento es como debe ser”, y simplemente   trato de abrirme a lo que puedo aprender  de él.&lt;br /&gt;Mi segunda internación pasó a través de estos  altibajos, como quien recorre un camino   conocido y lejano, ya había pasado por esto, y estaba tratando de  recuperar el equilibrio  que había perdido. Me entregué a los cuidados   y a los mimos con la seguridad  que  brinda el amor, me sentía acompañada, mis hijos  iban y venían pasando sus ratos  conmigo, haciéndose cada vez más  adultos y mostrándome lo  bellas personas  que habían llegado a ser. Muchos habían traspasado  la puerta de la habitación, tan sólo para  hacerme compañía, y muchos otros se acercaban  hasta allí respetando la  intimidad pero mostrándose  dispuestos a  dar una mano, tan solo desde el pasillo y acompañando a Gus. &lt;br /&gt;Las marcas  que la enfermedad  me había dejado estaban allí en mi cuerpo y ya no se escondían detrás de la  peluca, sin embargo, mi cuerpo  brillaba   y resplandecía de  alegría, nutriéndose de cada uno de estos encuentros. &lt;br /&gt;Las ausencias  tenían una fuerza   palpitante, pero  así como  había decidido  mostrar mis marcas, así habían terminado de caer todos los velos  que me rodeaban, para dejar  expuestos   cada uno de los agujeros que tenía mi historia, los que siempre había tratado de  esconder, hasta de mi misma.&lt;br /&gt;El cáncer había atravesado mi cuerpo para enseñarme  aquellas cosas  que a través de tantos años no había podido aprender. Porque para aprender uno primero  necesita   observar atentamente todo lo que encuentra a su alrededor, procesarlo y luego transformarlo  con sus propias energías positivas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-5283373397742140181?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/5283373397742140181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=5283373397742140181&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/5283373397742140181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/5283373397742140181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/10/amo-la-vida-del-cancer-la.html' title='Amo la Vida- Del cáncer a la transformación- Parte XXI -'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-1125619617958018574</id><published>2009-09-09T08:38:00.000-07:00</published><updated>2009-09-09T08:39:35.027-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='neutropenia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='nautropenia  angustia   baja de defensas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='internación'/><title type='text'>Amo la Vida- Del cáncer a la transformación (Parte XX)</title><content type='html'>XX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellos días en los que estuve internada se transformaron en un punto  de inflexión para  muchas cosas a mi alrededor. Todo parecía tener un antes y un después, pero no solo como  un sencillo  recordatorio de la cronología  de los hechos, sino que  por alguna razón que entonces no llegaba a comprender, se había transformado en  la profunda transformación  de cada una de las personas que habíamos participado del mismo.  &lt;br /&gt;    Habían decidido  darme el alta para continuar con mi recuperación en casa, lo cual implicaba  seguir con un reposo absoluto, una dieta  estrictísima  y con la medicación antibiótica por unos días más. Sin siquiera proponérmelo, al menos concientemente, me encontraba angustiada y dolorida a mas no poder, pero entre mis propias sábanas. Apenas podía movilizarme  y dar unos pasos, que ya estaba completamente exhausta, lloraba a mares por  cualquier razón y  lo único que me daba un poco de paz era sentir  la textura y los olores  de mis propias sábanas, que parecían estar esperándome  para cobijarme.&lt;br /&gt;   Mailén y Victoria  se   acostaron  a mi lado en la cama a conversar, más bien a escuchar  con paciencia  las cataratas de emociones que  brotaban de mi boca. Eran mezclas de agradecimientos , con angustias, con dolores  y con las consabidas ausencias, que ahora habían pesado más que nunca  ante la fiereza de las presencias sostenidas de la familia que  había  construido.&lt;br /&gt;   Faltaría aún , un tiempo más para llegar a comprender los cambios que  habían estado  implicados entonces, y que  habían permitido que finalmente cayeran los velos que seguía sosteniendo frente a mí, tan solo para no terminar de ver  algunas  cosas que siempre habían estado .  &lt;br /&gt;   En esos días  me reencontré  con mis aspectos más infantiles, con la desprotección de quien tiene miedo y se sumerge en la palabra  de sus afectos  que  le prometen que todo va a estar bien. Pero también me  encontré repentinamente, con  las pequeñas seguridades   de quienes me quieren  bien   y se entregaron a  acompañarme , mientras  yo me atrevía, casi por primera vez ,  a mostrarme vulnerable, débil y necesitada. &lt;br /&gt;    Una amiga   me repetía  que dejara de asombrarme  , que yo solo  cosechaba lo que siempre había sembrado. Algo tan obvio y  sincero como eso, no dejaba de   encontrarme maravillada y absorta, cuando me despertaba  de un sueño a deshora en el hospital y a mi lado tenía  a mi tía Betty, la misma que  había desenredado pacientemente   mis rulos, la  de la mágica sopa a la reina, la del amor incondicional a sus hijos, cuidando que todo estuviera bien y  divirtiéndome con  sus anécdotas de siempre.&lt;br /&gt;   Los velos habían comenzado a caer, uno a uno,  así, dolorosamente por primera vez y me habían llenado de preguntas  sin respuesta, o quizás  sí  , había respuestas para  enfrentar y resultaban  muy dolorosas. &lt;br /&gt;    A lo largo de toda mi historia, había crecido luchando contra muchas  cosas que se me habían antojado difíciles  de resolver, me había ido a vivir sola  muy tempranamente, había tenido una hija de soltera y la había criado también sola los primeros años de su vida, había enfrentado numerosas  dificultades  económicas y de las otras,  pero había salido  victoriosa y fortalecida, había dedicado todos mis esfuerzos  por demostrar y demostrarme  que  podía lograr lo que me propusiera, pero nunca lo había hecho verdaderamente por  mí, siempre había sido para la mirada de quienes   nunca me había  visto, de quienes siempre creían que no era suficiente. &lt;br /&gt;    Todo mi intento había sido siempre  el de luchar por un lugar, por un afecto, por una mirada, y esa suprema  sobreexigencia  había ido dejando   todos  mis deseos personales, uno a uno, de lado y postergados. Alguna vez por ese entonces, mi psicóloga me había señalado muy oportunamente, para quién hacía mi trabajo de maestra, seguramente en  respuesta a alguna manifestación de mi parte  de cómo me gustaba  trabajar con los chicos en la sala, tratando de lograr  que cada uno de lo mejor de sí mismo. La respuesta era obvia, de manual, “para los chicos”, “me interesa que aprendan”  pero también recuerdo haber agregado que me interesaba tener un  muy buen vínculo con los padres, que  me parecían  fundamentales en el proceso . “¿Los padres de quién?, respondió  ella. Eso bastó para que yo repensara toda mi historia y me diera cuenta de que “todo” , indefectiblemente, había  sido para ellos, antes que para  mí.&lt;br /&gt;     Desde chica había soñado  con una gran familia, de esas que aparecen en las películas, con primos, tíos, montones de chicos, mucho amor,  repleta de personajes típicos  y había decidido, al mejor estilo Susanita, que la iba a tener por mí misma. Quizás por ello, envidiaba  las  fiestas en casa  de mis tíos, repletas de gente, bullicio y risas, adonde no me dejaban participar , sino tan sólo anhelarlas detrás de una simple  pared divisoria. Quizás por eso  hubiera querido  alguna vez participar de los viajes que mi tío organizaba en el colectivo, cargando colchones y gente, en lo que me parecía entonces una aventura  increíble con mis primos. Quizás por eso también, cuando  llegué  por primera vez a la casa de las tías  de Gustavo, la que  era históricamente  el centro de reunión de  una familia de once hermanos, de las cuales  mi  suegra era la más pequeña de todos,  entendí por primera vez   que  siempre había deseado  una familia parecida. Así, con sus malos entendidos, sus sobremesas, sus históricas anécdotas  y sus roles predeterminados, esperando un mate preparado con agua tibia y otra pava, tan solo para mí, como solía hacerlo Mariquita. Así también, con un patio  gigante repleto de árboles y plantas, que se transformó en el espacio de juego de tantos  años para mis hijos, donde se escondían, vivían aventuras y  soñaban, mientras  llegaba  el aroma de alguna cosa rica de la cocina de Linita.&lt;br /&gt;     Quizás por eso, la primera vez que  anduve por allí, quedé fascinada y ante la pregunta de Gus sobre como la había pasado, simplemente respondí  que sentí por primera vez , que  allí “podía sacarme los zapatos”, no sé si entonces lo comprendió o le hicieron falta  unos cuantos años  de   vida juntos, para llegar a entender  todo lo que quedaba encerrado en esa afirmación. &lt;br /&gt;     Seguramente, por eso  me apropié de esa familia como si hubiera sido la mía desde siempre y  dejé que mis  hijos la disfrutaran  plenamente, para asistir al paso de los años y a como cada uno iba  asumiendo los roles de quienes iban partiendo, para seguir  su camino. Así se fueron formando las nuevas familias y los nuevos centros  de encuentro, para  continuar  con las historias  compartidas. Quizás por eso, sigo  disfrutando de las cosas ricas que siempre prepara  Silvia, mi cuñada, como por arte de magia, con la simpleza de los ingredientes de siempre pero mezclados  con la historia  que tienen detrás , mientras asisto  divertida a las  respuestas de Julián  que dice  seriamente “yo quería una madre que cocine…”, mientras  me limito a abrir alguna caja  mágica para preparar  alguna receta express que no necesita  siquiera horno. &lt;br /&gt;       No sólo habían comenzado a caer mis velos  poco a poco, sino que además había descubierto  que mis  afectos   de siempre estaban allí, esperando que los vaya a buscar para  comenzar a reunirlos  con mi propia historia&lt;br /&gt;       La familia puede transformarse en  esto, el espacio donde uno puede sentirse  libre  de andar descalzo y sin caretas , donde  podemos apoyarnos  en las  fortalezas  de cada uno de quienes nos rodean  cuando hace falta  y  brindar las nuestras  cuando  el otro  no llega   con las suyas. No siempre es posible, no siempre  se puede concretar , pero  sin dudas, para quien   siempre la ha necesitado, es además  el espacio  para   sentir  que uno ha llegado por fin a “su lugar”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-1125619617958018574?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/1125619617958018574/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=1125619617958018574&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/1125619617958018574'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/1125619617958018574'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/09/amo-la-vida-del-cancer-la.html' title='Amo la Vida- Del cáncer a la transformación (Parte XX)'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-2722131245910163378</id><published>2009-08-28T08:14:00.000-07:00</published><updated>2009-08-30T06:50:56.573-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='nautropenia  angustia   baja de defensas'/><title type='text'>Amo la vida- Del cáncer a la transformación- Parte XIX</title><content type='html'>XIX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La siguiente quimioterapia me encontró   muy saludable y cargada de energía , quizás por eso , mis miradas y cuidados se dispersaron  y anduvieron  bastante distraídos por entonces. Un sábado a la tarde, en la primer semana luego de la aplicación, habíamos salido a pasear y disfrutado como nunca de una caminata, mas tarde un helado y una vuelta a casa pensando  en nada. Así, absolutamente despreocupada y neutropénica, me encontró el mail que me informaba del cierre de la escuela de Julián.&lt;br /&gt;En ese momento todo pareció desmoronarse repentinamente, ¿cómo era posible que tomaran esa decisión a tan pocos días del inicio de las clases y cuando debían comenzar los exámenes ? ¿cómo explicarle a  mi hijo que venía preparando una materia que aborrecía desde hacía varias semanas, que no sabía dónde la iba a rendir?¿ cómo encontrarle  explicación  a un hecho que para la institución sólo ameritaba un mail escueto y frío?  Elegir la escuela secundaria había sido un largo proceso, habíamos recorrido escuelas, lo habíamos acompañado al curso preparatorio y a los exámenes de ingreso, nos habíamos convencido que un sistema contenedor  era lo mejor  para Julián. En ese momento sólo  lograba pensar cómo iba a decírselo cuando llegara y que en realidad no había podido contenerlo de lo único  verdaderamente importante. Su vida, su hacer cotidiano, sus amigos, las tardes de fútbol, todo había quedado maravillosamente acotado  a una escuela que ahora no existía.&lt;br /&gt;   Esa noche me había resultado francamente imposible conciliar el sueño, la cabeza me martillaba constantemente y a pesar de que me había sumergido  en las páginas de  diferentes instituciones,  no podía más que esperar hasta el día lunes para comenzar a visitarlas.&lt;br /&gt;   La respuesta de Julián fue muy  concreta y sencilla, él confiaba en nosotros y en que  íbamos a   encontrar una buena escuela para él, se propuso seguir  estudiando  Biología y esperar  a ver como se resolvían las cosas. Los llamados a otros padres eran  constantes, los chicos estaban desesperanzados  y querían mantenerse  juntos, en lo posible. Algunos se habían propuesto dividirse la tarea de recorrer instituciones, para luego compartir la información. Sin embargo, nos resultaba difícil  compartir un criterio, en definitiva, de todas las escuelas que habíamos visitado hacía unos años, esta era la única que había cerrado.&lt;br /&gt;  En ese momento me olvidé de confiar en el universo y en la magnífica ley que determina que las cosas suceden por alguna razón y me dediqué a la tarea de recorrer escuelas y  pedir entrevistas, justo en el momento en que mis defensas estaban prácticamente destruidas  . La temible neutropenia.&lt;br /&gt;  Después de un lunes agotador e interminable, no sólo me sentía cansada a más no poder , sino que también me sentía descompuesta. Esta sensación duró toda la noche y no me permitía  conciliar el sueño, por lo que opté por  recostarme en el living y tratar de relajarme un poco, mientras el resto de la familia dormía.&lt;br /&gt;  A primera hora de la mañana, estaba extenuada de no haber podido descansar y las molestias en el abdomen eran constantes, por lo cual  Gus decidió llevarme al hospital, para que me revisen.&lt;br /&gt;  En  cuanto llegamos a la guardia, comenzaron a hacerme análisis y estudios, tenía un poco de temperatura y mucho dolor en toda la zona abdominal. La espera  resultaba interminable, los médicos  iban y venían con órdenes , la guardia cambiaba y nuevamente aparecían otras caras  y otras indicaciones. En ese momento comencé a sentirme por primera vez  muy mal, pidiendo con desesperación algún calmante que pudiera ayudarme, mientras Gustavo  se enojaba  con quienes  circulaban a mi alrededor y no hacían nada por calmar  mi dolor. En ese entonces nos explicaban que no debían enmascarar el cuadro abdominal y que  me iban a dar calmantes en cuanto pudieran  hacerlo.&lt;br /&gt;    A todos los que allí estaban, quería gritarles que yo tenía una  muy buena tolerancia al dolor,  y que   era una buena paciente, que  ya había tratado de relajarme, pero que me resultaba imposible hacerlo  y que sentía que un Alien iba a surgir a mis entrañas, mientras estas parecían desgarrarse muy lentamente.&lt;br /&gt;    En algún momento y luego de haberme aplicado algunos analgésicos fuertes , deciden pasarme a una sala de terapia en la guardia. Me recosté en una cama y miré a mi alrededor, todas personas inconcientes o dormidas, conectadas a aparatos que emitían  diferentes sonidos. Las enfermeras y médicos iban y venían de uno a otro, midiendo, leyendo datos, tomando temperaturas. Todo parecía una secuencia interminable de acciones que los llevaba a saltar de un enfermo a otro. En ese momento , no podía pensar en absolutamente nada, ni siquiera  en Gustavo que había quedado en algún lado, angustiado y asustado, sin que nadie pudiera darle una respuesta sobre lo que me estaba pasando.&lt;br /&gt;   Se acerca un médico a mi lado y  observa que  ninguno de los analgésicos  me había hecho efecto, seguía llorando de dolor en la cama, intentando tomar un líquido espantoso para realizar una tomografía abdominal . Indica a las enfermeras darme morfina, yo sólo  atiné a preguntarle que me iba a pasar y si iba a desmayarme. Jamás escuché la respuesta, porque creo que no la hubo y porque de manera  instantánea  había perdido la conciencia  de todo, mientras la morfina entraba en mi cuerpo dolorido.&lt;br /&gt;   De ahí en más, sólo recuerdo flashes de  escenas que no llegaba a comprender, algunas caras, frases   sueltas, y la sensación de dolor  yendo y viniendo en mi cuerpo. Recuerdo también haber intentado infructuosamente, terminar de tomar el líquido nauseabundo, para luego vomitarlo por completo sobre mi ropa y mi cuerpo. &lt;br /&gt;Más tarde, recuerdo ir en camilla por un pasillo del hospital, ver alguna  cara conocida, pero claramente no podía enhebrar una frase con sentido. En otro momento estaba en una habitación  y al girar la cabeza hacia  un lado, observé detrás de un vidrio , la mirada y la sonrisa cómplice de Juan, el novio de Mailén. Era él , estaba segura, pero ¿qué hacía ahí?, al menos Mai estaba acompañada, me dije. En  otro instante la voz de Patri, la esposa de Daniel, que me hablaba  bajito al oído y me decía  que todo iba a estar bien. No tenía preguntas, no tenía coherencia, no entendía nada, pero todo era una secuencia  de  hechos sin sentido.&lt;br /&gt;Después de  un par de días el cuadro empezó a mejorar y pude  comprender un poco mejor lo que me había pasado, mientras  me  alojaban en una habitación común. Hasta entonces había permanecido aislada  en un sector destinado a transplantes , donde me  visitaban médicos  y cirujanos  en forma permanente.&lt;br /&gt;La verdad es que no tengo muchos recuerdos  de esos dos primeros días, en los que  estuve  bajo los efectos de la morfina . Poco a poco los iría reconstruyendo con la ayuda de todos los que me  cuidaron y estuvieron cerca  de nosotros. Un poco  con risas, otro poco, con bastante emoción y llanto, es que  comenzamos a dibujarlos, como quien  arma un rompecabezas lleno de imágenes sin sentido y en los que parece pasaron  cosas realmente importantes.&lt;br /&gt;Allí me enteré que  mi neutropenia me había producido un cuadro  muy grave de infección  intestinal, sin defensas, la infección había crecido  muy rápidamente . Las caras que yo veía en mi inconciencia, era de  diferentes médicos que me evaluaban permanentemente  para determinar si debían operarme.&lt;br /&gt;También supe que Gus  había quedado  solo y angustiado  afuera de una sala de emergencias mientras se acercaban al hospital Soledad, su secretaria, y Victoria, para tratar de contenerlo y acompañarlo. Más tarde Mailén,  y Daniel y Patricia, tratando como siempre de dar una mano.&lt;br /&gt;Fueron los días más difíciles, pero allí estaban todos mis afectos  y mis amores para gritarme su incondicionalidad. De muchos solo supe de oídas, a otros los recuerdo  de a ratitos, pero todos  estaban allí, donde  yo sólo podía  sentir. Creo que es por eso que recuerdo  los cuidados tiernos de Mai, la mirada pícara de Juan , la presencia energética  de Victoria, el sonido suave de la voz de Patri, el amor firme de Gus , las plegarias de Olga , al lado de mi cama y la mano suave de una de las doctoras que me despertaba con cuidado en mitad de la noche. Poco a poco, me fui llenando de presencias y de cuidados,  de mensajes y palabras que me llegaban de todos lados, de la presencia de Julián, que a pesar de todo  seguía adelante  estudiando como podía y diciéndome “mamá  vos por mi no te preocupes.”. Allí estaba Gus,  buscando desesperadamente escuela, corriendo de uno a otro lado, hablando con médicos, tranquilizando y conteniendo a todos, respondiendo preguntas y volviendo una y otra vez a mi lado, para  gritarme su amor.&lt;br /&gt;     El haber llegado a una habitación común me pareció entonces , el pasaje  más maravilloso  a un estado más real, como si repentinamente me hubiera vuelto a conectar  con todo lo que me rodeaba  y principalmente con la vida. Creo que entonces  comprendí  cuál era el sentido de tantas drogas mágicas  a las que la gente recurre y  cuya única intención es la de dibujar  una realidad paralela donde  no existen registros de las cosas que  nos rodean. Más que nunca  necesitaba estar conectada con el mundo a mi alrededor y sentirlo en cada poro, sentir los miedos y los dolores casi como  un bálsamo  y descubrir  mis emociones, allí, intactas  y dispuestas  a dar y recibir lo que hubiera para  dar y recibir.&lt;br /&gt;   Poco a poco  comencé a tomar  real dimensión de  lo grave que había sido mi situación de salud, no porque    me sintiera realmente bien, sino porque  había empezado a reunir  las piezas  que me faltaban para comprender  finalmente que mi cuerpo se había defendido  con uñas y dientes de una infección  terrible, cuando casi no tenía  armas para hacerlo. Ciertamente, había sido como  aquella pregunta que alguna  vez me había hecho para  plantearme  una meta que valiera la pena  alcanzar. Así, como  agarrada a un clavo ardiendo, así de firme , me había agarrado a la vida y había sostenido una batalla  agotadora.&lt;br /&gt;    La conciencia de mi cuerpo  al límite de sus fuerzas me produjo una convulsión interna   muy fuerte.  Me sentía débil, dolorida y extenuada, pero  sobretodo,  me apabullaba una  sensación de angustia interminable   que  tardó mucho tiempo en desaparecer.&lt;br /&gt;Por ese entonces,  descubrí en Mailén , mi niña chiquita y frágil ,a una mujer increíblemente fuerte y  tierna, capaz de enfrentar a los médicos  con despecho y exigirles la mejor atención que pudieran darme, pero también, capaz de abrirse y mimarme como si fuera lo único verdaderamente  importante. Allí estaba ella,  tomando mi mano, acariciándome y acostándose a mi lado en la cama , para que pudiera dormirme , hablando bajito a mi oído, como susurrando un cuento. Por momentos ,  parecía que la historia  nos había  puesto a jugar  otros roles, ella ahora  era la mamá protectora y yo era la nena débil y asustada, que necesitaba desesperadamente  que alguien la proteja y le diga que todo va a estar bien. Me entregué   a  sus cuidados con la certeza de haber podido verla  por primera vez con toda la magia y la fuerza de la que ella es capaz .&lt;br /&gt;       Al comienzo de mi relación  con Gus , pasamos algunas épocas  bastante difíciles  hasta lograr adaptarnos  a esto que se suele llamar familia ensamblada. Sin embargo,  en varias ocasiones, frente a los comentarios  de   las personas que me rodeaban , me encontré  diciendo que  todo había sido bastante sencillo para mí, porque Victoria era una personita muy especial. Ahora habían pasado muchos años desde entonces y allí estaba ella, sentada a mi lado en la cama, convertida en una mujer,  y enseñándome que  la palabra que se había inventado para  describir este vínculo era absolutamente desconocida  para nosotras. En estos años, habíamos logrado construir  algo más , nos habíamos  conocido, habíamos aprendido a querernos, nos habíamos acompañado en diversas situaciones  y habíamos  comenzado a encontrarnos  en  muchas de las cosas que compartíamos. Esa energía creadora  que me había  ayudado a iniciar mi espacio de meditación  estaba  toda junta allí y a mi lado,  con una fuerza increíble , aunque por dentro  sea sin dudas , la más frágil  y la que más  necesita  que la apoyen. Cuando ella nació, había peleado por su vida para absorber cada minúscula  burbuja de oxígeno y se había aferrado con sus manitos diminutas a lo que la vida le estaba ofreciendo por primera vez. Esa había sido su propia  victoria personal. &lt;br /&gt;       Entonces , me dí cuenta que  tenía una hija más, no porque la  haya traído a la vida a través de mi propia sangre, sino que lo había hecho a través del vínculo indisoluble que habíamos creado entre ambas   y que estaba  plasmado  en esos ojos  que  me sostenían con fuerza  una mirada profunda y  se cargaban de emoción por  las cosas más  simples de la vida. &lt;br /&gt;    El pasar  varios días en el hospital me permitió mirar a mi alrededor y darme cuenta de las dinámicas  y las historias que se tejen en los pasillos, los parientes que  no se hacen cargo, las angustias de quienes están solos y asustados, las demandas  permanentes a los enfermeros, que a su vez   están cansados y agotados de sus propios problemas, y la actitud de entrega de muchos otros . Una de esas noches difíciles  e interminablemente largas, se escuchaba  gritar con desesperación a una mujer  muy anciana , pedía ayuda, estaba sola y el estar internada la había afectado sobremanera. Los enfermeros estaban abocados  a tratarla y contenerla, pero la situación no era sencilla, las horas pasaban y era imposible conciliar el sueño.&lt;br /&gt;     Mailén se recostó a mi lado una vez más, conversamos un rato  hasta que finalmente se quedó dormida, acurrucada a mi lado. Mi sensación de angustia era cada vez mayor, quería salir corriendo de allí e ir a refugiarme entre mis propias sábanas, al menos por un rato. Era agotadora la sensación de  gente  moviéndose  por los pasillos, abriendo y cerrando puertas, entrando  bruscamente en las habitaciones , como si los  demás  pacientes fuéramos  sólo  eso “pacientes” capaces de  permanecer   quietos e impasibles a semejante demostración de  soledad.&lt;br /&gt;     En mi caso, la angustia de esta  anciana había logrado traspasar  mis poros para mezclarse con mi propia  angustia, la primera, la más  básica , la que siempre había estado allí. Cerré los ojos para tratar de dormir  y comencé a buscar entre mis  propios recursos algo que me ayudara a relajarme . Traté de recordar alguna plegaria, pero no lograba acordarme  como se hacía, empezaba las frases e intentaba una y otra vez, mientras  empezaban a caer  mis lágrimas, pero no lograba hacerlo. Me enojé conmigo misma por no recordar como se rezaba, en ese momento  que deseaba  creer  que alguien tenía un poder supremo y podía ayudarme a sobrellevar  mi  angustia, justamente  en ese instante había olvidado como era el mecanismo para llamar a su puerta. &lt;br /&gt;    Todo me resultaba muy difícil, respirar profundamente y llevar  aire  a mi centro energético, era doloroso, ya que mi abdomen estaba muy inflamado. Sin embargo, poco a poco , fui  entrando en una especie de estado de  ensoñación en el que me transporté a una situación  de mi infancia, que hacía mucho tiempo había  sucedido. En esa situación, me  habían llevado a operar de adenoides, absolutamente engañada. Me veía a mi misma en el hospital, rodeada de médicos, siendo sostenida por detrás por una enfermera, y pidiendo a los gritos que alguien me ayudara, mientras una puerta se cerraba, dejando en el pasillo a un  padre que asistía a mi dolor   sin siquiera percibirlo. Luego vino la sensación de ahogo , del algodón con cloroformo  sobre la cara, para  dormirme, e inmediatamente  comencé a sentir que no podía respirar. Habían pasado mas de treinta años y yo estaba reviviendo la situación como si  hubiera ocurrido   hace apenas un instante.&lt;br /&gt;     Sin siquiera proponérmelo, la angustia de la anciana me había transportado  en un viaje por mi propia angustia. Casi como en un ejercicio  psicoanalítico, abrí los ojos  y todo me pareció mucho más claro. La sensación de opresión , comenzó a ceder  y pude comenzar a respirar profunda y armoniosamente   por primera vez , para relajarme y caer en un sueño profundo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-2722131245910163378?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/2722131245910163378/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=2722131245910163378&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/2722131245910163378'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/2722131245910163378'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/08/amo-la-vida-del-cancer-la.html' title='Amo la vida- Del cáncer a la transformación- Parte XIX'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-8560834614544917668</id><published>2009-07-31T08:27:00.000-07:00</published><updated>2009-08-10T16:18:56.609-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mastectomía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cáncer de mama'/><title type='text'>Del cáncer a la transformación - Parte XVI - XVII - XVIII</title><content type='html'>XVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había llegado el día de la operación y me sentía realmente  tranquila, me había preparado cuidadosamente siguiendo todas las indicaciones  y había llegado al hospital muy temprano, cuando comenzaba  a amanecer.&lt;br /&gt;En esta ocasión, había decidido utilizar  las técnicas que había aprendido para relajarme, las que hasta el momento  estaban dando mucho  resultado. Había meditado larga y profundamente  el día anterior, en varias  oportunidades, para  mantener  el estado de  equilibrio y no dejarme apabullar por la ansiedad  que me rondaba.&lt;br /&gt;Esa mañana me había bañado y a pesar de  los  tumultuoso  de  los últimos días, me había detenido a observar mi mama por última vez, así, con detenimiento, casi como una despedida, tratando de registrar  mis emociones como quien absorbe todo lo que  sucede  a su alrededor. En silencio, agradecí los increíbles  que habían sido  los días previos, después del año nuevo. Gustavo se había transformado en mi compañero inseparable y habíamos andado prácticamente juntos de la mañana  a la noche para luego seguir haciéndolo, de la noche a la mañana. Primero las rutinas  de trabajo, recorrer las obras e ir al estudio, luego almorzar en algún lugar tranquilo y más tarde dedicarnos  a encontrar algún lugar donde robarle al día un par de horas  sólo para nosotros, para dejar la peluca a un costado y dedicarnos al placer de  encontrarnos. Se que entonces se  encontraba ansioso y que deseaba más que nada en el mundo que yo estuviera  tranquila, por eso buscaba llenarme de  mimos y ternura. Por mi parte,  quería transmitirle mi paz  y agradecerle infinitamente lo  buen compañero que había demostrado  ser.&lt;br /&gt;Había conocido a  varias mujeres que no tuvieron la misma suerte, a quienes al dolor  y al temor  que representa  estar enfermas  de cáncer, le habían adicionado  otro mayor. En algunos casos, la soledad obligada de no tener con quien compartir   lo que una va sintiendo, los procesos y las angustias profundas. En otros, los hombres que huían  despavoridos, incapaces de  sostener siquiera la mínima  mirada. Unos cuantos, se encontraban con su mujer y a pesar de acompañarlas en el peregrinar  de consultorio en consultorio, no podían dejar de verlas como “enfermas”,  sin cabello  y con la quimioterapia marcada en el cuerpo. Las he escuchado  aceptar el rechazo, el desinterés y la falta de ternura como si fuera la única respuesta  posible  de sus compañeros. Allí estaba yo, jugando al amor entre sábanas que no eran mías, con un compañero que seguía  sosteniendo que mi pelada redonda  le parecía sexy, que me encontraba más linda que nunca y que  después de  dieciséis años era capaz de reconocer las cosas que yo maravillosamente deseaba. En esos  días aprendí  lo que era el Amor, así, con mayúsculas y negrita.&lt;br /&gt;Esa mañana había preparado todo lo que iba a llevarme, con mucho cuidado. Había guardado prolijamente  las cartas, los  mails y los dibujos que me habían mandado  los chicos, junto a la figura  de cerámica  que me había prestado Marce, tan sólo hasta que me recuperara. Pero también tenía la Fe  prestada de todos los que sí creían con fuerza y habían depositado respetuosamente  sus buenos deseos  en  sus propios santos. Casi  como un aprendizaje, había armado en la compu de casa, un collage de imágenes, que quería tener a mi lado antes de ir al quirófano. Había elegido las fotos que más me gustaban de los chicos, de Gus y de mí, de Sara y de mi papá, y también de las chicas, así, las cuatro con  cara de salida de mujeres. Había incluido deliberadamente a los novios de Mailén y Victoria, porque ellos también se habían transformado en parte de nuestra familia, habían comenzado a aparecer tímidamente  en la cena de nochebuena y  se habían mostrado pendientes y preocupados por contener a las chicas de la manera que ellos sólo podían hacerlo.&lt;br /&gt;También tenía conmigo un frasco de agua bendita que Mai me había acercado, de la mamá de Juan que  ponía sus rezos a mi disposición y que tan bien se incluía entre los afectos  que recibía  mi hija por ese entonces.&lt;br /&gt;Casi sin pensarlo estábamos haciendo los trámites de internación, que resultaron muy rápidos y sencillos  y habíamos comenzado a caminar hacia el sector de los quirófanos. ¿Pero cómo, no voy a ir primero a una habitación? Preguntaba sin entender. La respuesta era sencilla, el médico ya estaba esperándome y podíamos comenzar con los preparativos  para la operación  enseguida. Después me asignarían un cuarto. Como explicarle entonces a la empleada diligente y amable,  que yo había fantaseado las cosas de otra manera ¿por qué las estaban cambiando? ¿No sabían que yo necesitaba un tiempo, mi propio tiempo, para acostumbrarme y repetir una vez más mis rituales  de relajación y meditación, acomodar  las fotos que había preparado para mirar antes de operarme, hablar con Gus , tranquilizarlo y  mostrarme segura, para luego colocarme el camisolín, quizás hacer alguna broma  y dejarme llevar por los pasillos  del hospital?&lt;br /&gt;Todo comenzó a suceder  vertiginosamente, primero pasar la puerta del sector de quirófanos, entrar a un box y desvestirme, colocar mi ropa en una bolsa de plástico y entregársela a Gus, que en un abrir y cerrar de ojos estaba ahí, parado,  con todas mis cosas en una  simple bolsa de basura y despedirnos así, sin demasiadas palabras, con un beso cortito y aséptico. De pronto me acordé de Juli y Mai, estaban solos,  quería abrazarlos pero no podía hacerlo, quería gritarles que  estaba bien y que se quedaran tranquilos. Él, creciendo tan de golpe y demostrando que podía ser un hombre a pesar de sus quince años. Ella tan chiquita, tan vulnerable,  tan frágil en sus afectos y tan mujer en el alma y en el cuerpo, pero estaba su papá, el que la  vida le había acercado sin proponérselo y sólo por amor. Estaba  él,  para contenerla y abrazarla y para darse mutuamente, la fuerza y la confianza que necesitaban. &lt;br /&gt;Más allá  de lo que la sangre  escribe en nuestras células, habíamos construido una familia, paso a paso, aprendiendo a conocer y a aceptar a las personas que  habían ido apareciendo en nuestras vidas, descubriéndolas en  gestos  y comenzando a amarlas  como si siempre hubieran estado allí.&lt;br /&gt;La familia que  creamos  estaba gritando presente de una manera tangible, nos pensábamos, nos cuidábamos, nos queríamos, estábamos disponibles para acompañarnos cuando fuera necesario. &lt;br /&gt;Estábamos repletos de lazos sin nombre, pero increíblemente fuertes, que  desdibujaron aquellos otros  que no estaban y que en realidad nunca habían estado.&lt;br /&gt;Lo único que tenía  a mano entonces, era el frasco de agua bendita, que me había quedado en la cartera. Decidí violar la asepsia  echándome encima unas cuantas gotas, antes  de despedirme de Gus.&lt;br /&gt;Inmediatamente apareció mi médico, para hablarme y acompañarme en la camilla, mientras me tomaba la mano. Me sentí segura y contenida, y recién entonces me pude  relajar. No sólo me entregué a sus manos y a su sabiduría, sino que me dispuse a   confiar esta jugada a sus propios movimientos. Los cirujanos son una rara especie, dice generalmente  la gente, el mío sin duda, era único, era además  una bella persona, que esperó pacientemente a que me quedara dormida, sin dejar de hablarme y tomándome de la mano una vez más.Atrás había quedado Gus  con la bolsa, en una imagen que se me antojo  difícil. &lt;br /&gt;Afuera, en el bar de la esquina, se iban encontrando poco a poco Vicky y Mai, con Sara, más tarde Juli y Gus respondiendo incesantemente llamados y mensajes de texto, mientras calmaba las angustias de todos.&lt;br /&gt;En todos estos meses había  pasado por  muchos estados de ánimo  diferentes, alguno de los cuales parecían incontenibles para quienes me rodeaban, pero siempre había encontrado un lugar para gritar, llorar, enojarme, mostrarme confundida y  hablar de mis fantasías de muerte. No me había sentido aislado con mi mama enferma, era  mi mama y mi dolor, pero el compartirlo lo había podido transformar en menos  solitario.&lt;br /&gt;Se que Gus  había demostrado ser un hombre increíblemente paciente y fuerte, sorprendiéndome una  vez más, como tantas veces, pero  mis hijos   habían demostrado también una capacidad  de amor y cuidado que   nunca había pensado   podía existir así, toda junta  y dispuesta para ser entregada. &lt;br /&gt;Todos habían crecido y se habían fortalecido, todos habíamos podido aprender  de lo que  como familia nos estaba pasando y  nos habíamos permitido  soltar las cosas que siempre habían estado allí guardadas para alguna vez, cuando fueran necesarias.&lt;br /&gt;Hacia poco había vuelto a releer el libro de Simonton y había subrayado una frase:”La intimidad surge de los sentimientos compartidos. En el momento que comienzan a reprimirse  los sentimientos comienza a perderse la intimidad”.  Era tan simple como eso  y allí estaba yo  a mis cuarenta años descubriendo que el hablar claramente y con franqueza  nos había devuelto salud a todos.&lt;br /&gt;Cuando  volví a abrir los ojos, ya en la sala de recuperación, miré el reloj sobre la pared y a mis lados, no habían pasado muchas horas, apenas tres o cuatro. Había otras camillas y otros pacientes que aún no habían despertado. Las primeras palabras que sentí en mi cabeza fueron “estoy viva” y  me sentí profundamente agradecida,  con lo que  fuera que existe más allá  de cada uno de nosotros. &lt;br /&gt;Así,  sin ponerle un nombre a la energía  que  había movido mis motores y me había puesto en marcha, simplemente sonreí, mientras  levantaba la sábana para observar  mi propio cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;XVII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo era extraño, mi cuerpo había cambiado notablemente. Una de mis mamas había desaparecido detrás de una pequeña cicatriz que parecía un bolsillo  sobre  el lado izquierdo, apenas ardía, casi no molestaba, a excepción de los drenajes que tenía colocados. Eran dos y asomaban  por debajo de mi axila y en mi pecho,  dejando escapar un líquido  sanguinolento, que  resultaba bastante impresionante.&lt;br /&gt;Mi brazo izquierdo estaba allí inmóvil, esperando que las órdenes que le  enviaba desde mi cerebro se pusieran en marcha, pero todo resultaba imposible, colgaba a un lado semi flexionado y medio adormecido, haciendo bastante  difícil las cosas más sencillas. Hasta entonces no había tomado conciencia de lo complicado que hubiera sido que se tratara  del otro brazo y la otra mama, me hubiera sentido   muchísimo más torpe e incapaz  de hacer  cualquier cosa.&lt;br /&gt;Casi de inmediato me enviaron a casa para seguir en reposo, previo haberme llenado de recomendaciones acerca de todo lo que no debía hacer con mi brazo izquierdo, y de cómo debía cuidarlo. Claramente no podía hacer nada, no comprendía de qué cuidados me hablaban ya que pensaba que iba a estar así para siempre. Claudia me había  contado  quede a poco iba a ir recuperando  los movimientos, que eran importantes los ejercicios y me había mostrado como era ella misma, capaz de levantar el brazo operado en dirección al cielo.&lt;br /&gt;Estar en casa  era sencillo,  bastante reposo, en la cama o en un sillón, manteniendo un almohadón debajo del brazo y  pasando las horas entre la televisión y las lecturas de algún libro. Sin embargo, me había encontrado con la dificultad de la vestimenta, cada una de las veces que  tenía que ir al control al hospital. &lt;br /&gt;Primero se trataba de buscar alguna prenda que  me permitiera  estar cómoda y principalmente   , que pudiera ponerme sin mover el brazo, luego, mirarme al espejo para  buscar la manera de acomodar los drenajes   con  algún pañuelo en la cintura y por último comenzar a rellenar el corpiño con medias o algodón, para sentirme más  cómoda con la imagen en el espejo.&lt;br /&gt;No se trataba entonces de la pérdida de la mama, que  había aceptado con bastante  naturalidad, sino de las incomodidades que esto me había traído aparejado. No pasó demasiado tiempo para que me diera cuenta que nada de lo que había en mi placard  me resultaba inútil, todo era muy escotado, muy ceñido al cuerpo, muy sexy. Mi imagen ahora se estaba acomodando  a lo que encontraba en el espejo, muy gradualmente, explorándose de a poco y con paciencia.&lt;br /&gt;Una mañana, cuando ya me habían retirado los drenajes, después de veinte días, decidí que no quería seguir viéndome con  remeras gigantes, que se me antojaban de hombre, y las que iba  sacando una a una, de  la pila de Gus en el placard. &lt;br /&gt;Mi brazo apenas se levantaba, separándose del cuerpo, para después volver a caer. Rellené entonces mi corpiño una vez más y salí a caminar por  caballito, buscando en las vidrieras algo que pudiera serme útil. Con bastante dificultad me encerraba en los probadores para probarme ropa, y sin pedir ayuda, comenzaba a separar  remeras y camisas  para llevarme.&lt;br /&gt;Había decidido  que   esa era mi nueva imagen y estaba decidida a amigarme con ella, para reconocerme en el espejo  cada vez que me mirara.&lt;br /&gt;Ese mismo día me propuse buscar en Internet algún lugar donde vendieran  soutiens  para mujeres mastectomizadas , que no fueran espantosamente feos y antiestéticos. Quería  algo más que un corpiño con una prótesis. El sentirme mujer no dependía de mi mama, pero sí dependía  de mi aspecto general, quería verme femenina y gustarme, para después gustarle al mundo.&lt;br /&gt;Hace un tiempo había concebido la idea  de que mis pensamientos  representaban  un común denominador y que por lo tanto, si  a mi se me había planteado esta diyuntiva  respecto de la elección de un soutien, era muy probable  que esto mismo le hubiera ocurrido a muchas otras mujeres, que no se resignaban a lo que se ofrecía en las casas  de prótesis  ortopédicas.&lt;br /&gt;Nuevamente, me sumergí en Internet, que por entonces había adoptado como una aliada maravillosa, para encontrarme que efectivamente existían  algunas, muy pocas realmente, casas  dedicadas a la corsetería femenina, que contemplaban la necesidad  de la mujer de sentirse femenina.&lt;br /&gt;Allí me encontré con encajes, colores, bordados y todo tipo de detalles posibles, hacían soutiens y trajes de baño adaptados a cada necesidad. Elegí algunos  que me resultaron atractivos y acepté los consejos  respecto de los breteles y las tasas, con la certeza de quien conoce su trabajo.&lt;br /&gt;A los  pocos días  tenía una pila  de nuevas remeras, corpiños y camisolas, y una lista infinita de ejercicios para poner en práctica, varias veces por día.&lt;br /&gt;Yo no podía dejar de ser la buena alumna que siempre había sido, de tal modo que me ponía en marcha con los movimientos, en cualquier situación. A veces mirando la tele, otras  mientras estaba en el baño, en el auto  o escribiendo en la computadora. Mi brazo  se movía en círculos sobre la mesa a una lentitud que parecía eterna y era francamente agotador intentar levantarlo apenas unos centímetros.&lt;br /&gt;Sin embargo, lo fui logrando como todas las cosas que fui aprendiendo en la vida, con mucha paciencia y dedicación, como cuando leí el primer cuento de Borges y me pareció ininteligible, así, de a poco y ,casi obsesivamente , queriendo aprehenderlo para mí.&lt;br /&gt;Mi brazo retomó su movimiento  y gran parte de la sensibilidad perdida, mi imagen se  acomodó en el espejo y en mi cabeza y una vez más había decidido no dejarme caer en la lástima sobre mi misma. &lt;br /&gt;Todo lo que me estaba sucediendo en ese momento se me presentaba como un abanico de opciones, aún cuando estas parecían reducirse a la mínima expresión, siempre habían existido. Allí estaba la opción de compadecerme de mi suerte, limitarme a la pérdida y a las remeras  gigantes de mi esposo o el proponerme elegir lo que realmente me hacía feliz.&lt;br /&gt;Había aprendido a preguntarme una y otra vez : “¿Cuáles son las consecuencias de escoger este camino? ¿Traerá esta decisión que estoy tomando felicidad para mí y para quienes me rodean?# . Increíblemente al hacerme estas preguntas, las respuestas aparecían por sí solas, por sobre las demás opciones posibles, a través del registro de las  sensaciones en mi cuerpo. &lt;br /&gt;Generalmente uno atraviesa  cada una de las opciones que se le presentan por el tamiz de la conveniencia y la racionalidad, pero es el cuerpo el que en definitiva va a marcarnos cuál  de  todas es la adecuada. Allí están los mensajes de placer y displacer, para que los escuchemos, las tensiones  acumuladas en los hombros, los dolores de cabeza, el tedio y el bienestar sutil que se asoma  en nuestros poros cuando  algo nos llena el alma.&lt;br /&gt;Mis opciones  habían estado allí desde el principio y muchas veces, las elecciones  que había realizado , me habían llenado de obligaciones  y malestares .En muchos otros, yo ni siquiera había elegido mis propias respuestas.&lt;br /&gt;Sin embargo, estaba dispuesta a aprender y a interpretar las cosas que me sucedían , escuchando  mis propias emociones y a transformarlas poco a poco, para así, transformar  la realidad.&lt;br /&gt;Se que esto resulta difícil de comprender y hasta produce una sensación de incomodidad, ¿cómo  dejar de ser  personas racionales, que deciden en función de las conveniencias e intereses? Este  ha sido mi desafío desde  entonces y siempre que  he tenido que elegir y decidir, me he propuesto tenerlo muy presente.&lt;br /&gt;Casi como si se tratara de la primera vez,   me encuentro mirando mis opciones frente a frente y eligiendo solo aquello que imagino me hará sentir bien. &lt;br /&gt;Casualmente, me he sentido muy feliz al hacerlo y tengo la certeza de que han sido las correctas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;XVIII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pasos siguientes en el tratamiento habían estado muy claros desde el comienzo, luego de la operación era necesario realizar dos ciclos más de quimioterapia .  Había transcurrido más de un mes desde entonces y la movilidad del brazo era muy buena, los análisis revelaban  un cuadro clínico inmejorable y sin dudas, los cambios en la alimentación habían  rendido sus frutos. &lt;br /&gt;Desde el inicio, Otto me había tratado de convencer  de los beneficios de la dieta macrobiótica, la cual me resultaba francamente difícil de poner en práctica. No podía resignar los  litros de café que me devoraba a diario, pero había comenzado a equilibrar la ingesta de algunos alimentos, incorporando cereales y legumbres a cada comida y  reemplazando la carne y el pollo  por otros nutrientes. En ese entonces  sostenía  lo complicado de llevar  a cabo una dieta  totalmente macrobiótica , en principio por el aspecto  social, que me remitía a transformarme en un bicho raro que  buscaba en los menúes algo que pudiera comer y se tratara de productos naturales , “sin prana negativa“, como sostiene  mi amiga Bettina. Luego de la operación, dejé automáticamente , de comer “cosas con ojos”, frente a las risas de quienes me rodeaban y  la perplejidad de quienes conocen  mi devoción por los dulces y chocolates . Curiosamente ,  me sentí  mucho mejor.&lt;br /&gt;Casi sin quererlo, Bettina comenzó a  aparecer en mi vida como un guía espiritual , mientras se encontraba realizando su propia búsqueda interior, con mucho dolor y mucho crecimiento. Siempre había estado presente, desde el principio, siempre habíamos hablado y manteníamos una suerte de empatía  sobre algunas cuestiones que nos resultaban muy básicas. Sin proponérnoslo,  habíamos llegado a construir una especie de comunión  muy fuerte de emociones, ideas y pensamientos. Ocasionalmente, habíamos intercambiado libros, pero  claramente, ella aparecía ante mí con muchos mensajes que yo recién ahora podía  comenzar a interpretar.&lt;br /&gt;En su propia búsqueda interior, se había acercado a  una Fundación denominada “El arte de vivir”, y era  asidua concurrente de los miércoles para respirar , en los cuales se reunían unas cuantas personas  para poner en práctica las nociones  más elementales, sobre  como respirar  de una manera más completa, logrando una  oxigenación profunda de todo el organismo. Cada una de las cosas que ella aprendía  venían a mí como una respuesta a algo que estaba necesitando, con  un halo de  “ extraña casualidad” rondando alrededor.&lt;br /&gt;Uno de los primeros libros que me acerca es “El secreto”, de Rhonda Byrne, que se transformó en un compañero inseparable de mis ratos de ocio, por entonces   bastantes frecuentes.&lt;br /&gt;Cuando comencé  a leerlo , sencillamente me fasciné  por lo que estaba encerrado entre sus  páginas y  me lo devoré  de manera casi instantánea, tratando de poner en práctica algunas cuestiones  que , mi mente racional y escéptica, me marcaban como  imposibles de lograr. Sin embargo, no eran tales , y la famosa “Ley de atracción”, comenzó a fluir , como si nada pudiera  detenerla.&lt;br /&gt;Según esta ley, somos plenamente capaces de lograr aquellas cosas que nos proponemos desde lo más profundo de nuestro ser, ya que al formularlas como deseo estamos poniendo en marcha  un complejo engranaje de sutiles movimientos que nos llevan hacia aquello que nos proponemos.&lt;br /&gt;A lo largo de  nuestra historia, habíamos vivido con Gus, infinidad de situaciones  que  nos habían demostrado que la Ley de atracción es tan real y tangible como  cada una de las cosas que nos rodeaban. Habíamos logrado superar obstáculos   prácticamente insalvables, habíamos conseguido cosas que  resultaban imposibles y algunas soluciones  habían aparecido como por arte de magia en nuestro camino. Sin lugar a dudas, el estar convencidos de lograr un objetivo, y de que el mismo es posible y real, había  determinado que no  bajáramos los brazos  ni detuviéramos la rueda  que el universo había comenzado a  girar para satisfacernos.&lt;br /&gt;He conocido gente que ha tratado de formularse sistemáticamente el deseo, aquello que desea lograr, sin éxito, pero también los he visto moverse  como si conseguirlo fuera francamente imposible.&lt;br /&gt;Yo  comencé  a  formularme cada mañana  mis propósitos  diarios, pequeños, acotados  y concretos, casi  absolutamente accesibles. Al final del día  los revisaba y  descubría absorta que   todos ellos se habían cumplido, casi naturalmente. &lt;br /&gt;En ese formular  cotidiano, había logrado interpretar que debía  formularlos  no desde la carencia sino como si los mismos estuvieran cumplidos. Pero también , había aprendido a agradecer  en silencio  todas  cada una de las cosas  buenas que me sucedían a diario.&lt;br /&gt;Alguna vez había escuchado “no te vayas a dormir, sin aprender algo nuevo”  y lo había interpretado como   la importancia de  acumular algún  dato nuevo, de realizar un  descubrimiento, de interpretar las cosas  que nos rodeaban y sacar una conclusión profunda  e ingeniosa. Sin embargo, todo me estaba pareciendo más simple, la lección  era sencilla, irse a la cama y revisar  mentalmente lo que uno había dado   al mundo y lo que había recibido de él.&lt;br /&gt;¿Cuántas veces , después de un  agotador día, en el cual corrimos  sin parar por cumplir con nuestras obligaciones  y   dejar  satisfechos a quienes nos rodean, nos detuvimos a pensar  en ese día?  Francamente, siempre  había sido para mí una tarea  difícil y cuando me detenía  a  pensar sobre  las cosas que me habían sucedido, encontraba la manera más sencilla de resolverlas, que era la de  encontrar  culpables para lo que yo misma no había podido lograr , en el mejor de los casos , o castigarme por las que sentenciaba eran mis propias culpas, lo que no había hecho, lo que no había logrado, lo que no había resultado. Allí estaba una y otra vez mi autoexigencia presente, la misma que ahora empezaba a diluirse, como por arte de magia.&lt;br /&gt;Cuando  comencé a realizar  este ejercicio, me encontré  en múltiples situaciones , donde  había podido  resolver  cuestiones que se me antojaban muy difíciles,  pero también me descubrí en  el sinnúmero de cosas que  podía agradecer de mi día.&lt;br /&gt;Mis deseos eran  sencillos y muy básicos, quería estar  curada, pero no podía formularlo desde  la ausencia de salud,  por lo tanto lo hacía desde la presencia de  movimiento y energía. Me repetía una y otra vez que  deseaba sentirme  sana, ágil y dinámica, que el estudio que debía realizar  , sería rápido y sencillo, y así con cada una de las cosas que debía enfrentar.&lt;br /&gt;Sin  lugar a dudas, luego de formularlos, me ponía en marcha y no me detenía a quejarme de mi mala  suerte, mientras encendía el televisor. Al finaL  del día, allí estaban para  sencillamente agradecerlos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-8560834614544917668?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/8560834614544917668/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=8560834614544917668&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/8560834614544917668'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/8560834614544917668'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/07/del-cancer-la-transformacion-parte-xvi.html' title='Del cáncer a la transformación - Parte XVI - XVII - XVIII'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-5229763762877929508</id><published>2009-07-23T16:12:00.000-07:00</published><updated>2009-07-23T16:14:01.152-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mastectomía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mudanza'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cáncer de mama'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='quimioterapia'/><title type='text'>Del cáncer a la transformación- Parte XV -</title><content type='html'>XV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos meses habían transcurrido de una manera  vertiginosa, entre el diagnóstico, el ir y venir por el hospital detrás de algún estudio o algún médico y  más tarde las visitas cada tres semanas para realizar las aplicaciones de quimioterapia  me habían dejado exhausta y con la sensación de que el tiempo transcurrido se contaba con muchísima  más lentitud que la habitual. Allí estábamos, llegando a fin de año y habiendo construido algunas certezas acerca  del cáncer y las posibilidades de recuperación. Estas   se iban incrementando cada vez más, la respuesta al tratamiento resultaba  muy buena y  me encontraba lista para poder enfrentar una operación que desde el comienzo se había presentado como difícil de llevar a cabo. La fecha era incierta ya que dependía de la respuesta clínica de  mi cuerpo, pero habíamos  establecido un  acuerdo con el cirujano para llevarla a cabo los primeros días de enero.&lt;br /&gt;En principio,  me surgían preguntas sobre la misma, muchas de las cuales no tendrían respuesta sino hasta que  la misma ocurriera. No podía adivinar  de ningún modo  cuáles iban a ser mis sentimientos, ni como iba a  sentirme respecto de mi nueva imagen corporal, ya sin mi mama izquierda y libre del tumor, iba a tener un tiempo de drenajes que era incierto y se anticipaba bastante incómodo, para luego dar  paso a una recuperación progresiva de la movilidad del brazo.&lt;br /&gt;El médico respondía pacientemente a cada una de mis preguntas, sin dar más información que la que yo iba solicitando. Mis dudas surgían poco a poco, y cada vez que una de ellas se despejaba,  aparecía otra y otra y así sucesivamente. Con su manera entre protectora y bonachona había podido decirme  las cosas  más duras, sin entrar en eufemismos  ni realidades  diluidas. Pero también lo había escuchado expresar alguna vez “no tengo dudas que vas a salir adelante, sos un torito…”, mientras me tomaba de la mano. &lt;br /&gt;Entonces no estaba segura  de todo lo que eso implicaba, pero creo que  él estaba mucho más convencido de algunas de mis   capacidades  de lo que yo podía llegar a  estarlo en ese momento. Me había visto   enfrentar la enfermedad y el tratamiento hacía cinco años,  sabía que tenía una  paciente dispuesta a no bajar los brazos y a su manera,   se encontraba jugando lo que nosotros comenzamos  a llamar “una partida de  ajedrez”. Cada movimiento parecía minuciosamente medido  y estudiado  al tiempo que parecía realizar un análisis  muy detallado de todas las respuestas de mi cuerpo,  para delinear  el paso siguiente, o en su defecto, la siguiente jugada.&lt;br /&gt;Así me encontró diciembre,  haciéndome preguntas, preparándome para una operación  y organizando una mudanza  que habíamos decidido ya varios meses atrás, sin siquiera imaginar   todo lo que después ocurriría en nuestras vidas.&lt;br /&gt;Hacía  bastante tiempo habíamos tomado la decisión de encarar el proyecto de  cambiar de casa, como tantas veces lo habíamos hecho en estos años juntos , así, provocando  la desesperación de quienes nos rodeaban y se limitaban a decir  entre  sonrisas: “¿otra vez?” &lt;br /&gt;En nuestra historia  como familia  habíamos atravesado muchas mudanzas, tantas,  que  mi sobrina, había  aprendido el concepto de nómades  y nos comparaba con las tribus que iban y venían con su toldería. &lt;br /&gt;Sin embargo, cada uno de  estos cambios  había resultado enriquecedor y lo habíamos vivido como una situación   de crecimiento , defendiendo  el concepto de que las paredes  acompañaban  los cambios  de la familia a través de los años, convirtiéndose en  una suerte de telón  donde transcurrían  todos los momentos. Nuestra pregunta siempre había sido “¿qué necesitamos para vivir?”, la respuesta era simple y sencilla y nunca la habíamos encontrada atada a nada que fuera tangible y que pudiera ubicarse en alguna dirección geográfica.&lt;br /&gt;En esta ocasión, nos íbamos a trasladar  durante un tiempo bastante prolongado a la casa de mi papá, para  construir nuestra  futura casa y esto no dejaba de resultarnos un enorme desafío.&lt;br /&gt;Hacía unos meses  nos habíamos encontrado frente a esta necesidad  y la habíamos discutido largamente en pareja, en familia y en soledad, buscando alternativas, que nos resultaran menos dolorosas. Cada uno de nosotros  tenía miles de razones para no hacerlo, creo que principalmente porque nos costaba desprendernos de un lugar  donde  habíamos vivido tantas  cosas y de una manera tan intensa. Por primera vez , sentíamos esas paredes  casi como una parte  de nuestras vidas, habíamos hecho nuestro  ese pedacito de jardín  que se asomaba  al fondo de la casa, habíamos  desayunado  largamente los domingos  con el sol sobre nuestras cabezas, nos habíamos  reído en la pileta jugando como chicos, habíamos tenido cenas románticas, luz de velas  y extensas  jornadas con  música y adolescentes, había habido cumpleaños y amigos festejando de todas las edades, había  habido asados y sobremesas en familia, sin dudas, habíamos construido  una  historia.&lt;br /&gt;Aceptamos el desafío y decidimos poner manos a la obra para  organizarnos con tiempo, dedicándonos a  embalar  con  paciencia y mucha dedicación  aquellas  cosas que deseábamos conservar y que  debían permanecer guardadas por  un período que se nos hacía eterno. De muchas otras  tuvimos que desprendernos poco a poco y con algún dolor.&lt;br /&gt;En ese momento  agradecí haber   sido  la mujer obsesiva que prolijamente separó, guardó, regaló y embaló  todo lo que iba encontrando a su paso  con más tiempo  del necesario, ya que  no hubiera podido hacerlo  más tarde.&lt;br /&gt;Sin embargo, a pesar de  haber repetido el procedimiento  innumerables veces  en  tantos   años  de vida juntos, quizás este fue el proceso  más costoso  emocionalmente, ya que había cosas que no podía    guardar en  cajitas, por diminutas que fueran, ni las podía encerrar en una mirada  para no olvidarlas jamás. Esas, se habían transformado en las verdaderamente importantes.&lt;br /&gt;Hace mucho tiempo y no recuerdo dónde, había escuchado a alguien hablar de un sistema  para seleccionar lo importante de conservar de aquello  que nos  resulta prescindible. El sistema implicaba separar en tres cajas  las cosas que íbamos encontrando en el proceso. En una de las cajas,  debían ir las cosas de las que  definitivamente  estábamos seguros que queríamos desprendernos. En otra caja, las que  deseábamos conservar  y que bajo ningún concepto   nos permitíamos  dejar. Finalmente, en una tercera  iban las que no tenían destino, las dudosas, las que nos hacían confundir hasta no poder  optar por  tomarlas o dejarlas ir. Al poco tiempo, uno debe  tomar esta tercera caja y recomenzar la tarea, hasta que  todo   encuentre su lugar.&lt;br /&gt;Adopté este sistema como propio y  me desprendí de aquellas cosas  que  realmente no deseaba conservar en  mi vida y que no  sabía por qué razón seguía llevando conmigo a todos lados. A otras, las guardé  con mucho amor   para llevarlas adonde fuera, aunque se tratara  de un pequeño papel con una dedicatoria, un libro  viejo o una foto. &lt;br /&gt;Cuando terminamos de guardar, me sorprendió darme cuenta que  las cosas verdaderas, aquellas  que se iban trasladando conmigo  a todas partes, podían ser las menos valiosas  para los ojos de  los demás, y esas, eran las únicas que  yo realmente necesitaba.&lt;br /&gt;Acostumbrarme a  vivir  con  mi papá no resultó sencillo, pero me permitió reencontrarme  con  muchas partes de una historia que no conocía, aunque fuera la mía. Esa  historia  estaba cargada de  gestos, de desencuentros, de respuestas erradas, de actitudes  esquivas y de olvidos significativos, que habían estado allí  esperando que  yo los recogiera uno a uno, para enhebrarlos y  darles un sentido.&lt;br /&gt;En su casa tuvimos que  armar un espacio propio, y transformarlo en “nuestro”, con señales propias guardadas en un simple portarretratos, en una taza de café del juego  de la cocina o en  la textura de nuestras propias  sábanas. Así de simple y así de maravillosamente complejo.&lt;br /&gt;El final del año nos encontró derribando  una casa, pero no cualquier casa, sino “la nuestra” ,   para  construir  poco a poco las bases de otra, que estaría allí esperando con sus  propias paredes las nuevas historias que iríamos a vivir. Este iba a ser un proceso lento y trabajoso, seguramente con avances y retrocesos, dónde iban a existir momentos de crisis y de los otros, pero era un proceso necesario  y nos iba a llevar un tiempo.&lt;br /&gt;Todo parecía tan confuso y extraño y sin embargo, tan similar a  lo que sucedía en mi interior. El  cáncer había llegado a mi vida poniendo todo “patas para arriba”, haciéndome cuestionar  cada una de las cosas que me rodeaban  hasta el punto de reencontrarme con mi propia esencia, mi propio yo perdido y abandonado y con todo aquello que había elegido  no saber a lo largo de mi vida, porque simplemente no me atrevía a ponerlo sobre la mesa. Había cosas por abandonar que siempre había llevado conmigo, había cosas por derribar y cosas  por construir, pero también había un futuro esperando mis sueños una vez más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-5229763762877929508?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/5229763762877929508/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=5229763762877929508&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/5229763762877929508'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/5229763762877929508'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/07/del-cancer-la-transformacion-parte-xv.html' title='Del cáncer a la transformación- Parte XV -'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-1205227374701218254</id><published>2009-07-14T16:25:00.000-07:00</published><updated>2009-07-14T16:29:45.474-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cáncer de mama'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='meditación'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='quimioterapia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='acupuntura'/><title type='text'>Del cáncer a la transformación -Parte XIV -</title><content type='html'>XIV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   El tratamiento se había   incorporado a mi vida con una naturalidad  sorprendente, había podido acomodar los horarios para  seguir haciendo las clases de yoga de manera de tener cierta continuidad y mis citas de los martes con la psicóloga se  habían convertido en algo más que necesarias.&lt;br /&gt;   A la siguiente visita con  el patólogo mamario, parecía  este muy asombrado de cómo había respondido mi cuerpo al primer ciclo, de modo que llamó a otro médico para   corroborarlo.-“Yo no palpo tumor”, le escuchamos  decir.-“a veces  no hay respuesta al tratamiento”. Por mi parte, estaba convencida que no se trataba  sólo de las drogas  que habían logrado un efecto asombroso, sino que  mi concepción llegaba  bastante más lejos, había decidido no ignorar  más mis necesidades emocionales y estaba decidida  a poner el tratamiento de mi lado.&lt;br /&gt;  Las siguientes quimioterapias, los ciclos ocurrían cada veintiún días, fueron distintas a la primera. En ese entonces  Sara, mi suegra,  se convirtió en mi compañera incondicional durante las horas que debía  estar  en el hospital. Pero no se trataba solo de  hacerme compañía pacientemente, sino que fuimos transformando  esos encuentros en  un espacio divertido y  ameno. Cada vez, nos íbamos provistas de libros y claringrillas y establecíamos una  suerte de competencia, para resolverlas. A veces nos permitíamos  usar el diccionario, en otras  nos cambiábamos palabras como si fueran figuritas difíciles. Más tarde armábamos un  partido de burako sobre una  bandeja y nos pedíamos revancha, tan solo para disfrutar de otro  más a continuación. Solíamos conversar animadamente  con nuestras ocasionales vecinas, compartir lecturas y algún que otro partido de cartas.&lt;br /&gt;  En algunas ocasiones hasta recibíamos los retos  de  Roberto, el enfermero,  cuando levantábamos   demasiado la voz o nos reíamos. Sin dudas, era la compañía que me hacía falta  para terminar de transformar esos momentos. Me sentía cuidada, querida y protegida por primera vez, de la manera especial y única en que  una mamá  sabe hacerlo. Ella estaba ahí,  como no suelen estar las suegras, tan solo porque  así lo sentía, sosteniéndome la mano para no sentir el pinchazo, jugando como si estuviéramos en la playa una tarde de verano, leyendo revistas de chimentos, conversando, diciendo presente.&lt;br /&gt;  En una de estas sesiones de quimio, debía realizar cuatro  antes de la operación, conocí a Claudia .Ella estaba junto a su mamá  esperando  recibir su ciclo de drogas a un par de sillones  del que yo me había ubicado. Era un día  especial, me sentía muy segura y hablaba de las terapias de centros de energía y la meditación con otras dos  pacientes. Una de ellas estaba recibiendo  su primer ciclo y la otra  estaba  perdiendo su cabello. Casi sin quererlo me encontré  charlando animadamente y transmitiendo  mi  energía contagiosa a ambas, pasándonos los teléfonos y recomendando el lugar  donde  yo iba a hacer yoga. Claudia  y su mamá se incorporaron a la charla, ya que uno de los profesores de la escuela de yoga había resultado casualmente ser su padre.    A partir de allí nos pasamos las siguientes  cuatro horas conversando  juntas  de las coincidencias de la vida, de nuestros tumores y de nuestras  familias. Ella había pasado  por  el mismo tipo de diagnóstico y ya había sido operada, ahora estaba realizando  su último ciclo  de drogas y se había convertido en una experta ante mis ojos. Teníamos la misma edad, su hija mayor había ido al colegio donde yo era maestra,  conocía  la terapia de centros de energía  y  se había  vuelto  macrobiótica. Ese día Claudia  me contó con detalles como había sido su operación, así como también los cuidados que había tenido que tener después  con los drenajes  y cómo había ido recuperando  los movimientos del brazo poco a poco. Esas eran  las preguntas que rondaban en mi cabeza, desde hacía unos días, y ella parecía estar allí para  responderlas, tal como yo  había estado  hacía unos momentos, compartiendo  mis  humildes  seguridades  con quienes recién comenzaban en este proceso. &lt;br /&gt;Nuestras casualidades   parecían habernos encontrado una vez más, allí sentadas frente a frente, casi como  si fuéramos dos personajes  de “La Novena Revelación” de James Redfield, el encuentro se había producido porque teníamos  algo que darnos  mutuamente.&lt;br /&gt;Ese día conocí a través  de ellas a  quien después se incorporaría a mi vida, para multiplicar  mi energía de una manera asombrosa. Nos despedimos con un beso y prometiéndonos mantenernos en contacto. Yo llevaba además un número de teléfono anotado en la revista  que había estado leyendo y la recomendación de contactar a Otto, así se llamaba su padre, para realizar una sesión de  acupuntura  al día siguiente.&lt;br /&gt;Hasta ese momento me  encontraba  totalmente entregada a la medicina tradicional, confiando ciegamente  en los médicos que me atendían. Entonces ¿por qué no intentar  ver de qué se trataba  esto de lo que tan maravillosamente  me había hablado Claudia y su mamá? &lt;br /&gt;Así fue como llegué  a su consultorio  al día siguiente, cargada de escepticismo y  de una gran cuota de racionalidad, dispuesta a no dejarme pinchar  si  no me sentía segura  del procedimiento.&lt;br /&gt;Otto se dedicó a explicarme pacientemente todo lo que yo deseaba saber acerca de la medicina china, la acupuntura y la increíble  forma en que estas  agujas  actuaban como  pequeñas antenitas para recibir la energía  del universo. &lt;br /&gt;Sin embargo, hizo bastante  más  que explicar detalladamente. Poco a poco fue   construyendo   un espacio de confianza  que  transformó mis  temores iniciales en  las ganas de intentar  saber qué efecto tendría la acupuntura en mi cuerpo.&lt;br /&gt;Después de esa primera sesión, que en efecto me había resultado absolutamente indolora, no sentí el cansancio habitual de la quimioterapia ni  me vi afectada por la baja de defensas. En todo caso, había sentido sí,  muchísima energía y vitalidad, de una manera inusual.&lt;br /&gt;Comencé  a ser usuaria habitual de la acupuntura y a mantener  extensas charlas con Otto, cada vez con más preguntas y apasionándome por una filosofía de vida que hasta entonces no conocía en profundidad.&lt;br /&gt;Muchas de las cosas que escuchaba en su consultorio me resultaban totalmente  novedosas y algunas pocas, vagamente familiares. De pronto me encontraba  descubriendo que  las agujas  no se colocaban  en cualquier parte del cuerpo, sino en aquellos  lugares que  actuaban como puntos de energía y desde allí  iba a trabajar para recuperar  el equilibrio perdido. Palabras que había escuchado antes desde otros saberes, pero que en definitiva   hablaban de lo mismo,  de desarreglos internos  que venían de mucho tiempo atrás.&lt;br /&gt;El yin y el yang habían estado desde siempre, allí como el  día y la noche, imposibles de separar y de concebirse uno sin el otro. En mi caso  la desarmonía  entre ambos me había llevado a enfermarme y a  obstruir la energía  que circulaba  por mi cuerpo.&lt;br /&gt;Recuerdo escuchar las historias de Otto acerca  del equilibrio y la energía, como quien se relaja y se entrega al sueño acunado por un cuento, mezclando fascinación con racionalidad. Para la medicina china el hombre es parte del   cosmos, casi como una pieza  diminuta de un engranaje, que necesita   equilibrarse para sanar. Casi mágicamente  había encontrado las ideas que me faltaban  para comprender todo el proceso  que estaba  colaborando  en mi curación. Allí estaba la energía  que me rodeaba, la que había recibido  de personas tan  distintas y tan lejanas, la que viajaba conmigo, la que se   movía cuando  bailaba en la escuela de yoga   al ritmo de los tambores africanos, la que  resurgía cada vez que  me alejaba para meditar.&lt;br /&gt;En esa época de búsqueda intensa, me encontré con una frase que me conmovió: “La vida del hombre es resultado de la concentración de energía, si la energía se concentra aparece la vida, si la energía se dispersa viene la muerte”  . &lt;br /&gt;Así  comienza la vida del hombre, en un  acto de amor donde se concentra la  energía y así se va apagando, simple y sencillamente, cuando la energía comienza a perderse   para volver a unirse al universo.&lt;br /&gt;No podía dejar de pensar que todo había estado interrelacionado desde el principio  y casualmente allí estaba ahora  para que yo lo fuera encontrando a medida que pudiera comprenderlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-1205227374701218254?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/1205227374701218254/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=1205227374701218254&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/1205227374701218254'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/1205227374701218254'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/07/del-cancer-la-transformacion-parte-xiv.html' title='Del cáncer a la transformación -Parte XIV -'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-5105980783711031264</id><published>2009-07-06T09:12:00.000-07:00</published><updated>2009-07-06T09:13:18.963-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diagnóstico de cáncer'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pérdida de pelo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='quimioterapia'/><title type='text'>Del cáncer a la transformación -  Parte XIII -</title><content type='html'>XIII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas rutinas se habían ido incorporando a mi vida casi sin darme cuenta y otras, claramente, se habían ido diluyendo poco a poco. Por primera vez en mucho tiempo me sentía verdaderamente vital y llena de energía. &lt;br /&gt;Mis mañanas se habían transformado en un  caminar y caminar, haciendo ejercicio, pero a la vez recargando la energía, después detenerme a leer y  comer algo; quizás ir al cine a ver el montón de películas atrasadas  que siempre había dejado para después, mientras me despatarraba en una sala vacía a media tarde.&lt;br /&gt;De  manera muy  progresiva había comenzado a disfrutar de mis momentos de “meditación”, ya no sólo los buscaba  sino que ahora los había empezado a necesitar. Los ejercicios  del libro me resultaban   más sencillos  de llevar a cabo  y las visualizaciones  se habían ido transformando. Las imágenes eran cada vez más claras y me transmitían mucha paz y seguridad. La montaña de huevas grisáceas y gelatinosas que   representaban mi cáncer, se iba  diluyendo cada vez  más rápidamente  y mis leucocitos se multiplicaban hasta transformarse en millones a mi alrededor. Luego imaginaba  mis metas, tan  reales, tan posibles, tan cercanas, me veía feliz y disfrutando de la vida. Poco a poco se había ido diluyendo  la desesperanza que había sentido al recibir el diagnóstico y a pesar de que me encontraba en  pleno tratamiento y  me quedaban muchos meses por delante,  visualizaba a mis células cada vez más débiles  y a mi tratamiento cada vez más poderoso.&lt;br /&gt;Hacía exactamente dos semanas había recibido la primer  aplicación de quimio  y  habíamos planificado con Gus una escapada de fin de semana, antes de  tener el segundo ciclo. Pensábamos aprovechar ese tiempo para   descansar,  juntar energías, comer bien y reencontrarnos, así,  como un paréntesis.&lt;br /&gt;Esa mañana de jueves, después de bañarme, comencé a despedirme de  mis rulos,  medio rubios, medio castaños, los mismos que habían crecido conmigo, los que costaba desenredar  con mucha paciencia desde siempre. Esos que se resistían a quedarse en su lugar y que de chica solo podían peinar las manos de mi tía Betty.&lt;br /&gt;Me había imaginado muchas veces  cómo podría llegar a ser el momento en que esto sucediera, ¿se irían cayendo  de a  poco o por mechones? ¿Cuánto duraría días, semanas, meses? ¿Cómo me  iba a sentir  cuando  esto sucediera?  No podía saber las respuestas  hasta este momento, cuando me encontré que  ya no podría desenredar mi cabello porque cada vez que pasaba el peine se iba un mechón entero, así, sin  dudarlo, largo y con un rulo enmarañado cayendo al piso de mi baño.&lt;br /&gt;Me miré al espejo y entonces como me había pasado casi siempre en estos cuarenta años, cuando aparecía una situación difícil que  me asustaba, en lugar de paralizarme,  di el primer paso para enfrentarla. Sin dudarlo, miré mis rulos sexies   y tomé una tijera decidida a dejarlos  ir, junto a todas esas cosas  que tenía que abandonar; así, de una vez y para siempre, se fueron con mi mochila de  culpas y dolores, con mis historias atravesadas , con mis culpas, dejando lugar a una cabellera cortita que  duraría tan solo un día más.&lt;br /&gt;Me miré al espejo y me gustó esa imagen  de mujer  segura .Fue ahí cuando decidí que después  del tratamiento iba a tener un  corte  loco, desflecado, que iba a jugar con el color y quizás  con mechas largas entremezcladas.&lt;br /&gt;Allí estaba yo, mirando mi nueva imagen al espejo y decidiendo terminar con la tarea comenzada el día anterior. Fue así como llegué a  rasurar toda mi cabeza, sin preámbulos, sin llantos, sin dudas, despidiendo una  etapa  y jugando con la siguiente.&lt;br /&gt;Allí estaban mis ojos mirándome desde la imagen reflejada en el espejo, tratando de asimilar los cambios, recorriendo de arriba hacia abajo, observando cada pliegue del cuero cabelludo, cada marca. Parecía un mapa de mi vida, algún corte de chica que había olvidado , las arrugas en los ojos salidas de cada risa compartida, mi entrecejo fruncido y duro, que estaba comenzando aflojarse. Estaban todas mis señales, todos mis momentos  en cada una de ellos y este era una más, para recordarme un nuevo aprendizaje.&lt;br /&gt;El paso siguiente era maquillar mis ojos con cuidado,  buscar  una de las pelucas y  comenzar a   hacernos amigas, hasta poder ir juntas con comodidad por  la vida.&lt;br /&gt;Al principio mi pelada  había estado reservada  a la mirada de Gus, que  decía que me resaltaba más los ojos, que mi cabeza era muy parejita y que le parecía  también muy sexy. &lt;br /&gt;Solía maquillarme y salir de mi habitación  con la peluca puesta, tratando de proteger a los demás de ver el primer  signo  visible de la quimioterapia en mi cuerpo.&lt;br /&gt;Sin embargo, a los pocos  días fui a una  clase de yoga  con mi peluca y al poco rato  de comenzar, sentí que había cometido un terrible error. Me sentía incómoda y pendiente  de no perderla en cada movimiento, no podía bailar ni moverme,  sentí que  no había podido  disfrutar  de la clase y  que había estado muy tensa todo el tiempo. Al finalizar, la profesora me preguntó cómo me había sentido y yo le comenté  que estaba usando  peluca  y que esto  no me había permitido  sentirme del todo bien, explicándome  como si  pidiera disculpas. Alrededor  había un par de compañeras que con absoluta   franqueza  se incorporaron a la conversación y me dijeron: - “este es tu espacio, sentite libre”. &lt;br /&gt;Ese era mi espacio, al igual que el de mi casa y  tenía que empezar a sentirme  a gusto con este cambio, no taparlo y esconderlo  de la mirada de los otros, la que siempre  había estado allí.&lt;br /&gt;Sin saberlo, me estaba yendo de la clase con algo más que energía, la misma que ese día no había  fluido .Habían pasado otras cosas en mi interior, había podido  escuchar con el corazón la frase “sentite libre”  y había decidido  que deseaba sentirme así.&lt;br /&gt;En esos días  había caído mi cabello de una vez, pero también había logrado verme diferente, comprendí que nada hubiera podido ser de otra manera, al menos no para mí.&lt;br /&gt;En el transcurso del tratamiento  me encontré con muchas mujeres en mi misma situación, pero cada una llevaba este cambio  de manera  tan distinta que hacía pensar que en realidad era más una huella de identidad, que otra cosa. Conocí mujeres que persistían en un cabello  escaso y muy ralo, como tratando de no desprenderse    de  lo poco que les quedaba  de su vida anterior. Conocí otras que llevaban  su pelada  con un aire tan seductor y libre, que hacía pensar que la vida se había transformado en un desafío. Las conocí hablando de las conquistas  por venir, de las pérdidas sufridas, de los aprendizajes  logrados, de los descubrimientos, de los dolores permanentes, de los  hombres que  se iban asustados y de los que llegaban  para quedarse, de los hijos  que se alejaban y de los que  se acercaban, de los amigos que desaparecían  y de los que gritaban  presente. Mujeres  viviendo el cáncer  como viven la vida, algunas entregadas  y aceptando, otras enfrentando y peleando, algunas tan sólo esperando mientras otras creíamos que se trataba de una nueva oportunidad que nos regalaba la vida para crecer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-5105980783711031264?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/5105980783711031264/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=5105980783711031264&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/5105980783711031264'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/5105980783711031264'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/07/del-cancer-la-transformacion-parte-xiii.html' title='Del cáncer a la transformación -  Parte XIII -'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-7350835298346375228</id><published>2009-06-29T10:17:00.000-07:00</published><updated>2009-07-05T08:01:17.102-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='autoconocimiento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='simonton'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cáncer de mama'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='quimioterapia'/><title type='text'>Amo la Vida - Parte XII -</title><content type='html'>XII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primera  experiencia con la quimioterapia había pasado dejando sus huellas, pero no tanto las  visibles para el control médico, sino aquellas otras, las que nadie podía  intuir, las  internas. Mis propias huellas internas estaban allí para ser revisadas y no mirar  para otro lado, para hacerles frente y buscarles un sentido, ¿de dónde habían surgido?  ¿Cómo habían llegado a mí?&lt;br /&gt;La terapia  se había transformado en una necesidad, un espacio verdaderamente mío para detenerme a pensar. Me encontraba  una vez por semana con millones de emociones peleándose por salir en palabras, empujándose unas a otras, queriendo  tener mi atención repentina y obligándome  a hacerme cargo. Era el tiempo de ir y venir al pasado, de hablar del cáncer, de los por qué, de los duelos no resueltos, del  dolor que siempre había estado, de todos los  miedos que venía arrastrando  hacia tantos  años…&lt;br /&gt;Al principio, llegaba con una mochila de historias  que sentía fundamentales .Prolijamente las iba  hilvanando unas con otras, con bastante poco de asociación libre y mucho  de ansiedad. Allí estaba yo, de cara a mi historia, tratando de recordar. ¿Por qué me costaba tanto  hacerlo? ¿Por qué  no encontraba  mis recuerdos dónde siempre habían estado?&lt;br /&gt;Mi terapeuta  me llevaba pacientemente sobre un camino que no conocía, allí donde tenía que empezar a  buscar las respuestas que necesitaba. Tenía mucho  resentimiento guardado dentro, mucha tristeza escondida pacientemente año tras año, muchas ausencias y mucha culpa por  no haber podido  revisarlas a tiempo.&lt;br /&gt;A medida que avanzaba en la terapia,  mis corazas, las mismas que me habían protegido  tanto tiempo, se fueron derrumbando una a una. Mis dolores comenzaron a emerger , como quien busca un resquicio  de aire  para respirar.&lt;br /&gt;Casi sin proponérmelo, comenzó a surgir una persona más real, más concreta, más humana, que abrió los ojos  para mirar a quienes tenía a su alrededor, a los que habían estado allí siempre desde el principio  mismo de su vida. &lt;br /&gt;Este mirar era distinto, casi como  una primera vez. Me llevaba por senderos  que se abrían infinitamente y en donde yo jugaba a entrar y salir  buscando nombres. De pronto me acordé de un cuento que hacía bastante tiempo había inventado para mis alumnos, nunca había logrado comprender porque  les  resultaba tan fascinante .En esa historia, el protagonista  se despierta una mañana y no recuerda  los nombres de las cosas , ni siquiera el suyo propio. Comienza entonces, a recorrer distintos pasajes  buscando pistas que le permitieran adivinarlos, buscando relaciones por ínfimas que sean entre las cosas que lo rodeaban, andando y andando distintas aventuras.&lt;br /&gt;Hacia unos años había leído “La misteriosa Llama de la Reina Loana”, un bellísimo texto de Humberto Eco, que versaba sobre la historia de un hombre que  se despierta una mañana sin poder recordar nada sobre su vida, su trabajo, sus gustos, sus emociones. Para  comenzar poco a poco a reconstruir su memoria, se sumerge en la que había sido la casa de su infancia, por iniciativa de su esposa, y comienza  a encontrarse con sus recuerdos, “viendo su propia vida como si acabara de inaugurarla” .&lt;br /&gt;Sin quererlo, mi historia parecía estas historias, tan simple una, tan bellamente creada, la otra, pero en el medio atravesándolas, la necesidad de volver al punto de partida  a mirar la propia vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa necesidad de inaugurar mi vida me había llevado a  buscar   mi  nombre, casi temerosa de su significado. Allí donde había sido encontrado por  mi mamá hacía tantos años, cuando mi vida era solo un sueño. Retrataba de una película argentino, de fines de la década del 50, llamada “El último Perro”. Yo sólo sabía que alguna vez me había manifestado lo fascinante que le había resultado el personaje de “La María Fabiana”. En este momento no tenía a  mi mamá, para  preguntarle por qué lo había soñado así, que parte de esa mujer la había atrapado tanto como para pensar en llamarme de esa manera. Tenía sí,  un papá que poco recordaba el  hecho y las circunstancias de la elección de mi nombre. &lt;br /&gt;Allí estaba mi buscador señalando la película imposible de encontrar en algún lugar de la web, una breve reseña, los actores, el nombre, hasta llegar a abrir una ventana diminuta.&lt;br /&gt;Así me encontré con “la María Fabiana” que había  movido la fantasía de mi mamá, mi única pista  más o menos tangible para comenzar a pensar.&lt;br /&gt;Allí estaba ella, una mujer sensual, temperamental, que había tenido que endurecer su carácter para sobrevivir en el campo los ataques salvajes de los indios, viviendo de manera precaria y trabajando de incansablemente. Su dureza era penetrante y destilaba sin embargo una sensualidad inquebrantable que por momentos la volvía casi humana y hasta maternal. Sin duda sufrida, solitaria y guerrera, ¿así me habría soñado o así se imaginaba la vida mi mamá?. Ya no lo sabría, no iba a encontrar esa respuesta nunca más, pero sin dudarlo, había  encontrado una mirada, allí cuando ella  pensó  en mí. Y desde allí debía comenzar a mirar yo también.&lt;br /&gt;Siempre había sido” el patito feo” de la familia, la difícil, la rebelde, la de las preguntas inoportunas que había que callar, la de las reflexiones  agudas, la solitaria, la que nadie llegaba a comprender. La misma a la que habían apodado “Aristo” a los cinco años, cuando todavía no sabía leer y ni siquiera podía intuir de quién estaban hablando.&lt;br /&gt;Había ido construyendo mis corazas de afuera hacia adentro y desde muy temprano, dolorosamente tímida  con los extraños, me resultaba imposible  hablar de las cosas más sencillas. Ir al colegio se transformaba en una tortura cotidiana, prefería quedarme en casa en mi mundo de fantasía y solitaria, resguardada  en las historias que leía o escribía. Mis corazas estaban allí para defenderme, de ese afuera peligroso, de la vida  que transcurría detrás de las rejas de las ventanas de mi casa de la infancia, de un mundo que no podía conocer porque no  me permitían hacerlo.&lt;br /&gt;Ahora estaba  yo, cuarenta años después, intentando desafiarlas para aprender a mostrar mis emociones, las que había aprendido a guardar pacientemente, para no volverme vulnerable y frágil.&lt;br /&gt;Me había convencido a mi misma, de  que era capaz de  resistir  las soledades más profundas y  los dolores más intensos, pero no era así, me había descubierto frágil y necesitada y estaba aprendiendo a construir una fuerza  diferente.&lt;br /&gt;Poco a poco la enfermedad había ido perdiendo su poder y dejando espacio  a  mis historias para que  pudieran hablar por sí mismas y no a través del síntoma  que me había  inventado, para finalmente  encontrar mi lugar. &lt;br /&gt;Casi de manera simultánea, y sin proponérmelo, estaba dejando ir a la mamá que yo había  deseado tener ansiosamente y de la cual había esperado todo, para aceptar a la persona real que aparecía en mis recuerdos, la que no podía ser nada más que ella misma, con sus propios fantasmas y sus propias tristezas escondidas. Aquella a la que siempre había intentado agradar y complacer, con la que había peleado en silencio infinitas veces, a la que había reclamado un lugar que nunca había podido  darme. Ahora estaba descubriendo “mi” lugar, el de esta Fabiana adulta que desde allí podía darle a quienes le rodeaban el  suyo propio. Me estaba permitiendo  ser yo misma, sin tener que mostrar mis superpoderes de  mujer maravilla que todo lo puede, sin tener que ser grandiosa para ser querida.&lt;br /&gt;Mi mama había empezado a mejorar de una manera  notable, aún cuando no había  una real explicación para que esto sucediera. Quizás eran los puentes que yo comenzaba a tender, quizás era la meditación que me ayudaba a detenerme y crear mi propio equilibrio, quizás era mi energía fluyendo incansablemente por primera vez.&lt;br /&gt;Yo había comenzado a poner cada recuerdo  junto  a cada emoción y cada palabra  junto a cada sentimiento, y mi mama no  necesitaba  seguir enferma para que yo empezara a mirar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-7350835298346375228?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/7350835298346375228/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=7350835298346375228&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/7350835298346375228'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/7350835298346375228'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/06/amo-la-vida-parte-xii.html' title='Amo la Vida - Parte XII -'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-8324288249432867789</id><published>2009-06-24T15:00:00.000-07:00</published><updated>2009-06-25T13:16:20.786-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='autoconocimiento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cáncer de mama'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='quimioterapia'/><title type='text'>Amo la Vida - Parte XI</title><content type='html'>XI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía la fecha para mi primera sesión de quimioterapia y las indicaciones de la oncóloga respecto de los cuidados que debía tener. La preparación comenzaba el día anterior con  la medicación que  debía tomar  para evitar las náuseas y disminuir los efectos. Para no perder la costumbre, hice un cuadro  que prolijamente  coloqué en la puerta de la heladera, con los horarios de  las diferentes pastillas y la dieta de la primer semana. Allí estaban también los síntomas de  alarma que debían hacerme ir a la guardia sin dudarlo. Una y otra vez releía las instrucciones y la dieta, parecía sencillo, nada de verduras o frutas crudas por la neutropenia, nada de fiambre ni de cosas irritativas. A simple vista  se parecía bastante a mi dieta cotidiana, muchas verduras, carnes, pollo, agua saborizada, no creía tener demasiado problema con llevarla a cabo. También estaba la recomendación de  nuestra amiga Patricia, médica, que aconsejaba extender   a quince días la limitación de cosas crudas, porque en realidad   nadie  sabe en que momento exacto comienzan a recuperarse los  glóbulos blancos.&lt;br /&gt;En ese entonces no sentí  miedo ni preocupación, estaba tranquila y dispuesta  a  recibir la medicación que iba a curar  mis células. Mi   hija mayor, Mailén, me había preparado en el MP3  una carpeta con música para meditar, mientras yo trataba una y otra vez de entender   cómo era el funcionamiento pero me resultaba imposible y me maldije no haber intentado aprenderlo antes. Tenía mi carpetón de cartas y dibujos, tenía mis mails, mis buenos deseos y mis energías bien juntos en un bolso de mano. Allí, pegados a una figura de cerámica chiquita, frágil, cargada de amor que me prestó Marce, que había hecho la mamá  que ya no tenía. Allí estaba su recuerdo cargado de amor para  acompañarme.&lt;br /&gt;Cuando llegue al  sector de la quimio que yo imaginaba  como una sala de espera, me encontré con  gente de lo más variada, mayoritariamente mujeres de  distintas edades. El sector tenía sillones comodísimos y varios televisores, la gente conversaba    amistosamente y parecía  que muchos de ellos  se habían encontrado varias veces en la misma situación. Todo transcurría en un clima  de  armonía  y por momentos  se  asemejaba más a una  peluquería  que a las  imágenes que mi conciencia  había capturado de la televisión o del cine. &lt;br /&gt;Me llamó la atención que  las mujeres parecían más vitales y animadas y sin  entrar a discurrir en cuestiones de  género, me pregunté si se trataría de  esta  fuerza  interior que nos lleva a sobreponernos a las situaciones más difíciles, casi imposibles de resolver, allí donde  los machos proveedores se derrumban  y aflojan su poder.&lt;br /&gt;Sin lugar a dudas, se notaba que era mi primera vez, trataba de comprender  todo lo que observaba  con los ojos bien abiertos y lo que no resultaba  un detalle menor, tenía mi cabellera larga enrulada, con reflejos, moviéndose sobre mis hombros casi como un desafío.&lt;br /&gt;Roberto,  atento y  paciente como siempre, resultó ser el enfermero que después me iba a acompañar en las otras  aplicaciones, se acercó y me dijo:&lt;br /&gt;-“te voy a presentar a alguien. Estaba como vos y hoy es  su última vez, ya termina”.&lt;br /&gt;Entonces se alejó y llamó a una mujer  de cabello cortito, sonriente y simpatiquísima, con la que estuvimos charlando un buen rato. Se la veía tan radiante y feliz y contagiaba   una vitalidad tan impresionante que había logrado  disipar  las pocas dudas  con las que yo había llegado. Hablamos de la pérdida del pelo, de los beneficios de no tener que depilarse  por unos meses y de lo rápido que  iba a crecerme después.&lt;br /&gt;Hacía una semana  habíamos  buscado  con Gus un lugar  para comprar una peluca, quería estar preparada  para el momento en que   perdiera mi cabello. Si bien esto no me angustiaba, quería verme bien y  seguir sintiéndome atractiva. Elegí  un par de pelucas, una más larga que la otra, bastante similar a mi pelo natural, con rulos y flequillo. Me las había probado  frente al espejo y no lograba reconocerme, mi pelo abultaba por debajo y no me permitía   calzarlas con comodidad, pero  igualmente estaba   contenta.&lt;br /&gt;Al mirar a mí alrededor no  observaba  “gente enferma”, veía sencillamente gente que había ido  acomodándose  a los cambios  que produce la quimio, que  estaba de buen ánimo  y que hablaba de cosas positivas. Algunos un poco más, otros un poco menos, pero  esa sala era un espacio de vida impresionante, donde  todos  compartían sus recursos y recetas  con los demás, mientras  se  brindaban apoyo y sostenían una sonrisa.&lt;br /&gt;Cuando  escribo “gente enferma”, pienso en los montones de personas que he conocido a lo largo de mi vida  que ante un simple resfriado parecen colgarse el cartel que dice “estoy mal”, se bajonean, maldicen su suerte, hablan de sus síntomas  y de lo mal que se sienten, de manera continua. Es ahí  donde yo creo  firmemente en la elección  de cada uno de nosotros, no ya sobre las circunstancias  que nos toca atravesar, sino en las respuestas que damos a las mismas. &lt;br /&gt;Mi primera quimio transcurrió tranquilamente durante  cuatro horas, mientras Gus iba y venía a mí alrededor y  subía y bajaba a tomar café al bar. No sentía nada especial en el cuerpo, la medicación pasa a través de varios sueros de manera   bastante lenta, tiempo en el que uno puede charlar, descansar, mirar la tele, leer.&lt;br /&gt;En esos momentos pensé que este tratamiento iba a requerir de mucha paciencia, por sobre todas las cosas, no había nada que pudiera yo hacer que no fuera estar allí sentada cómodamente .Sin embargo, mientras lo observaba a Gus moverse, hablando por celular, haciendo preguntas, conversando, cuidando que   me sintiera relajada y tranquila, supe que estaba poniendo tanta energía y amor en esos momentos   que se había olvidado por completo  de  su aversión a los hospitales, médicos y agujas. Allí estaba él, paciente  de la manera que podía, dispuesto a  transformar ese momento, y hablando de tantos otros en los que fuimos felices, increíblemente felices. El traer esos recuerdos traía al presente el placer compartido, las risas, la intimidad, las charlas cómplices, las anécdotas cotidianas, el café de cada mañana…&lt;br /&gt;Así, como había sido el parto de Julián, estábamos ahora  quince años después. En ese entonces, nos habían dejado solos en la sala de partos en penumbras, esperando una dilatación interminable, con música de Vangelis de fondo y charlando. Así esperamos   que Julián asomara a este mundo, entre las mismas charlas íntimas  que ahora me transportaban a través  de  tantos años. Íbamos y veníamos en el tiempo, como quien pasea   por un álbum de fotos y se detiene  para reírse un rato del peinado que usaba entonces. Así estábamos ahora, otra vez  como al principio.&lt;br /&gt;Los primeros días  después de la aplicación estaba muy cansada,  a medida que mis defensas iban bajando más y más. Me sentaba en el sillón del living y me dejaba mimar mientras recibía llamados, contestaba mensajes de texto, usaba  la computadora y leía. El cuerpo se sentía como   si hubiera recibido una  terrible  gripe de golpe, cada movimiento costaba, subir y bajar las escaleras se había transformado en  una odisea, pero lo seguía intentando con mi mejor sonrisa.&lt;br /&gt;Salía a caminar por la manzana de mi casa como quien emprende un safari, envuelta  en una campera  y  bastante cansada para admitir que hubiera preferido quedarme en el sillón, pero tomaba estas caminatas como un desafío. Olga, la señora que trabaja en casa,  se abrigaba y salíamos juntas a caminar por  el Barrio Inglés, así, del brazo y conversando de  las cosas  más simples, paseábamos sin apuro. &lt;br /&gt;En unos días iba a ser el cumpleaños  de Marce y habíamos decidido juntarnos  en casa con mis amigas del jardín, para compartir  algo rico. La única condición  era entonces la de no traer  virus  encima, como si eso fuera posible, tenía que mantener alejados  los resfríos y catarros de casi todo el mundo, porque cualquiera de ellos podía transformar mi neutropenia en una  visita al hospital.&lt;br /&gt;Allí estaban ellas, atentas a todo, llamando incesantemente, preguntando como me sentía y mostrándose más cerca que nunca.&lt;br /&gt;-“Date permiso para lo que necesites”, me decían entonces ellas. Infatigables, mandaban mensajes, respetaban mis tiempos, acompañaban mi espera y de alguna forma iban descubriendo  lo que era una quimio  a medida que  yo también hacía mi propia  experiencia. Me encontré una y mil veces  explicando qué era una neutropenia a quien quisiera escuchando y relatando que el pico máximo  era a los siete días  de la aplicación. Allí mis glóbulos se encontraban en el punto más bajo, de allí en más  comenzaban a recuperarse, hasta el próximo ciclo.&lt;br /&gt;Tenía señales de alarma que debía tener en cuenta, la diarrea, los vómitos, la fiebre alta. Ninguno de estos síntomas había aparecido y  a excepción del cansancio  agobiante  me sentía muy bien.&lt;br /&gt;Sara, mi increíble  suegra, la misma que merece un capítulo  aparte por la fuerza que blandió en esos tiempos,  me encontró un jueves incapaz de mantenerme despierta  y de levantarme del sillón. Se trataba del día en el que las drogas alcanzaban su punto máximo, entonces levanté un poco de temperatura e hicimos lo que debíamos hacer, acercarnos al hospital. Allí comenzaron la batería de análisis, radiografías  y estudios  que concluyeron  finalmente en lo que ya sabíamos: la temible neutropenia  había llegado a mi cuerpo.  Como explicarles a los médicos  que me dolía un poco la garganta, que era solo eso, que también estaba resfriada sin saber como había logrado un virus atravesar las millones de veces que usé  alcohol en mis manos, mis propios cubiertos y mi propia toalla. &lt;br /&gt;Allí estábamos, siendo informados  de que resultaba mejor mantenerme  aislada en casa, en mi cuarto, tomando antibióticos,  y sin estar en contacto con nadie, antes que dejarme internada en el hospital, por  el riesgo de  posibles infecciones.&lt;br /&gt;Así volvimos  a casa, provistos de  barbijos y remedios, sin  nada más que  fiebre indicando  algún tipo de infección que nadie sabe donde podía llegar a estar y debiendo encerrarme en mi cuarto.&lt;br /&gt;Como explicarle entonces a todos los que me atendieron que ese fin de semana era el día de la madre, que me sentía  asustada y que no quería estar   aislada  en mi cuarto, quería seguir en mi sillón, con Bono, mi perro, saltando entre mis piernas, tirando de mi frazada  y con  los mimos de mi familia. &lt;br /&gt;Era eso o estar internada, así volvimos. &lt;br /&gt;Usar el barbijo  me pareció  entonces la primer señal  hacia el mundo  de que  estaba enferma,  sentía que  me miraban sabiendo  que algo no estaba nada bien.&lt;br /&gt;Esos días en casa  fueron una primera prueba para todos, tenían que aprender a funcionar “entre ellos”, desde hacer las cosas más sencillas  a organizarse  para hacer las compras, preparar la comida, pasear al perro y mantener  cierto orden. &lt;br /&gt;Descubrieron cómo hacerlo, un poco se pelearon y otro tanto pusieron de sí cada uno para salir adelante. Al empezar a buscar  sus propios recursos  se fueron encontrando con cosas que no sabían que tenían construidas, cosas de las que eran capaces y quizás estaban tapadas por esta  súper mamá  que no dejaba tantos espacios libres.&lt;br /&gt;Allí fueron apareciendo las graciosas  y tiernas notas  que me pasaban por debajo de la puerta.“Mami: estamos con la abuela en la cocina. Te quiero mucho. Cualquier cosa nos llamás. Beso grande. Mai”. Allí estaban ellos, gritando  que estaban cerca aunque  no pudiéramos abrazarnos y reírnos juntos, ni tomar mate y comer  medialunas  en la cocina.&lt;br /&gt;Allí estaba Juli, acercándose a la puerta del dormitorio y haciéndome reír con sus locuras, tan  increíblemente gracioso, tan humano, tan sensible, tan  adorablemente adulto por momentos. Desde el marco la abría y la cerraba haciendo caras mientras gritaba que sus virus querían entrar a verme.&lt;br /&gt;“Fabi! Estoy acá abajo, siempre lista. No me aflojes. ¡Vamos Fabi todavía! Te quiero mucho. Muchos besos, aunque más nos sea , de lejos .Sari”. Tierna y maternal como siempre, disponible con su afecto, así como es ella, como una madre.&lt;br /&gt;Victoria me había regalado entonces una libreta chiquita, artesanal, traída con el olor de los bosques de Cariló entre sus páginas y directo a mi habitación. Allí había escrito:”Fabi: Te escuche decir que tenías ganas de escribir. Este cuadernito es para que te acompañe a todos lados y lo hagas. Para las cosas lindas y las cosas  tristes, para  gritarlas, llorarlas, decirlas bajito. Te quiero. Vic”.&lt;br /&gt;También estaba Gus infatigable,  subiendo y bajando las escaleras  un millón de veces por día, con una bandeja, con un remedio, un vaso de agua, con un gesto tierno,  o tan solo para hacerme compañía. &lt;br /&gt;Estaba Olga que se acercó para ayudar en esos días sólo porque lo deseaba, arreglando mi cuarto y mi baño y organizando un poco la cocina.&lt;br /&gt;Así pasamos mi primera neutropenia, yendo al hospital a controlar mis valores todos los días,  resguardada con mi barbijo y saludando desde lejos a todos.&lt;br /&gt;Había sido un día  de la madre diferente y más que especial, no había sido comercial ni de compromiso, habíamos estado más juntos que nunca, y casi  sin  quererlo habíamos  aprendido a escribir  la palabra MAMÁ  al mismo tiempo , mostrando orgullosos nuestros logros, esperando  el alta   médica para darnos el abrazo interminable que  nos debíamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                          (continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-8324288249432867789?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/8324288249432867789/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=8324288249432867789&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/8324288249432867789'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/8324288249432867789'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/06/amo-la-vida-parte-xi.html' title='Amo la Vida - Parte XI'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-6695239379094045619</id><published>2009-06-17T13:38:00.001-07:00</published><updated>2009-06-25T13:15:19.126-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='vida'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='autoconocimiento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cáncer de mama'/><title type='text'>Amo la vida- Parte IX -X</title><content type='html'>IX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras de Norma seguían resonando en mi cabeza, preguntándome si realmente habían existido o sólo se trataba de mis pensamientos jugando a  las escondidas.&lt;br /&gt;La lectura del libro me estaba enseñando algunas cosas que no conocía y volvía sobre ellas cada vez con mayor asiduidad. Había  encontrado en esas páginas  explicaciones claras acerca de muchas  de las interrelaciones entre stress y cáncer que yo suponía, y a partir de allí estaba comenzando a revisar  los últimos   tiempos de mi historia.&lt;br /&gt;Me enteré entonces  que muchas de las investigaciones estaban pasando por alto que uno de los factores en el desarrollo del cáncer era el rol de las defensas naturales del cuerpo, algo que a mí me parecía tan claro y sencillo de comprender. &lt;br /&gt;Allí estaba  escrito. Eran mis propias células, las mismas que  debían mostrarse alertas cuando podía llegar a aparecer un simple resfrío o cuando me  cortara un dedo, para defenderme de cualquier infección, eran las que  en este caso se habían escondido y habían mirado para otro lado  cuando otras, “las malignas” habían comenzado a amontonarse confusa y desordenadamente  en mi mama.&lt;br /&gt;Pero mi pregunta era ¿por qué les había permitido distraerse de su tarea? ¿Por qué en este momento yo había necesitado que miraran para otro lado? ¿Qué era en definitiva lo que yo no podía ver?&lt;br /&gt;Las preguntas seguían surgiendo una tras otra y cada vez que una respuesta se insinuaba, se abrían millones de otras posibles por donde seguir buscando.&lt;br /&gt;Intuía una relación, pero estaba decidida a ir un poco más allá de la superficie y a buscar mis propias respuestas.&lt;br /&gt;Hasta ese entonces había asumido, como la mayoría de las personas, que el cáncer era un enemigo con el cual había que batallar  de manera consecuente y sostenida durante un tratamiento que no admitía bajar los brazos. Pero ese enemigo parecía haber llegado repentinamente a mi cuerpo, desde algún lugar remoto, para instalarse y comenzar a destruir poco a poco mis tejidos.&lt;br /&gt;Me había preguntado millones de veces ¿por qué a mí? Como si se tratara de un infortunado juego de azar que nunca había decidido jugar.&lt;br /&gt;Sin embargo, había decidido  amigarme con mis propias células enfermas, que en definitiva eran solo mías. Allí estaban ellas, entremezcladas, confusas y desordenadas, diciendo algo que yo no entendía aún, pero que estaba segura, era la única capaz de comprender.&lt;br /&gt;El cáncer había dejado de ser mi enemigo y no iba a librar una batalla contra él donde  existiera la posibilidad de que alguno de los dos saliera triunfante ¿qué sería ganar la batalla? ¿Quién gana realmente cuando alguien gana?&lt;br /&gt;Al revés de lo que siempre había pensado, comencé a buscar la manera de conectarme con mi cuerpo desde otro lugar, no quería transformarlo en un cuerpo enfermo, paciente y depositario de mis males y angustias. Mi cuerpo había creado vida, había cobijado mil abrazos y sonrisas, regalado miradas, había podido acariciar y sentir placer, se tensaba si tenía miedo o estaba nerviosa. Este era mi cuerpo y tenía más vida  en cada poro de la que yo jamás había podido soñar.&lt;br /&gt;La idea de una larga batalla  donde claramente podía llegar a perder, se había ido desdibujando y  había comenzado a surgir la idea de un aprendizaje continuo. En definitiva, esa era  la parte de mi vida cotidiana que yo más amaba, era mi pasión y mi maravilla.&lt;br /&gt;De la misma manera en que presenciaba absorta como mis niños  iban construyendo las nociones más básicas sobre cualquier tema, con esa simplicidad comencé a aprender sobre mí misma.&lt;br /&gt;Había  descubierto que caminar por las mañanas era una excelente oportunidad de encontrarme con mis propias ideas frente a frente, pero a la vez me llenaba de una energía  desconocida.&lt;br /&gt;Un submundo  se asomaba  detrás de las rutinas ajetreadas  que todos nos creamos a diario  para cumplir con  nuestras  obligaciones. Hasta entonces, no sabía que estaba allí, esperándome. Iba a contramano de las urgencias  de todos y sentía un inmenso placer  por ello. Podía detenerme  en una plaza a observar, mirar el frente de un edificio  y tomarme todo el tiempo del mundo, todo el tiempo que necesitaba, para mí.&lt;br /&gt;Me encontré entonces con un placer casi olvidado, al sentarme  en una mesa de café a leer, sin apuros, sin presiones, sólo placer por leer.&lt;br /&gt;Ese placer pasó  a ocupar muchos de los momentos del  día, pero no sólo el placer por hacer aquellas cosas que nunca había hecho. No, eso no me interesaba. Eran mis propios placeres olvidados, ni más ni menos que los que habían empezado a aparecer pero siempre habían estado.&lt;br /&gt;¿Por qué los había guardado en el baúl de las cosas en desuso? La respuesta era sencilla, por mis propias urgencias inventadas. ¿Cuántas veces nos cuesta encontrar el tiempo para algo, por muy sencillo que sea, nuestro propio tiempo? ¿Cuántas veces entregamos ratos de a poco y sin darnos cuenta?&lt;br /&gt;Una mañana  cualquiera, estaba sentada  con el libro de Simonton en un café, leyendo un ejercicio que proponía  pensar sobre algunas situaciones estresantes que podrían estar relacionadas con la aparición del cáncer. Pedí una lapicera al mozo y en una servilleta comencé a escribir las  respuestas que iba encontrando. &lt;br /&gt;En la mayoría de los enfermos  se observaba  una situación de pérdida  muy significativa en los meses previos a la enfermedad. Inevitablemente la muerte de mi mamá estaba flotando en mi servilleta, yendo y viniendo entre  otras palabras. No ella, no su muerte, sino lo que yo había perdido de mi misma al perderla.&lt;br /&gt;Pensaba en otros que habían estado enfermos, todos y cada uno de ellos habían perdido a alguien importante. Todos parecían haber sucumbido ante la ausencia, todos parecían haberse rendido a una suerte de desesperanza donde la vida  había empezado a perder su valor  y eso había  permitido  que nuestro sistema inmunológico  se debilitara al punto de permitir a estas células  desarrollarse.&lt;br /&gt;A  partir del diagnóstico de mi enfermedad había logrado asumir gran parte del problema viéndolo desde una nueva perspectiva y me estaba permitiendo  actuar como nunca lo había hecho.&lt;br /&gt;Entre mis nuevos descubrimientos estaba la denominada “terapia de centros de energía”, que se había metido en mi vida como casi todo en este último tiempo, de casualidad.&lt;br /&gt;Hacía  bastante tiempo mi amiga Marce me había comentado acerca de una  persona maravillosa que hacía masajes   en un clima   muy especial, casi místico. Yo había tomado prolijamente la tarjeta y la había guardado en mi billetera, esperando el momento  en que decidiera utilizarla. Recién al escribirlo,   logro darme cuenta que hubo una serie interminable  de situaciones que aparecieron en mi camino que quedaron archivadas como la tarjeta que me entregó Marce. Allí estaban mis necesidades, -“te va a hacer sentir muy bien”, me dijo  ella , que podía leer mejor que nadie mis dolores internos. Pero allí estaban mis gestos cotidianos, el dejar pasar las señales, el archivar, el guardar, el levantar corazas, el tapar una y  mil veces más que algo no estaba  funcionando.&lt;br /&gt;En ese entonces no recordé la tarjeta hasta que mi amiga me comentó que Cora, así se llamaba,  daba clases en un lugar muy especial, algo así como “una especie de yoga”. Me pareció una buena idea  investigar  de qué se trataba ya que necesitaba hacer algo con mi cuerpo, algo que no sabía bien que era, pero que me permitiera sentirme mejor. En ese entonces escribí un mail pidiendo información a la escuela y me encontré con una cálida respuesta que me ofrecía probar las clases, casi como quien siente   que hay algo que no puede explicarse  con palabras, que hace falta sentirlo en el cuerpo.&lt;br /&gt;Me acerqué a la clase de Cora , era  lunes a la mañana   y estaba dispuesta a  descubrir de que se trataban  los Centros de Energía.&lt;br /&gt;Cuando llegué a la clase me encontré   con un grupo de gente increíble, el afecto sincero  circulaba en el ambiente, había abrazos en cada saludo  e inmediatamente me sentí cómoda. Me llamaron la atención  las paredes con barras de madera, la luz colándose por todos lados y la energía  que circulaba por doquier.  &lt;br /&gt;Me descalcé   y me ubiqué  en una de las barras, esperando una serie de  ejercicios  que  me hicieran sentir mejor, pero lo  que sucedió fue otra cosa. Cora comenzó a hablar con su voz dulce  y a explicar  el  centro energético que  íbamos a trabajar, mientras colocaba un CD. La música me  sonó maravillosa, parecían tambores africanos   y enseguida todos comenzamos  a mover los pies como lo estaba haciendo  ella. Yo estaba  tratando de copiar  cada movimiento    mientras observaba que cada uno de los que allí estaban  no hacían lo mismo.  Los movimientos eran  similares, pero cada uno seguía su ritmo, su propio tiempo. No lograba  terminar de comprender como hacerlo, me costaba seguir a  Cora y estaba empeñada en transformarlo en una clase de ballet, rigurosa, disciplinada,  con las puntas  de los pies tensas y estiradas. –“No, así no” me dijo Cora suavemente  y de una manera natural, - “sentí la música…”. Los  pies empezaron a moverse solos, a golpear el piso casi con bronca, los brazos  subían y bajaban, por momentos nos soltábamos de la barra  y nos movíamos  en el centro, todos juntos. En ese instante  me acordé  que me gustaba bailar, “esto es lo que yo siempre quise hacer”, me dije a mi misma. Me estaba sintiendo bien, realmente bien, y cada vez tenía más y más energía   dentro mío. Sentía el calor y el placer en cada movimiento, pero también comencé a sentir  las lágrimas  que brotaban lentamente, como aflojándose  de a poco.  De pronto había comprendido por qué esto no podía explicarse, por qué había que vivirlo,  me estaba entregando  a mis emociones por primera vez y me dejaba llevar por ellas por todo el salón.&lt;br /&gt; Me acordé de Isadora Duncan, de lo que sabía de ella y de su placer  por bailar, de las aburridas clases de ballet clásico, del esfuerzo por lograr las posiciones, de  las ampollas en los dedos del pié  por las zapatillas de punta y me sentí  diferente.&lt;br /&gt;Después vino el momento  de  relajarnos y  meditar, estaba  en la colchoneta, exhausta y preguntándome que me había pasado, pero absolutamente  feliz. Había decidido  en ese instante, que iba a incorporar la terapia de centros  de energía a mi vida, no sabía como ni cuando, estaba por comenzar  la quimioterapia, mi gran monstruo  imaginario, y  no sabía si era posible.&lt;br /&gt;Salí de la clase  y  caminé un par de cuadras, me encontré en la Plaza Serrano,  y adopté para siempre ese lugar, para continuar mi placer cotidiano  de café y libros. &lt;br /&gt;No entendí entonces   cómo funcionaba esta terapia, pero me había hecho  bien y lo estaba disfrutando. No necesitaba una segunda clase de prueba, pero me lo habían propuesto para conocer a otros profesores y encontrar   aquél con quien me sintiera más cómoda. Sin embargo concurrí a la segunda clase, esta vez con  Sofía, una maravillosa mujer de ochenta años y una belleza increíble. Cuando  entré al salón y la vi, me quedé fascinada, sus ojos claros, su voz tranquila y un clima de paz que circulaba en el aire. Nos sentamos en el suelo, éramos   dos alumnos y ella, comenzamos  a hablar y a conocernos, me escuché hablando de  mis necesidades y mis tiempos internos, ella comenzó a explicar  de qué se trataba  lo que íbamos a hacer. Le hablé del libro de Simonton y de cómo me estaba ayudando a comprender el proceso de mi enfermedad, ella lo conocía  y me explicó que había algunas cosas que habían evolucionado desde  el momento  en que había aparecido ese libro. Sofía era psicóloga y había trabajado con muchos pacientes  enfermos  de cáncer, y así de casualidad, como si siempre hubiera estado ahí, esperando  mostrarme el camino, comenzó a explicarme muchas cosas que yo no conocía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;X&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tratamiento con quimioterapia aún no había comenzado, pero mágicamente la mama había comenzado a volver a la normalidad, se había desinflamado bastante y ya no sentía prácticamente dolor. En estas semanas  habían aparecido en mi vida las mágicas clases de  ese yoga tan  vital y expresivo, que  me había devuelto  la energía que  yo había perdido hacía mucho tiempo. En esos días había logrado comprender bastante el proceso de mi enfermedad y  con la ayuda del libro estaba aprendiendo algunas cosas  más que importantes. Casi sin darme cuenta me encuentro con una lectura que plantea  cambiar algunas ideas o creencias sobre el cáncer y me asombro al descubrir que había llegado a hacerlo, casi sin proponérmelo, como si fuera  parte de un proceso natural. En este ir y venir buscando y aprendiendo, escuchando mis necesidades y respetando mis tiempos, había logrado transformar  mi cáncer  fatal inicial en una enfermedad que puede no serlo y con la que tenía que aprender a vivir. Había descubierto que no se trataba de algo que venía de afuera como un monstruo, casi como un castigo, que me había elegido a mí entre otras mujeres. Había entendido que eran mis defensas las que habían aflojado su tarea y que era  mi mundo interno convulsionado, el que había enfermado. Lo que era más importante, era la idea que había logrado  desterrar de mi cabeza poco a poco. Ya no sentía que la quimioterapia era  un veneno que iba a entrar por mis venas a destruir mis  células y  mi cuerpo, hasta  transformarme en otra persona. La  había comenzado a considerar una aliada, me iba a ayudar a curarme  y  estaba decidida a no rechazarla.&lt;br /&gt;En  toda esta etapa comencé a sentir que era posible  revertir el proceso que me había llevado a enfermarme y eso  comenzó a darme  cada vez mayor seguridad.&lt;br /&gt;Así fue como descubrí  lo fundamental que me resultaba la terapia psicológica  para  escucharme hablar de cosas que  habían estado muy  escondidas durantes años y a las que por primera vez  me disponía a nombrar.&lt;br /&gt;La profesional que me había atendido inicialmente me había planteado una agenda ocupada y la posibilidad de esperar a  que surgiera  un turno, pero tenía  pocas posibilidades de hacerlo,  o en caso contrario derivarme a una profesional del equipo. Elegí esta segunda posibilidad y comencé a atenderme de inmediato, una vez por semana, con una psicóloga que no conocía. Inmediatamente sentí que me ofrecía un espacio contenedor, cálido y respetuoso, mi verborragia comenzó a fluir y casi como  una catarata fluyeron con ella  mis miedos y mis angustias. Luego la fui descubriendo a través de sus intervenciones  inteligentes y oportunísimas  y  poco a poco comencé a entregarme. El cáncer iba y venía en mi discurso, a veces cargado de   dolor, otras de miedo, en otras tapando algo, hasta que terminó casi desapareciendo y dejando lugar a lo que estaba por debajo de él.&lt;br /&gt;Allí  estaba yo, frente a frente con la enfermedad que  amenazaba mi vida y sin embargo sintiéndome con una fuerza interna como nunca había conocido.&lt;br /&gt;El decir “no”  estaba apareciendo de a poco, ¿cómo podía ser tan difícil poner límites? Allí estaban las cosas que no tenía ganas de hacer y a las que me obligaba, pero ¿y mis propios límites emocionales, mentales, corporales? Los  había traspasado y aniquilado  durante años y ahora debía reconstruirlos de a poco. Tenía un gran cúmulo de dolor, resentimiento y  frustración que nunca había  logrado expresar, pero también  comenzaba a decir “si”  abiertamente, al llorar y pedir   ayuda, al  buscar a quienes me querían para  sentirme contenida, al reconocer mi dolor y no ocultarlo, al decidir que quería vivir más que nada.&lt;br /&gt;El libro proponía   realizar  una serie de relajaciones y visualizaciones varias veces por día, tratando de integrarlas a las rutinas diarias. En estos momentos   buscaba un lugar tranquilo donde pudiera estar sola durante un buen rato sin interrupciones y me sentaba “a  meditar”. En casa nadie comprendía realmente  cuál era el proceso ni  por qué era tan importante,  no siempre  lograba disponer de estos momentos para disfrutarlos sin interrupciones, pero esto también fue un aprendizaje para todos.&lt;br /&gt;Entonces tuve que “darme”  un  tiempo y un espacio, para luego  pedir a los demás  que lo respeten, aún sin comprenderlo. Recorría la casa de dos plantas y me sentaba en uno u otro ambiente, no era sencillo, en uno se escuchaba la tele de la pieza de al lado, en otro la música, las puertas que se abrían y se cerraban  a los golpes, el celular de cada uno de mis hijos sonando justo en el momento  en que “yo estoy meditando”, el handy de Gus que había quedado en casa, y la lista seguía interminablemente.&lt;br /&gt;Primero encontré el lugar, el cuarto de Victoria. Allí tenía un sillón giratorio de ratán que habíamos  comprado cuando nos casamos, que había sido la delicia de todos cuando estaba en el living, porque parecía que acunaba a quien se sentaba en él. Ese cuarto tenía una ventana que daba al jardín y podía escuchar claramente los pájaros, tenía almohadones  mullidos y coloridos  y por sobre todo, estaba cargado de una energía única. El solo hecho de entrar allí era especial, era el espacio  donde Victoria  creaba, dibujaba y hacía sus artesanías, pacientemente durante horas. Era esa misma paciencia y esa energía creativa la que yo estaba buscando. Por otro lado, era el único espacio de la casa donde nadie iba a entrar  si Victoria no estaba, y fue allí donde decidí instalarme algunos ratos en el día.&lt;br /&gt;Después descubrí que necesitaba  una manera de que “todos” supieran que  no debían molestarme, e inventamos una señal, mis zapatos en la puerta de la habitación significaba indefectiblemente que nadie debía entrar, se podían ver desde la escalera que iba al piso superior  y si uno la iba subiendo podía darse cuenta de inmediato que necesitaba hacer silencio.&lt;br /&gt;Estoy segura que en ese entonces  nadie entendía  por qué estaba haciendo lo que hacía, simplemente me dejaban hacer. Yo estaba intentando  crear un espacio para mí y un límite para los  demás, casi delimitando mi propia necesidad y diciendo claramente cuales eran mis prioridades.&lt;br /&gt;Las primeras veces   me frustraba mucho porque sentía que no recordaba los pasos que debía seguir para relajar cada una de las partes del cuerpo, seguía siendo la mejor alumna queriendo  repetir la lección frente al profesor de manera perfecta.  A veces me llevaba quince minutos y otras  estaba absolutamente  absorta durante una hora. En ocasiones no lograba relajarme, mis pensamientos iban y venían cruzando mi cabeza de manera interminable y no lograba ninguna visualización. En otras me entregaba a una suerte de placidez  que me fascinaba.&lt;br /&gt;El proceso era  sencillo, debía ir relajando cada una de las partes del cuerpo, siguiendo un cierto orden para no olvidar ninguna, primero contrayendo esa parte para luego relajarla. Finalmente debía contraer todo el cuerpo de manera simultánea para luego relajarlo por completo. Entonces debía imaginar  un lugar, con sus texturas y colores y trasportarme allí. A veces me quedaba  un buen rato imaginándolo, siempre empezaba siendo la playa de Pipas, en el norte de Brasil,  a la cual habíamos ido de luna de miel. Ese era mi paraíso soñado, mi fuente de placer inagotable.&lt;br /&gt;Me gustaba imaginar la textura de la arena entre mis dedos, sentir el calor en la planta de los pies, el sol en la cara y la infinitud del mar transparente, casi como un desafío.&lt;br /&gt;En ese entorno tenía que imaginar a  mi cáncer, darle una forma y un tamaño, para luego imaginar a mi ejército de leucocitos rodeándolo y destruyéndolo por completo, para luego visualizarme  completamente libre de enfermedad.&lt;br /&gt;Al principio el cáncer en mi mama había estado representado  como una montaña  sobre la arena de mi paraíso, que se asemejaba a las huevas de pescado, con un aspecto gelatinoso, grisáceo. Yo me acercaba a  mi cáncer  y lo rodeaba caminando a su alrededor, me llegaba aproximadamente hasta las rodillas, tratando de abarcarlo. Luego imaginaba a mi ejército de leucocitos en esa  misma playa, aparecían desde todos lados,  eran millones de seres diminutos vestidos  de blanco, como los espermatozoides de la película de Woody Allen, que se acercaban todos juntos sobre mi cáncer y lo devoraban. No podía imaginar una batalla, ni armas ni un ejército verdadero como  hacían otros en el libro. Esta era mi forma  inicial de visualizar  la destrucción del tumor. Luego debía plantearme  las metas que  deseaba lograr, pero no imposibles ni abstractos sino cosas concretas que podía ir alcanzando en  tres, seis o nueve meses e imaginarme  a mí misma en la situación de lograrlas. &lt;br /&gt;Esta  era la parte que adoraba de la relajación, después de  sentirme victoriosa porque  había destruido mi tumor, comenzaba a imaginarme logrando las cosas que  deseaba. Me había planteado  metas concretas, cercanas, posibles. Me  imaginaba entonces  haciendo una clase de  yoga y disfrutándola, bailando en la playa con música de tambores, almorzando con mi hija  y charlando, saliendo  con mis amigas a comer, paseando con Gus de la mano. Eran metas chiquitas, estaban ahí, me daban placer y las podía lograr en poco tiempo. Después comenzaba a imaginarme a más largo plazo, recorriendo París, frente a la torre Eiffel  y tomando plácidamente un café en el “Café de Flore”. Me imaginaba en la sala del jardín, contando un cuento a mis alumnos y pintando enchastrados en el piso. Imaginaba la casa que estábamos construyendo, la recorría y  buscaba los muebles para cada rincón. Y así, con  distintas  cosas. &lt;br /&gt;Cada visualización era más fuerte y más clara, el proceso de la  batalla contra el cáncer era  también cada vez más definido. A veces cambiaban las formas de los leucocitos, otras llegaban desde arriba de un médano, todos juntos. Pero siempre  triunfaban en su propósito y terminábamos en esa playa celebrando, bailando alrededor del pozo de arena  que habían dejado , y allí aparecían los rostros de  quienes me querían. &lt;br /&gt;Las metas que imaginaba me ayudaban a pensarme a mí con proyección hacia el futuro, me veía bien, saludable y feliz, rodeada de afectos y haciendo las cosas que más me gustaban. Cada vez  podía extenderlas hacia más adelante y eso me llenaba de placer. Pero no se trataba sólo de visualizaciones positivas, debía ponerme en marcha para alcanzarlas y eso me  llenaba de energía.&lt;br /&gt;Estas visualizaciones  fueron cambiando  con el tiempo, sin que concientemente me lo propusiera. La montaña  de huevas que representaba el tumor en mi mama se iba haciendo cada vez más diminuta y más fácil  era entonces devorarla, para mis imaginarios leucocitos. Luego comencé a imaginar la quimio que recibiría, como si fuera una sustancia viscosa amarillenta o naranja que la cubría y la paralizaba, para que  mis defensas pudieran actuar.&lt;br /&gt;Las metas y los objetivos iban cambiando también, a medida que los iba alcanzando, entonces surgían otros diferentes e implicando un desafío mayor .Entonces  las fuerzas  se renovaban.&lt;br /&gt;A medida que pasaba el tiempo, estos ejercicios de relajación y visualización  eran más sencillos y lograba relajarme  más profundamente, pero lo que era más importante  comenzaron a ser  mi estrategia para no dejarme   invadir  por la tensión, el miedo o la angustia. Cuando   debía enfrentar una situación que anticipaba  podía ser  difícil, me preparaba  con esta meditación para enfrentarla. Así  llegué a la  resonancia magnética y a la tomografía conociendo   como podía relajarme y dejar de oír  los  zumbidos y ruidos que hacía la máquina, para transportarme  a mi lugar de paz.&lt;br /&gt;Pero no solamente había aprendido a controlar mi respiración y a  relajar mi cuerpo, sino que  también había logrado algo que hasta entonces  me parecía imposible. Sin haber comenzado aún  la quimioterapia, la mama  había comenzado a desinflamarse, los cambios eran notorios, el dolor había casi desaparecido y realmente me sentía   con muchísimas más fuerzas y energía que hacía tan solo unas semanas  cuando  me habían dado el diagnóstico.&lt;br /&gt;Estaba aprendiendo  a descargar la mochila de la que Norma me había hablado, sacando las cargas como si fueran piedras pesadas y alejando el resentimiento y el dolor de mi vida. Pero por sobre todo, estaba entendiendo  cuán responsable era yo misma  de mi propia enfermedad, no ya los otros que me rodeaban y a los que había  culpado en muchas ocasiones.&lt;br /&gt;Estaba descubriendo que podía  alejar el resentimiento y el dolor que me producían las ausencias de siempre, las palabras que no habían estado cuando debían estar y los límites de quienes no podían ser otra cosa que ellos mismos, con sus propios déficits y sus propias historias de dolor e insatisfacción. Estaba empezando a perdonar antes que a culpar y a comunicarme en vez de callar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-6695239379094045619?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/6695239379094045619/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=6695239379094045619&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/6695239379094045619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/6695239379094045619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/06/amo-la-vida-del-cancer-la_17.html' title='Amo la vida- Parte IX -X'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-7987433968492261650</id><published>2009-06-17T13:33:00.000-07:00</published><updated>2009-06-18T05:11:58.910-07:00</updated><title type='text'>Amo la Vida- Parte VI-VII-VIII</title><content type='html'>VI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo parecía entonces muy extraño, por momentos tenía  una vaga sensación de estar en un sueño, mientras seguía preguntándome una y otra vez ¿por qué a mí?  No podía dejar de pensar ¿qué habré echo mal?, porque seguramente “algo”  se me había pasado por alto, justamente a mí que era organizada y prolija…&lt;br /&gt;Estas dos preguntas rondaban  mi mente, hasta que pude empezar a pensar, pero muy de a poco ¿por qué no a mí? ¿ en qué me diferencio del resto de las mujeres  que atraviesan por esto? La respuesta era  simple y sencilla, en nada, no me diferenciaba en  absolutamente nada. Yo era una mujer más  de  cuarenta años, sin antecedentes familiares  de cáncer, con una vida organizada y tranquila, que no fumaba ni cometía excesos. Es decir era   una mujer como tantas, como los millones que  existen en el mundo, que revisan sus pechos ansiosamente una vez al mes buscando  algún bulto extraño y que concurren a realizarse sus controles  ginecológicos dos veces al año, prolija y rigurosamente.&lt;br /&gt;Pero  no era solamente un cuerpo que debía controlarse, era además una persona que tenía un sinnúmero de emociones apretadas, unas contra otras, contenidas y dolorosamente olvidadas. Era una mujer que había perdido a su mamá hacía unos  meses, de una manera absurda e inesperada, como son todas las pérdidas. Pero también era una mujer que no había podido  llorar, enojarse ni pelearse con una mamá que  ya no estaba y con la que llevaba varios meses sin hablarse.&lt;br /&gt;La relación nunca había sido buena, más bien todo lo contrario, muchos fueron los roces y los encontronazos, las miradas que jamás estuvieron donde debían estar y  las palabras que habían   desaparecido entre las dos hacía  bastantes  años, sin querer intentar un diálogo verdadero. Mucha ausencia y mucho dolor, muy juntos, muy entremezclados y sin destino.&lt;br /&gt;Quizás entonces  comencé a darme cuenta lo enojada que estaba conmigo misma por no haber hecho algo antes, cuando todavía tenía tiempo, algo que pudiera  haberme  dejado afuera  del cáncer .Pero ¿de qué  se trata hacer algo? &lt;br /&gt;Luego de perder a mi mamá, había comenzado con molestias en la mama, tanta similitud y tanta paradoja entre ambas palabras. &lt;br /&gt;Hacía cinco años había atravesado un cáncer  diminuto, chiquito, ahora insignificante, en la misma mama, tratado a tiempo y resuelto favorablemente. &lt;br /&gt;En ese entonces  también habían aparecido cuestiones del orden de la maternidad que  me resultaron muy conflictivas. Por esos tiempos, había perdido un embarazo, que iba a ser reparador, casi ideal. &lt;br /&gt;Ya no era una madre  soltera de veinte años, que se puso a prueba e intentaba demostrar al mundo como se podía hacer frente a la soledad y criar una hija, trabajando, viviendo sola  y terminando una carrera universitaria. Tampoco era una madre recientemente casada, construyendo una familia ensamblada, con dos niñitas pequeñas, una propia y otra de su  compañero, con un bebé  fruto de la pasión y del amor más auténtico, corriendo entre los pañales y los cuadernos, mientras inventaba algo para la cena y se preparaba para una noche de amor.&lt;br /&gt;En ese momento estaba tranquila,  los hijos grandes y  cada uno con sus ocupaciones, dos  cargos de maestra y mucha más tranquilidad económica. Era “mi” momento para volver a ser madre. &lt;br /&gt;Esa otra pérdida fue también dolorosa, quizás  mucho más de lo que realmente  deseaba admitir entonces. Luego fue encontrarme  como madre  de una manera   frustrante, estaba mal, enojada y la adolescencia  de mi  hija, no era lo que siempre había soñado. Me encontré con lo  peor  de mí, con las respuestas  equivocadas a flor de labios y siendo incapaz  de sobrellevar lo que me estaba pasando.&lt;br /&gt;Ahora también había aparecido la maternidad mezclada con mi enojo,  pero esta vez era con mi rol de hija, dolorosamente difícil. Mi mamá  no estaba y mi mama se había comenzado a enfermar.&lt;br /&gt;Había acudido al médico,  había realizado los estudios y nada indicaba que algo estaba mal. Sin embargo, las molestias siguieron, iban y venían, pasaban  por todo mi cuerpo como quien busca donde alojarse. Primero  tuve una disfonía  de dos meses que me complicó trabajar de maestra jardinera y aún así lo seguí haciendo, forzando mi voz y sacando fuerzas  de donde no tenía.&lt;br /&gt;Esa voz que  pareciera se negaba a  salir, que estaba también apretada a todas las  emociones confusamente olvidadas. En ese entonces también consulté a un especialista, pero no encontraba razón  ninguna anomalía que me  hubiera deteriorado la voz. La respuesta fue sencilla, “la estoy usando mal”, “debo reeducarla”, bueno eso vendría más tarde, yo en ese entonces no tenía  ganas de dedicarme a mi voz.&lt;br /&gt;Luego fueron las otitis, una detrás de la otra, los antibióticos y  otra vez los controles, ahora era la voz de los demás la que costaba oír con claridad y un dolor punzante en el oído.&lt;br /&gt;Casi sin darme cuenta  iba pasando de un tema a otro, sintiendo malestar en el trabajo, y no pudiendo dormir  bien. Hace años que trabajaba como maestra jardinera y estaba muy acostumbrada a los pequeños demandando atención a mi alrededor para ser los primeros con  la seño. Siempre había sacado fuerzas  de donde no tenía para responder preguntas, sostener cuadernos, atar cordones, ayudar, escuchar, jugar, crear estrategias  para resolver cualquier cosa e inventar cuentos  de brujas los días de lluvia, todo mediando una sonrisa. Este año no, era diferente, yo era diferente, no encontraba las fuerzas ni las ganas, los días eran interminablemente aburridos y todo era pesado y muy trabajoso. Primero fue darme cuenta que no podía  con mis dos cargos, volvía a casa exhausta y con la cabeza estallando con un martilleo constante, luego fue explicarme a mí misma que necesitaba  tiempo para  hacer otras cosas, quería hacer terapia, quería hacer gimnasia, quería  volver a estudiar  francés. Entonces decidí  renunciar al cargo de la mañana, pero los tiempos para mí no aparecieron  porque no supe como  buscarlos, hizo falta que el cáncer apareciera para sacudirme y encontrarme conmigo misma por primera vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Todo el mundo participa en su propia salud o enfermedad en todo momento” . La primer frase que leo del libro de Simonton me llamó la atención, siempre había creído que de una u otra forma uno podía  llevar una vida más o menos saludable, pero  que  finalmente “el cuerpo” a veces podía jugarnos una mala pasada  sin demasiada explicación ni razón. Luego de haber estudiado una carrera universitaria  como psicopedagogía y de haber leído numerosos textos que explicaban las interrelaciones entre las emociones y las enfermedades,  me encontraba frente a una frase que me sacudía sobremanera. En este caso era “yo” y eran mis propias emociones y conflictos sin resolver, los que habían  recorrido mi cuerpo hasta encontrar un lugar donde alojarse. Pero la pregunta seguía siendo ¿por qué no pude hallar otra manera? ¿por qué  había llevado  mi vida al límite de perderla para poder “ver y oír” lo que  mi cuerpo ya sabía?.&lt;br /&gt;Estaba dando el primer paso, estaba enfrentando mis fantasmas, pero el cuerpo estaba allí transformándose a través de este cáncer, y tenía mucho miedo de  no poder hacerlo a tiempo.&lt;br /&gt;Con mi clásica  ansiedad comencé a  leer el libro, como quien lee una receta de cocina, pero no podía pasar de la primera página. Una y otra vez  tenía que  volver a releer los párrafos, reflexionar y  detenerme a pensar. Cada palabra movía un sinnúmero de pensamientos y disparaba una serie  de asociaciones que iban y venían a  través de mi vida.&lt;br /&gt;Como había dicho la terapeuta, los médicos iban a trabajar  con aquello que estaba por encima de la línea imaginaria, pero nadie más que yo podía  comenzar a buscar más allá de la superficie y comenzar a unir las piezas  de este rompecabezas. Sabía sinceramente que deseaba vivir y que tenía muchos  motivos para  hacerlo. Había pedido inmediatamente ayuda y  estaba dispuesta a ponerme en marcha para “participar” en el proceso de recuperar mi salud. Había encontrado una red gigante de contención a mi alrededor, de gente dispuesta a  acompañarme en cada paso y contaba con una  prepaga que mostraba disponibilidad para  realizar los estudios y tratamientos que fueran necesarios, con rapidez. &lt;br /&gt;Hacia  unos años  había visto a Daniel, nuestro entrañable amigo y compañero de vida, recuperarse de una manera asombrosa de una  enfermedad llamada esclerosis múltiple. Dani,  un médico excelente, había tenido un brote repentino de la enfermedad que  había limitado muchas de sus capacidades, tenía dificultades  sensoriales  y motoras muy serias. Luego de un período de internación en el que no reconocía ni a sus  afectos más cercanos, comenzó poco a poco  a recuperarse. De una manera casi mágica comenzó a caminar con ayuda de un andador y poco a poco, con mucho esfuerzo y mucho tesón, empezó a recuperar sus funciones. En ese entonces le habían regalado un hermoso sillón de cuero para que estuviera  cómodo, de esos  que se  reclinan y tienen soporte para los pies, de manera que uno pueda pasarse horas  relajado y distendido viendo pasar al mundo  delante de sus ojos. Patricia su mujer le dijo entonces que  esperaba no verlo nunca sentado en ese sillón. Al decir esto, le estaba  diciendo  desde su increíble amor que había dos caminos. Uno, era  decidir que su vida iba a ser a partir de ese momento, la vida de los otros, la que él iba a ver pasar y transcurrir como si no le perteneciera. Pero había otra posibilidad real, concreta, la de empezar  a construir otra actitud frente a la enfermedad, la más dura sin dudas, la que iba a ponerlo a prueba a cada minuto de cada día, la que lo iba a  hacer llorar, gritar y frustrarse cuando todo parecía imposible, la que no tenía descansos ni días libres, pero la que lo iba a salvar. Daniel comenzó a dar  cada uno de los pasos, a ser consecuente con sus tratamientos, a dedicar su esfuerzo  diario a recuperarse. Un día dejó su andador y los pasos  fueron cada vez más gigantescos. Pasó el tiempo y no sólo se casó con Patricia, y criaron juntos al  hijo que habían tenido, sino que viajaron, volvió a trabajar y su vida  fue recuperando las cosas perdidas poco a poco y conquistando otras maravillosamente nuevas.&lt;br /&gt;La actitud había estado en él desde el principio, pero también había estado el amor  de su compañera y la fuerza interna que ambos pusieron para  salir adelante y no dejarse vencer. Dani y su sillón se habían transformado en   mi ejemplo y ese era mi punto de partida para  sostener  una actitud que me permitiera  participar activamente en   la recuperación de mi salud.&lt;br /&gt;A partir del diagnóstico me había transformado en “una paciente  con cáncer”, una especie en estudio y tratamiento, casi con compartimientos  estancos que había que estudiar y revisar para evaluar alcances y posibilidades. Pero  yo era algo más que “una mama con cáncer”, era una mujer  que estaba casada con un ser increíble y  maravilloso, a la que le gustaba arreglarse y vestirse bien, coqueta y seductora,  con una carrera que amaba y que la llenaba de placer, con dos hijos propios y una hija que la vida  le acercó, con los cuales tenía encuentros y desencuentros, pero que le hacían brotar el amor incondicional más  sincero del mundo. Era un  ser  que había encontrado una familia que no le era propia, pero que estaba tan  presente a cada instante que se había convertido en la suya para siempre. También era  una persona que había logrado  encontrar  a su alrededor seres bellos  y llenos de luz que se brindaron  abiertamente.&lt;br /&gt;Tenía razones de sobra  para no bajar los brazos frente a esta enfermedad, no deseaba perder nada de todo esto que había  encontrado en la vida con  mucho  esfuerzo.&lt;br /&gt;Por razones  muy profundas, en los últimos meses, yo me había rendido y me había sumergido en una suerte de enojo y desesperanza que habían  logrado aniquilar mis defensas naturales y me había enfermado.&lt;br /&gt;Decidí entonces  que  yo iba a poder, sabía que no sería sencillo, pero  estaba dispuesta a intentarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VIII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había transcurrido  demasiado tiempo desde el diagnóstico, me había  realizado unos cuantos estudios  para  saber si el cáncer podía  llegar  a  encontrarse en otra parte de mi cuerpo y  eso se había transformado en una suerte  de ansiedad  constante y dolorosa. La instancia de esperar cada resultado se transformaba  en  agobiante y luego tenía que concurrir  con todos ellos a la primera  cita con la oncóloga. Hasta el nombre me parecía espantoso, ¿Qué hacía yo yendo a una oncóloga? ¿Por qué jugarreta del destino había llegado  a  saber  sobre la importancia de un centellograma óseo? &lt;br /&gt;En ese ir y venir  de un sector a otro del Hospital, fui encontrado y creo que por la única razón, de que yo estaba dispuesta a  hacerlo  y con las emociones a flor de piel, con personas sensibles  que fueron pacientes y explicaron una y mil veces  cada una de las cosas que yo preguntaba. Desde la técnica radióloga que me extendió un papelito con su teléfono cuando explotaron mis lágrimas y me contuvo diciéndome que ella había pasado por lo mismo, hasta el profesional que hacía el centellograma   que fue explicando paso a paso cada una de las cosas que  iba a hacer, diciendo que él no podía adelantarme ningún resultado pero que parecía estar todo normal. ¿Qué era normal? ¿Normal para quién?, me preguntaba entonces.&lt;br /&gt;Los resultados de los estudios fueron apareciendo  poco a poco, hasta que un viernes fuimos a retirar  el último de ellos. Cuando lo leímos y supimos que todo estaba  bellamente limitado a la mama, definitivamente nos fuimos a  festejar, como quien celebra un cumpleaños. Avisamos a todos los que pudimos la noticia   con un mensajito sencillo que terminaba “nos vamos a festejar con Gus”. Quedó claro para quienes lo leyeron  que  necesitábamos un festejo íntimo, personal, que teníamos que encontrarnos a solas para alegrarnos y llorar, para abrazarnos  y llenarnos de todo el placer que pudiéramos mientras nos repetíamos una y mil veces que todo saldría  bien. &lt;br /&gt;Con mi bagaje de informes , imágenes y preguntas  fui a mi primera cita  con la especialista, tenía  una vaga idea  de cómo sería el tratamiento, iba a tener que aplicarme quimioterapia de inmediato, para detener el avance  del cáncer y  luego , cuando se pudiera, realizar una mastectomía, para  retomar más tarde nuevamente con la quimio.&lt;br /&gt;En ese entonces  no me preocupaba  demasiado la operación, me angustiaba sí, comenzar con el tratamiento cuanto antes. Estaba  ansiosa y tenía muchas dudas  sobre la quimioterapia,  cientos de imágenes de películas   venían a mi mente casi a diario, había visto enamorarse a Julia Roberts de un enfermo de cáncer  siendo ella la enfermera y había visto sufrir a Susan Sarandon en “Quédate a mi lado”. La quimioterapia me parecía  un monstruo terrible que podía llegar  a destruir a la persona y a quienes la rodeaban, no tenía demasiada información de cómo actuaba o los efectos secundarios, pero me asustaba lo suficiente  como  para  descargar una batería de  preguntas  sobre los siguientes pasos a dar.&lt;br /&gt;Ese primer encuentro  con la oncóloga no fue como la había imaginado, se mostraba fría y distante, miraba los estudios  como  quien analiza  con detenimiento un objeto de estudio. Quería  gritarle que ahí estaba yo, esperando con mis preguntas y mis dudas, que tenía miedo, que no sabía  como iba a ser, que necesitaba  que me contuviera y me dijera que todo iba a estar bien.&lt;br /&gt;Sin embargo, ella  siguió manteniéndose protegida y a resguardo de mi cáncer y mi angustia, dando indicaciones y detallando cada uno de los pasos  a seguir. Fue clara, fue concreta, pero  habló de enfermedad y no de cáncer, no evitó decir nada, fue dololorosamente realista en cada una de sus palabras, tal vez demasiado para ese momento.&lt;br /&gt;A medida que  transcurría el tiempo, comencé a darme cuenta  que en todo este proceso cada uno de quienes me atendían  hacían su parte, miraban aquello que tenían que mirar y con detenimiento  analizaban  aquello que resultaba más conveniente.&lt;br /&gt;Pero  había en ese mirar algo que a todos se les escapaba, se trataba de mi persona, de la mujer que se asomaba  más allá del cáncer, de la mama enferma, de los estudios  y  de los tratamientos. &lt;br /&gt;Detrás de todo eso estaba yo tratando de ir más allá, de aprender, de salir adelante lo más entera posible. La medicina ponía toda su disponibilidad para atenderme pero se estaban olvidando de mis propios recursos ¿es que yo no podía hacer nada que pudiera  tener algún significado?&lt;br /&gt;Me resultaba difícil ceder ese espacio y entregarme en manos de la ciencia todopoderosa, sentía que había otro que nadie estaba considerando y que yo  deseaba poner sobre la mesa y discutir, para sentirme parte  de mi propia curación, pero entonces no podía darme cuenta que la respuesta no estaba allí en la medicina tradicional.&lt;br /&gt;Eso era algo que tenía que hacer por mí misma, mi propia búsqueda interna , la que me iba a llevar a  algún lugar de sabiduría que aún no podía entrever, pero intuía  se encontraba dentro mío.&lt;br /&gt;A medida que avanzaba en la lectura del libro comencé a plantearme cuestiones que nunca había pensado, como por ejemplo ¿cómo era posible que algunas personas con el mismo diagnóstico  tuvieran resoluciones tan disímiles? La diferencia entre vivir o morir no parecía estar determinada  por el estadio  o capacidad invasiva de un determinado tipo de cáncer,  parecía haber algo más, algo bastante más profundo, que Simonton denomina creencias individuales.&lt;br /&gt;Comencé entonces a preguntarme  cuáles eran  las mías, a dónde  me estaban llevando y a revisar cada uno de los pasos que me habían llevado  hasta ese momento.&lt;br /&gt;Lo primero que  descubrí en mí fue movimiento, había logrado vencer  el momento inicial de incertidumbre y frustración y me había puesto en marcha casi inmediatamente. Luego me encontré deseando,  pero no  desde la inmediatez, sino desde el anhelo que proyecta hacia delante. Quería vivir y ello me llevaba una y otra vez a nuevas  metas, había decidido que valía la pena y quería lograrlo. Pero también  había abierto la puerta a una sensibilidad  casi desconocida, la que percibía  todo a su alrededor como si nunca antes hubiera estado allí, la que sentía, olía, miraba, disfrutaba. Estaba comenzando a oír con el corazón  cada palabra y a escuchar las mías, cuando salían a empellones apuradas por explicarse y justificarse. &lt;br /&gt;Había recordado que hacía muchos  años, cuando era todavía una niña, luego de una operación de adenoides había vuelto a casa fascinada por las cosas que estaba comenzando a descubrir. Nunca había podido  oler hasta ese momento, y caminar por  la calle era descubrir los aromas de las plantas, abrir y cerrar las puertas de los placares oliendo las sábanas y las toallas, destapar cada frasco de perfume era  fascinante y embriagador . Creo que entonces había abierto uno de mis  sentidos y estaba descubriendo lo que eso significaba, estaba siendo conciente de una manera nueva de cada una de las cosas que me rodeaban. El olor de la canela, la esencia  de vainilla, las plantas de la terraza de mi casa, eran entonces mi nuevo mundo, tal  como ahora lo eran todas y cada una de las  cosas  a mi alrededor. &lt;br /&gt;Salí de esa primera visita a la oncóloga, portando  nuevamente una serie de órdenes y prescripciones, con indicaciones muy precisas, tenía la fecha de la primera quimio en una semana y me había indicado  medicación para tomar antes y después de la misma, para minimizar los efectos  de las drogas. En ese momento  mis preguntas rondaban por mi cabellera, ¿se va a caer mi pelo? ¿Cuando va a pasar? Allí sorpresivamente la respuesta de la médica, “esto es muy personal”, “cada organismo es distinto”, “puede ser en la primera”, “o quizás en la segunda”, “nadie sabe”. ¿Cómo es posible, me preguntaba,  que nadie supiera?, ¿no se trataba de una ciencia que  preveía resultados y anticipaba situaciones? , ahora la respuesta al tratamiento pasaba a ser “Mi” respuesta, la que mi cuerpo decidiera dar a las drogas. &lt;br /&gt;Un poco confundida, me rondaban en las mentes algunas indicaciones sobre la alimentación que debía respetar a rajatabla. La dieta era especial para la quimioterapia y en las primeras veinticuatro horas debía ser sólo líquidos fríos, quizás helado, pero de agua y todo eso por la simple razón de evitar las llagas en la boca, que seguramente iban  a aparecer. Todas mis mucosas iban a reaccionar al tratamiento y estaban primeras en la lista de  efectos adversos. Luego estaban  también la baja de defensas que podía llegar a ocurrir y por eso debía mantener una dieta de alimentos cocidos durante   los primeros diez días, y cuidarme  de  tener cerca de personas enfermas, aunque más no sea  de un simple refrío.&lt;br /&gt;Todo era demasiado, de repente  me acordé del mate, no lo había preguntado, podía o no podía  y ahora  ¿a quién se lo pregunto? ¿Y que pasará si tomo un poquito, se desatará un desastre  universal? Eran demasiados  datos, demasiada información, allí estaba nuevamente  delante de la orden, dispuesta a pedir turno para  hacer  una quimioterapia con un cóctel de drogas que después me enteraría  era uno de los más fuertes. &lt;br /&gt;Así llegué a Norma, un ángel que yo había  conocido hacía cinco años….&lt;br /&gt;El lugar donde estaba su escritorio era cerca, pero por alguna extraña razón de distribución del hospital  era necesario subir y bajar escaleras, atravesar neonatología y debajo de una escalera, casi escondido, allí estaba. Detrás de él, estaba Norma con sus papeles, sus carpetas, su teléfono, las historias de  las pacientes que como yo llegaban  para organizar  sus quimios.&lt;br /&gt;En seguida la reconocí. La miraba atender a una mujer que   estaba antes que yo y algo en su  tono de voz  me remitió hace cinco años, cuando apareció mi cáncer chiquitito y minúsculo y tuve que operarlo. En ese entonces estábamos muy asustados, nos había tomado   de sorpresa y tenía particularmente yo, mucho miedo de la cirugía. &lt;br /&gt;Norma  entonces trabajaba en otro lugar, en otro sector del hospital y  parecía una empleada administrativa común y corriente, diligente, segura  y si bien hablaba  con calidez lo hacía con firmeza. No parecía alguien con quien uno se quedaría horas hablando del tiempo, del dolorcito ese de la rodilla  o del programa de ayer a la noche en la tele. No, Norma era diferente,  hacía su trabajo, no tenía tiempo  para perder, había muchas pacientes esperando ser atendidas.&lt;br /&gt;Cuando llegó mi turno, ella me miró a los ojos, creo que el miedo brotaba  a mi alrededor por cada uno de  mis poros. Sostuvo la mirada, sin siquiera mirar la orden de operación y comenzó a hablar, despacio, tomándome la mano, tranquilizándome y transmitiendo mucha paz. &lt;br /&gt;Sus palabras  iban  más allá de mis propios oídos, me traspasaban  hasta llegar a  mis vísceras más escondidas, allí donde habitan los sentimientos y el alma de las personas. &lt;br /&gt;De pronto todo había desaparecido, no había nadie más junto a mí y hasta Gustavo que me acompañaba se sintió fuera de esa magia inesperada.  Algo estaba pasando  , algo muy difícil de explicar y transmitir. La escuché hablar de mis hijos, como si  los conociera, y de cada uno de mis miedos, como si pudiera leer  lo que tenía en el corazón y la mente en ese exacto momento. Me dio confianza y valor, me habló de lo mucho por hacer y de la Fe, que tenía que buscar adentro mío. &lt;br /&gt;Durante todo ese tiempo, no podía dejar de llorar, , había escuchado  sus palabras, la había escuchado hablar de mis fuerzas como si me conociera de toda la vida, la había oído hablar de Fe y me había sentido en paz, por primera vez en mucho tiempo.&lt;br /&gt; “Norma  es un ángel”, me dije a mi misma. ¿Cuáles serán esas fuerzas? ¿Por dónde empezar a buscarlas? Ciertamente tenía razón, en ese momento deseaba la Fe que no tenía.&lt;br /&gt;Esta vez la escuchaba hablar con otro paciente, su voz era la misma, pero ella hablaba de horarios y turnos, y nada hacía suponer que alguna vez hubiera sido posible una conversación íntima como la que yo había tenido. &lt;br /&gt;Era mi turno de pedir la primer  quimioterapia, habían pasado cinco largos años , Norma levantó la vista de los papeles, me miró y se limitó a decir “esos ojitos  yo los conozco…”, continuó hablando y llenándome de paz. De pronto  dejaron de importar  los papeles y los horarios, nuevamente me hablaba directamente al alma, olvidándose de que  era una empleada con gente esperando. &lt;br /&gt;Me habló  de la mochila que estaba cargando, la que no me dejaba  avanzar, la  que tanto me dolía, la que parecía destinada a acompañarme, aunque me propusiera   no  mirarla. Me hablaba de aprendizajes y de cosas que debía dejar atrás para  curarme, de una vez y para siempre. Volvió a hablarme de mis hijos y me dijo que esta vez, mi curación dependía de mí y de lo que yo hiciera con lo que me estaba pasando. &lt;br /&gt;La quimio iba a ser una experiencia personal, que  me iba a exigir mucha paciencia y  fortaleza. "Es propia de cada paciente", me dijo  muy segura. Me habló , de escuchar  mi propio cuerpo cuando éste se expresara y  me pidiera que lo tuviera en cuenta para dar el siguiente paso . Me habló de respetarlo,  cuando me marcara  el límite. &lt;br /&gt;Todo estaba allí, era mi propio saber  y eran mis propios pasos quienes iban a caminar este camino. &lt;br /&gt;A partir de ese día vi a Norma muchas veces para  pedir turnos para el tratamiento, la vi atender a otras personas y la vi atenderme a mí, si bien  mantuvimos conversaciones muy cordiales y afectuosas, no volvimos a tener un encuentro como este sino hasta mucho tiempo después.&lt;br /&gt;Poco a poco fui construyendo la seguridad que necesitaba para enfrentar esta nueva etapa, alejando fantasmas y miedos, buscando entre mis propias fortalezas aquellas que  pudieran serme útiles en ese  momento.&lt;br /&gt;Estaba  comenzando a mirar en mi propio espejo interno y a encontrar en  él las  cosas de las que siempre había querido escapar, a poner las palabras cada una en su lugar  para nombrar lo que me estaba pasando y así poder aprender a caminar de nuevo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-7987433968492261650?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/7987433968492261650/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=7987433968492261650&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/7987433968492261650'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/7987433968492261650'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/06/del-cancer-la-transformacion_17.html' title='Amo la Vida- Parte VI-VII-VIII'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-1347096241539904563</id><published>2009-06-17T13:31:00.000-07:00</published><updated>2009-06-25T13:18:45.752-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='autoconocimiento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cáncer de mama'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='recuperar la salud'/><title type='text'>Amo la Vida - Parte III- IV-V</title><content type='html'>III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante esta primera etapa cada día  era un día diferente al anterior, y cada emoción estaba dejando pasó a la siguiente. De una manera muy inconstante iba pasando de la alegría al llanto, y sucesivamente del llanto a la alegría, lo que no podía negar es que este diagnóstico había ocasionado una verdadera  revolución no sólo  en mi interior, sino también a mí alrededor, entre quienes me rodeaban.&lt;br /&gt;Hacía bastante poco tiempo, una tarde  había visto a Gus desarmarse y llorar cuando se enteró del diagnóstico de cáncer  de una persona muy cercana. Sin embargo, en ningún momento  lo había visto doblegarse frente a mí, siempre  se mostró  entero y seguro   de  que todo iba a salir bien  y me  brindó su apoyo incondicional , llenándome de palabras de amor y de gestos de ternura. Hoy sé  que  este ha sido un pilar fundamental en mi tratamiento, sin el cual seguramente todo habría sido  muchísimo más difícil, pero sé también que él no debió permitirse que fuera de otra manera, tan solo  porque  yo lo necesitaba fuerte y entero.&lt;br /&gt;En un principio, mis hijos parecían ajenos a la situación,  sin tomar conciencia real  de  mis angustias y mis temores, pero en ese entonces yo era totalmente responsable  de que así fuera. &lt;br /&gt;Siempre había tratado de convertirme en una “superpadre”, aquella que todo lo puede, que  acompaña, contiene y sostiene, la que cubre   los espacios que cada uno de  ellos necesitaba. Esa “superpadre” no tenía espacio para el “no poder” con algo, ya que se trataba de una especie de mujer maravilla, que había dejado de lado sus propias necesidades para  cubrir la de los otros. &lt;br /&gt;Sin quererlo  realmente había enseñado más sobre el egoísmo y la demanda constante y persistente que sobre la entrega y el amor.&lt;br /&gt;Ahora era una mamá que no tenía espacio para nada más que no fuera ella misma, eran mis propias urgencias y mis propios miedos los que nos enseñaron a todos a crecer como familia.&lt;br /&gt;Recuerdo  que algún momento de esta primera etapa, Julián, que estaba por ese entonces bastante  enojado conmigo, pudo manifestarlo y decirme -“desde  que te enfermaste, vos no sos la misma”,  a lo cual no pude evitar  responder que tenía razón, pero que la que estaba enferma  era la mamá que yo venía siendo. &lt;br /&gt;Al escucharme decirlo es que tomo real dimensión de que algo se había movido en la estructura  familiar. Es cierto que me había empezado a convertir en un ser egoísta, pero   eso era lo que necesitaba y realmente  no  tenía energía para poner en ningún otro espacio que no fuera el de mi propia  curación.&lt;br /&gt;Estas primeras etapas fueron  de reclamos y enfrentamientos, de demandas insatisfechas y  empezaron a tomar cada una de las situaciones, su real dimensión. Una reunión del colegio pasó a ser sencillamente lo que era, “una simple reunión del colegio” y comencé a darme cuenta que realmente no sucedía nada  si   no asistía. Lo mismo comenzó a ocurrir con cada una de las cosas cotidianas que yo me había ido inventando como obligaciones impostergables en estos últimos tiempos. El ser la primera en  despertarme para preparar  el desayuno a mi hijo adolescente, aunque no tuviera  ganas, parecía más un trabajo que un placer cotidiano, pero por sobre todo, ya no era necesario. Hacía  mucho tiempo que yo me las había inventado  y me sobreexigía por   cumplirlas aunque mi cuerpo y mi espíritu estaban    agotados y doloridos.&lt;br /&gt;La mamá  que  comenzó a aparecer en mí  pudo   decir “no puedo”, ”no quiero” y “ no tengo ganas” , y poco a poco  empezaron a aparecer espacios que eran de otros , que yo había asumido  pero que no me pertenecían .Esto no les había permitido crecer a quienes me rodeaban, ni hacerse cargo de sí mismos. &lt;br /&gt;Por ese entonces, empecé  demandar afecto a mi alrededor, casi probando  las respuestas, intentaba  comunicar  de manera más abierta mis sentimientos y disfrutaba de sorprenderme de que  los gestos de afecto aparecían por todos lados. Cada momento  comenzó a tomar  otro significado, casi como algo nuevo, no descubierto. De pronto  me encontré una mañana de sol  sentada en el jardín de casa, tomando  mate con Gus y descubriendo el placer   en ello, como si fuera la primera mañana…. &lt;br /&gt;Silvia, mi cuñada, me escribe un día un mensaje de texto  en el que me dice:-” el día que recibiste el diagnóstico empezaste a curarte”,me pareció tan simple como verdadero .Desde ese entonces  suelo pensar que  muchas veces vivimos sin darnos  cuenta de nuestra propia enfermedad, hasta que explota en nosotros un síntoma que nos sacude y que invariablemente  nos pone a prueba. Hacerse cargo  y darse cuenta  parecen frases sencillas, cortas,  ¿cómo no hacerlo? solemos preguntarnos,  pero la respuesta tarda  en llegar porque invariablemente la realidad encierra un complejo  entramado de  fantasmas   que uno no se atreve a  recorrer   ni a enfrentar, a veces durante toda una vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía tan solo una semana que   me habían diagnosticado cáncer y había logrado pasar de la ira inicial a un estado de aceptación y de expectación. Sin embargo todavía faltaba algo, sentía que  podía hacer más por mi misma, aunque no estuviera verdaderamente  segura de qué se trataba.&lt;br /&gt;Empecé a recordar que alguna vez había escuchado a Gustavo Garzón, el actor, hablar de un libro que lo había ayudado  en su  proceso de tratamiento  del cáncer. Sin embargo, no estaba demasiado segura  de  qué libro se trataba, ya que sólo tenía presente  algunos comentarios  que él había hecho en un programa de televisión. En ese entonces, había rescatado como positivas su actitud de lucha y su entereza  para enfrentar la enfermedad  y creo que eso fue fundamentalmente lo que me motivo a seguir investigando. Internet se desplegó como un mundo de posibilidades  infinitas, aparecían  miles de páginas sobre el tema,  entrevistas al actor y blogs   donde la gente opinaba sobre las bondades  del libro. Aunque  no había un acuerdo sobre el nombre del libro, para algunos se trataba de “El Secreto” Rhonda Byrne y para otros “Recuperar la salud” de Simonton.&lt;br /&gt;Desde muy chica había disfrutado de leer  todo lo que cayera a mis manos, era capaz de devorarme un  libro de corrido, aunque me quedara una noche  entera  sin pestañear. Me gustaba usar una linternita para  quedarme escondida debajo de las sábanas para leer, porque teníamos que  apagar la luz después de un rato, que siempre me resultaba escaso. Recuerdo haber crecido con un libro siempre entre  las manos, pasando de relatos fantásticos y cuentos clásicos a La Ilíada y La Odisea, casi como en un camino del cual no podía alejarme. La colección Billiken   pasó a ser   el único regalo de cumpleaños que yo siempre quería tener, y si por casualidad  me regalaban  alguna otra cosa, siempre buscaba cambiarlo  por el título que me faltaba. Las visitas a casas  de los parientes me resultaban  interminables, claro está, hasta que hallaba  alguna biblioteca medio perdida  y empezaba a husmear por allí. Así fue como los primos lejanos  de mi viejo, cuyos nombres no recordaba jamás, pasaron a ser “el de las revistas de historietas…” o “el que tiene  la Biblioteca del Estudiante…”, y así con todos ellos.&lt;br /&gt;Mis  idas  al baño llevaban y traían  revistas de historietas y  libros, que se acumulaban  en un banquito, para poder variar las opciones. Las vacaciones eran viajar con  un paquete de  cuentos y revistas en el auto, hasta llegar a algún departamento  en Mar del Plata y buscar (con los ojos  y siempre de la  mano porque TODO era muy peligroso….) una casa  de libros y revistas usados, de esos que había a montones. Así fui creciendo,  entre el olor de las páginas de “El Tony” e “Intervalo”,  las revistas de historietas y los libros que  iba encontrando, claro está que siempre fue una búsqueda bastante solitaria que me hacía aparecer ante los demás casi como un bicho raro.Recuerdo haber esperado, cada quince días, el tomo de la enciclopedia  Salvat que en casa se estaba comprando, casi  con la ansiedad de un cumpleaños. Buscaba palabras nuevas y miraba las imágenes, con tan solo ocho o nueve años.&lt;br /&gt;Cuando fui siendo  adolescente revolvía los puestos del Pque. Rivadavia buscando  textos baratos que no conocía y así descubrí a Borges, Bioy Casares y, García Márquez. Más tarde fueron las librerías de Corrientes y Avda. de Mayo, el ir y venir  hojeando contratapas, preguntando y eligiendo un texto, para  después sentarme a tomar un café y empezar a leerlo.&lt;br /&gt;Cuando empecé “esta” búsqueda, no tenía mayores referencias ni de los autores ni de los textos, sólo tenía una necesidad  , fue así como los encontré a ambos y  me dí cuenta  que lo que yo buscaba en ese momento  era “Recuperar la Salud”, un texto dirigido a pacientes  con  Cáncer y su familia, donde  se revisaban algunos aspectos que hacían a  la génesis de la enfermedad  y a  los procesos internos   que cada uno de los pacientes  debían poner en marcha para iniciar el camino de la curación.&lt;br /&gt;El segundo paso fue recorrer librerías  y encontrarme que ese era un libro  agotadísimo, de una editorial española,  imposible de conseguir. Entonces decidí que  debía utilizar las herramientas que tenía al alcance  para   ampliar la búsqueda, y sin saberlo comencé a construir una maravillosa red.  Nos pusimos en marcha, cada uno a su manera, cada uno a su tiempo y con sus propias características, para  tratar de encontrarnos, al libro y a mí y para  descubrir por qué era tan importante  leerlo  y  qué cosas  tendría que aprender de esta experiencia.&lt;br /&gt;Victoria, mi hija  del alma,  alguna vez había sido compañera  de escuela de un sobrino de  Gustavo Garzón y trató de ponerse en contacto con él a través de ese medio, mientras Gus propuso comprarlo directamente a la editorial española, con lo que eso pudiera  costar. Ninguna de estas respuestas me  resultaba suficiente, sentía que  debía  hacer algo  por mí misma  y para eso debía abrirme a quienes me rodeaban, explicar lo que me estaba pasando y tratar de que la mayor cantidad  de personas    compartieran esta búsqueda. Escribí un mail   a mis “contactos”, en realidad  mis afectos más cercanos, describiendo la situación y pidiendo ayuda. Mucho tiempo después me di cuenta  que  esto se había transformado en un motor interno muy importante para mí y me había abierto  de una manera que nunca lo había hecho. Nuevamente la Fabiana todopoderosa, que siempre brindaba ayuda, la que tenía  una respuesta para todo (o para casi todo)  dejó espacio para que surgiera  una personita que   gritaba “no me dejen sola” “los necesito”, casi infantil, casi desde la angustia más absoluta, pero que al hacerlo empezaba a sentir una increíble fuente de energía. Yo siempre me había nutrido de mis afectos y me había preocupado por “estar” cada vez que fuera necesario. &lt;br /&gt;Entonces escribí. Me sentí bien, en realidad  más que bien, pero lo más importante sentí que “iba a poder”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Hola a todos! &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Quizás algunos de ustedes ya lo sepan, o se habrán preguntado por qué no me andan viendo por el jardín, (lo que sucede es que estoy de licencia médica aunque a mi me gusta decirle "licencia por la salud")&lt;br /&gt;Después de cinco años de batallar, ser consecutiva y prolija en los controles  médicos y de  dedicarme con mucho amor y energía a ser una maestra, madre y mujer por demás obsesiva y  dedicada a lo que le más le gusta, es que hoy me encuentro nuevamente con un diagnóstico difícil , una nueva prueba a superar.&lt;br /&gt;Sin querer abrumarlos con detalles, me encuentro hace unos pocos días con una recidiva de un carcinoma mamario  y estoy realizando estudios  varios en estos días.&lt;br /&gt;Es un momento  difícil y complicado para todos  los que están más cerquita, que están como desesperados por cuidarme y darme fuerzas  y yo sumamente agradecida de que compartan  la idea de que la energía positiva genera más energía y esto ayuda a que uno se sienta mejor y que a los tratamientos  surtan su efecto más velozmente.&lt;br /&gt;Les escribo porque tengo un pedido especial que hacerles y quizás alguno pueda ayudarme. Estoy tratando de  conseguir un libro que  se encuentra agotado ( y sí, además soy  lectora asidua y fanática y suelo llenarme de autores como Saramago, Paul Auster, García Marquez y Galeano, entre otros.......)En este caso es un libro  que habla sobre como Recuperar la Salud en situaciones  de enfermedades como el cáncer , quizás alguno haya escuchado hablar de él al actor Gustavo Garzón, que lo hizo público  en un programa de tv.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Mi idea es multiplicar esto para tratar de saber  si alguien  puede conseguirlo, sabe como hacerlo o cómo obtener una copia  (juro que si  se puede comprar lo hago........) &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El título es "Recuperar la Salud, una apuesta por la vida" y los autores son  Stephanie Matthews  y Carl Simonton, se trata de la Editorial "Los libros del Comienzo" (España), &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Un último pedido, los que me conocen bien saben que tiro siempre para arriba, creo profundamente en la espiritualidad y la fuerza interior y en que todos tenemos algo para dar a los demás , por eso les  escribo, porque están entre mis afectos y alguna o varias veces hemos podido encontrarnos en este camino para  ayudarnos a crecer.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;(Creo que muchos de ustedes entenderán lo que esto significa y comprenderán que dejo afuera la compasión o la lástima siempre,)&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Sinceramente GRACIAS a todos y muy especialmente   a los que están acompañando la energía que busco encontrar, con su buena onda  y deseos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Fabi (y por supuesto Gus, Mai, Vicky y Juli) “&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había habido un grito desesperado, un pedido de ayuda y casi sin quererlo una manera de exteriorizar lo que me estaba pasando. Cuando comencé a escribirlo no pensé realmente que quien lo leyera  estaría recibiendo una noticia   difícil. Traté de expresar  con sencillez y sin mayores eufemismos la situación de mi enfermedad, pero de algo estaba segura al hacerlo, no deseaba que quienes lo leyeran pensaran “uy pobre” y mucho menos que se compadecieran de mi situación. Por eso tuve un especial cuidado en los últimos párrafos del mail, necesitaba aclarar que cada uno de los llamados contactos, habían sido elegidos por algo. En cierta forma había algún tipo de conexión muy  especial con cada uno de ellos, como  lo denominé en ese momento “una o varias veces nos habíamos encontrado en este camino para ayudarnos a crecer”.  A lo largo de mi carrera  docente, pero especialmente en los últimos años,  había ido  construyendo fuertes vínculos con cada uno de los grupos de niños  y familias con los que había trabajado. Cuando comienza el año, familias, nenes y  la maestra nos miramos  con cierta desconfianza, no nos conocemos y esto nos produce una rara sensación. A medida que transcurren los  días, nos vamos descubriendo, construyendo un código en común y estableciendo lazos  de afecto, para sustentar la tarea. Ese espacio  de confianza que se va generando, permite que  nos apoyemos mutuamente y  que acompañemos cada uno de los pasos que  los chicos van dando  en la escuela. Muchas veces somos testigos  de los cambios, las crisis, los temores y las inseguridades    de  cada familia, también   de alegrías compartidas. En ese ir y venir de   afectos  las maestras solemos ser parte  de la historia familiar, y  construimos nuestro rol a partir de este intercambio. Me gusta decir  que aprendo con mis grupos , a partir  de lo que descubro en ellos, de las nuevas miradas que   abrimos sobre  cada tema (porque siempre  hay nuevas miradas si uno está dispuesto a   encontrarlas…), pero también me gusta  decir que me gusta  verlos crecer y ser parte de los cambios y enriquecerme  como persona  con  lo que recibo. Con muchas familias seguimos  cerca, tan cerca que   los considero mis afectos,  y he recibido de ellos   más de lo que  alguna vez  esperé.&lt;br /&gt;Durante esa mañana, una tras otra surgieron  respuestas  a mi  mail, y asombrosamente  comencé a respirarlas como si fueran aire puro…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“(…) mi correo ahora es para decirte que desde aquí yo voy a rezar para que todo salga muy bien y seguro que va a ser así porque junto conmigo van a estar muchas personas haciendo lo mismo ,los que te conocemos poco y te queremos como una amiga de toda la vida, los que te conocen de toda la vida, los que no te conocen pero saben por nuestras anécdotas de tu vida y de tu persona, TODOS los que alguna vez te tratamos, te hablamos o te escuchamos o te miramos eso ojos limpios y purísimos vamos a estar pidiéndole a alguno de nuestros dioses personales para que todo salga como le tiene que salir a una mina como vos: GENIAL.(…)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Caro mandó este mail (que como siempre es en realidad muchísimo más largo) sentí que las lágrimas  eran incontenibles, era el primero que recibía y no podía parar de llorar. La angustia de los primeros días  había sido  terrible  y  aquello que parecía imposible de enfrentar empezaba a   cambiar de forma. Al poco tiempo entendí a que se refería  Caro con “los dioses personales”, nunca había logrado imaginar que la energía  podía adoptar  tantas, pero tantas  formas diferentes y que todas podían llegar a ser tan increíblemente bellas y fuertes.&lt;br /&gt;Comencé a entender  por primera vez que cuando  hablábamos de  dioses y de creencias, todos  estábamos   hablando de cosas similares, aún sin saberlo. Hay un tiempo en donde cada uno de nosotros necesita  encontrar  “Esa” energía, la que nos sostiene  cuando  quedan muy pocas cosas en pie a nuestro alrededor y es “Esa energía” la que adopta las diferentes formas  según  nuestra  mirada.&lt;br /&gt;En cada una de las respuestas había un común denominador, un afecto sincero, una mano abierta y un corazón dispuesto  a  acompañarme en esta  etapa. Sentí mucha fuerza a medida que  las iba recibiendo a cada una de ellas y comprendí  que esa energía positiva  estaba  ayudando en mi curación, que se multiplicaba y me llenaba de fuerzas. Por ese entonces, dediqué bastante  tiempo  a responder y contestar  cada mensaje, y a agradecer lo que  estaba recibiendo. En algunos casos   se trató de oraciones  y rezos  de diferentes credos, en otros de   información concreta sobre posibles curas milagrosas y sanaciones, otros  me contaban sus avances en la búsqueda del libro, que  seguía siendo   difícil de encontrar ,pero en todos los casos sentí mucho respeto por lo que recibí .Casi sin proponérmelo aprendí  de las bondades de cada virgen y de los dones Espíritu Santo , de los milagros  que obra la Fé a través de la fuerza de muchos corazones deseando algo, y por sobre todo aprendí de actitudes desinteresadas y de la gente.&lt;br /&gt;Descubrí que hay corazones maravillosos, desprendidos y abiertos, que a veces están  ocultos porque otros no los dejan  brillar,  y me descubrí a mí, buscando en las  múltiples formas de la espiritualidad, mi propia fuerza interior. Fuerza  que, admito, no  estaba segura de poder  construir  y sostener.&lt;br /&gt;A medida que transcurrían los días,  fui armando una carpeta con   todo lo que  había ido recibiendo, y  esa carpeta comenzó a viajar conmigo  a todos lados, a cada estudio, a cada consultorio del Hospital. Allí estaban las cartas, las tarjetas, los dibujos, las estampitas, las imágenes de la  virgen, las dedicatorias y la lista sigue casi infinitamente…&lt;br /&gt;Muchas de las respuestas que recibí   pude haberlas imaginado, soñado, esperado, palabra por palabra. &lt;br /&gt;Otras,  lograron sorprenderme por lo que expresaban, algunas tan solo con palabras,  simples pero bellísimas, de esas que solo salen del corazón. Otras  parecían poemas pensados desde el alma, muy elaborados, de esos en los que uno decide acunarse y dejarse llevar a tierras desconocidas. &lt;br /&gt;Algunas fueron escuetas y concretas, sin  eufemismos y diciendo “manos a la obra” y “estoy con vos”. &lt;br /&gt;Otras, las menos, fueron vacías, sin fuerza,    casi imperceptibles, dolorosas. A  esas,  las dejé ir  en el universo  virtual, donde van las cosas que no tienen dueño ni corazón.&lt;br /&gt;En esos días mi energía viajó  caminando a Luján en el corazón de Roberto, mi inolvidable “Saavedra” de hacía un par de años en una fiesta escolar. Siempre habían estado allí, atentos y cercanos, acompañando cada  gesto, pero ahora  se brindaron abiertamente con su Fe, me la entregaron con la seguridad de quien sabe   que con ella se mueven realmente montañas y me entregaron su Virgen, para que me  acompañara.&lt;br /&gt;Mi incipiente energía recorrió  el país en una red de bibliotecas virtuales buscando el libro, gracias a Silvia y Pablo, así, como son ellos como papás y como personas, llenos de palabras y de amor,  sencilla pero increíblemente sabios .Así aparecieron otras Silvias y otros Pablos desconocidos, preguntando preocupados, escribiendo palabras en  un mail  tan solo para decirme que deseaban que estuviera bien y que me daban  su apoyo. Gente desconocida, dispuesta a apoyar, que anónimamente acompañaba  la energía que yo buscaba encontrar. &lt;br /&gt;Me enteré del significado de la palabra “constelar”, a  través de las explicaciones de Ale, que me ofreció respetuosamente un espacio, su propio espacio terapéutico, para  revisar mis historias, mis vínculos, aquello que me había enfermado. Llegó a  encontrarse con un libro de Simonton, el segundo que él había escrito y lo puso en mis manos. El día que fui a buscarlo a su casa Jorge interrumpió la clase de Saxo, salió a abrir la puerta y me entregó unas palabras   muy bonitas junto a un abrazo  cargado de luz. Sentí en ese abrazo que me brindó, tanta fuerza y tanta energía,  que me fui “brillando” a devorarme el libro.&lt;br /&gt; Más tarde me fueron llegando un universo de pociones mágicas y recetas milagrosas que ni sabía que  existían, de uno u otro lado me llegaron  detalles sobre el beneficio de los gorgojos, los curas sanadores, los curanderos y manosantas  que habitaban el país en los lugares más increíbles. En ese momento, estaba segura  de que necesitaba  sostener la confianza en la medicina tradicional y que antes de desear una cura milagrosa  debía enfrentarme a las cosas internas que me  habían enfermado.&lt;br /&gt;Allí muchos estuvieron, otros aparecieron sin estarlo, a otros los descubrí, y otros se mostraron tal cual eran, pero allí los velos  comenzaron a caer y a dejarme “mirar” abierta y sinceramente  con el corazón, a quienes me rodeaban. &lt;br /&gt;Allí pude  recibir, casi como si fuera la primera vez.&lt;br /&gt;Mi energía estuvo presente en muchas casas, y  volvió fortalecida para el siguiente paso.&lt;br /&gt;Como dice Galeano, hay diferentes  tipos de fuegos y cada  una de estas  buenas energías   representaba un fuego  con sus propias  características, pero todos sin dudarlo, brillaban con luz propia. &lt;br /&gt;Algunas  respuestas, muy pocas, no habían  aparecido  entonces, pero  llegué a comprender que no todos pueden  sobreponerse y encontrar las palabras, yo misma no había podido hacerlo en muchas ocasiones. Hubo entonces un “fuego” intenso, de esos que queman e iluminan todo lo que tocan, que sorpresivamente no había respondido enseguida, lo cual me llamaba mucho la atención, pero no sería sino hasta unos días después que comprendería  el por qué  de esta ausencia. De pronto, un mensaje   claro, concreto y esperanzador, Ariana había localizado el libro y  me lo estaba acercando a casa. De una manera  increíble, estaba allí, sentada a mi lado en el living, contándome los  entretelones de una búsqueda, de idas y venidas y entregándome prolijamente  fotocopiado y, anillado  el libro que  estaba buscando. Así, como es ella, lo puso en mis manos con la certeza de una tarea cumplida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De manera  casual se habían cruzado en mi vida dos hechos que  comenzarían a transformar mi historia, la llegada del libro “Recuperar la salud”  y la primera entrevista  con una terapeuta. Había pedido ayuda y allí estaba  tratando de enfrentarme a mis propios fantasmas.&lt;br /&gt;Las palabras saltaban de mi boca entremezcladas, confusas y  cargadas de angustia, recuerdo ir de un tema a otro, hablando de la muerte de mi mamá y de mi enfermedad como si una cosa no pudiera   concebirse  separada de la otra, pero sobre todo recuerdo la sensación de la angustia brotando  sin parar, como  si fuera esa la primera oportunidad en la que  lograba encontrarme frente a mis emociones y a solas conmigo misma. En un momento la terapeuta tomó una hoja pequeña y  escribió la palabra CÁNCER, así en letras de imprenta mayúscula, en el centro  de la hoja y la colocó frente a mí. Miré la palabra y recuerdo quedarme muda, impactada, mientras ella  explicaba como mi vida había comenzado a girar en torno a esa palabra, de una manera arrolladora. Y allí estaba, “la enfermedad” , esa enfermedad que cuesta tanto nombrar y poner en palabras, que tiene tantos sinónimos nefastos, la que da miedo, la que sacude hasta las fibras más íntimas, la que hace que uno crea que “todo” terminó, la que algunos piensan que puede contagiarse, la que nadie quiere tener cerca, la que no se puede nombrar…. &lt;br /&gt;Allí estaban mirándome esas seis letras, desde el centro de la hoja,  enfrentándome a mis propias fantasías de muerte, a mis terrores infantiles, a mis historias inconclusas, a mis demandas insatisfechas, a mis partes controladoras y obsesivas, a mis dudas y a mis inseguridades, a toda mi vida.&lt;br /&gt;Y fue allí cuando comenzó a perder fuerza y poder, cuando  pude empezar a  nombrarla y a darme cuenta de que mi vida se había transformado de una vez y para siempre.&lt;br /&gt;La terapeuta comenzó a explicar, casi como una maestra enseñando las primeras letras, como se produce el cáncer, habló de células, de genes y del sistema inmunológico. Me estaba acercando  al cáncer desde otro lugar, no importaba ya el estadio, ni la capacidad invasiva, ni las posibilidades de metástasis, importaba  que pudiera ir comprendiendo poco a poco que este proceso no se trataba de “una lucha”, sino de todo lo contrario, de un “encuentro”. Era mi cuerpo el que había abierto un espacio para desarrollar la enfermedad y debía desandar los caminos que me conducían al significado de la misma. Recuerdo entonces una línea trazada debajo de la palabra CÁNCER, y a la terapeuta delimitando el espacio de los médicos en la parte superior, allí iban a actuar con los diferentes tratamientos. Mi espacio estaba por debajo de una línea que comenzó a dibujar, allí  escribió una serie de ítems. Parecían muchos, diferentes e interminables, allí se entremezclaban la mala alimentación, la falta de sueño, los problemas laborales, las situaciones familiares, las angustias, los cambios de hábitat, las tensiones, las pérdidas, la vida sedentaria… Cuando pude leerlos, sentí el pecho estrujarse como un puño en el centro, no había  logrado escapar a ninguno de ellos. Mi vida en los últimos meses se había transformado en un continuo  de situaciones de tensión y malestar, discusiones y angustias trabadas, por primera vez estaba pudiendo entrever que el cáncer se había transformado en la  única salida  que yo había encontrado para sacudirme de tanto dolor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-1347096241539904563?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/1347096241539904563/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=1347096241539904563&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/1347096241539904563'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/1347096241539904563'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/06/del-cancer-la-transformacion.html' title='Amo la Vida - Parte III- IV-V'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824979765344095652.post-2182179563452252780</id><published>2009-06-17T13:19:00.000-07:00</published><updated>2009-06-25T13:17:43.924-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='autoconocimiento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diagnóstico de cáncer'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cáncer de mama'/><title type='text'>Amo la Vida - Partes I y II</title><content type='html'>I&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía cinco años que el tiempo se había  convertido en una  sucesión de controles rigurosos,  de preguntas concretas y respuestas acertadas que habían ido calmando   mi ansiedad y mis miedos. De manera  obsesiva había asistido a cada cita, había sentido la ansiedad lógica en  los días previos  a la misma y  había preguntado una y mil veces las mismas cosas, esperando siempre idéntica respuesta. Sólo esperaba saber que mi cuerpo había logrado controlar “la enfermedad”, como todos la llaman y que ésta nunca  volvería a aparecer.&lt;br /&gt;Esta vez era diferente, el tiempo había transcurrido y los   estudios no presentaban nada extraño, parecía  entonces que ya no era necesario el apoyo de mi compañero de vida para entrar al consultorio y escuchar finalmente que  todo había terminado. Esta vez entonces, soñaba con el festejo, con la fiesta que me permitiría celebrar  que esta época difícil había terminado. Esos instantes precios  a cruzar el umbral, conversaba animadamente  con  él acerca  de lo que podía llevar a la escuela para compartir con mis compañeras. Era un día más, después de allí  seguiría la rutina del jardín, realizar  el intercambio con los chicos donde cada uno trataba de escuchar  a los demás mientras animadamente  pugnaba por   ser  escuchado. Después  seguramente  vendría alguna actividad donde  podríamos enchastrarnos con placer   e crear figuras e imágenes que sólo existían en nuestra imaginación, hasta que finalmente  podríamos  detenernos con alguna historia  inventada  entre todos o salida de algún libro de cuentos  de la sala, despatarrados en el piso.&lt;br /&gt;Iba a ser un día más, como todos, pero en algún instante de la tarde nos íbamos a encontrar “las chicas”  a reírnos un rato, a hablar sin parar y de manera simultánea, mientras comíamos algo rico para festejar. Después iría a casa donde el clima de alegría  sería general y habría algún mate  compartido entre todos con más anécdotas para compartir y más sueños  por concretar.&lt;br /&gt;Pero sin dudarlo, esta vez era diferente, pero  no iba a saberlo hasta  unos minutos  después.&lt;br /&gt;Cuando entré al consultorio mi médico de siempre, charlaba animadamente  con tres o cuatro estudiantes  que  con cara  de querer  saberlo  todo, lo miraban absortos  y lo escuchaban  casi sin pestañar .Miró  mis estudios  y explicó para todos ellos  como había sido el proceso de “mi enfermedad”.&lt;br /&gt;Hablamos de tiempos, - “ ¿tanto ya? ¿Cinco años pasaron? , preguntó él  y nos reímos juntos.&lt;br /&gt;Casi de manera inmediata y como hacía siempre se detuvo en una minuciosa  revisación. Yo tenía algunas dudas y molestias, pero como siempre mi ansiedad me jugaba alguna mala pasada  y poner  las angustias en el cuerpo  era la manera  común de  enfrentar las cosas, esperé  su veredicto. Seguramente me diría que todo estaba bien, que eran sólo nervios, que ya no tenía de que preocuparme.&lt;br /&gt;En ese instante, el clima  pareció haber cambiado para siempre .El rostro  se había puesto serio y solo observaba y palpaba.&lt;br /&gt;-“Nos conocemos”, me dije a mi  misma. Algo en  su actitud había cambiado, había dejado de  reírse. Enseguida ,una sucesión de  cosas  como si fueran  una ráfaga, pasaban delante de mis ojos. Parecía estar afuera de la situación. Él, explicando que necesitaba  realizar una biopsia  de inmediato, que había cambios que le indicaban  que algo podía no andar bien. -“¿Será neurosis? dije, mientras agregaba -“ viste que yo siempre puse cosas en la mama …. y ahora que murió mi mamá…”. Él ,sin dudarlo  siquiera ,agregó -“No,  esto no es neurosis”.&lt;br /&gt;Me sentía fuera de la situación, escuchaba sin poder  entender que estaba pasando. De pronto , una sucesión de hechos , la orden médica, el teléfono  pidiendo él mismo turno para una biopsia de manera urgente  y la  confusión adueñándose de mí.&lt;br /&gt;Salí del consultorio   con la certeza de que algo no estaba bien, confundida y con miedo, ya conocía esa sensación, pero no quería enfrentarla. A partir de ahí explicarle a Gus y volver al consultorio  inmediatamente para que nos vuelva a repetir  aquello que no entendíamos. Debía volver en dos días para el estudio , había un pequeño porcentaje  de tumores de mama  que no aparecían en los estudios, cosas que hasta entonces  desconocíamos. Entonces comprendí que los pequeños porcentajes nunca me habían favorecido, desde el comienzo de esta historia.&lt;br /&gt;Esos  días iban a ser largos y difíciles, tratar de entender no era sencillo y adentro  de mí  había mucha angustia y mucho miedo, junto a la seguridad  de que las cosas no estaban realmente bien.&lt;br /&gt;De pronto la mama  paso a serlo todo, había cambiado su forma y su textura y aparecía un dolor como una puntada de manera casi permanente. Era el centro de  mi día, la observaba cambiar como si no me perteneciera, casi como a  un objeto extraño que de  repente había transformado mi vida. Esa vida que yo había planificado y organizado para que todo  resultara  diferente.&lt;br /&gt;Casi de manera obsesiva me dediqué a recordar cada uno de los gestos y las palabras del médico,&lt;br /&gt;-“¿qué habrá querido decir  cuando no dijo? ¿en qué momento exacto cambió su actitud?”, me preguntaba una y otra vez, repasando mentalmente  el encuentro. Sin duda, iba y venía con mis emociones, repitiéndome que esto no podía estar pasando, no a mí , ya que sólo era un control más para no dejar nada librado al azar. Momentos después  surgía el terror más infantil  y las ganas  de que mágicamente apareciera alguien que me prometiera que  todo iba a estar bien.&lt;br /&gt;El día de la biopsia, nos encontramos  con el médico  en los pasillos del hospital, se acercó y con mucho afecto me llevó de la mano hasta el consultorio, diciéndome -“te estaba esperando” y hablando de manera  muy pausada y tranquila.&lt;br /&gt;Ahí fue cuando tuve la certeza .Lo miré a Gus que iba unos pasos más atrás y quise gritarle que ya lo sabía, que algo en ese gesto protector del médico había sido esclarecedor y que no necesitaba la biopsia.&lt;br /&gt;“La enfermedad”  se había instalado de nuevo, yo le había  abierto la puerta de alguna manera  que aún desconocía y la había dejado anidar en mí. Esto me permitió serenarme y esperar.&lt;br /&gt;Durante esos días habitualmente uno se descontrola  de ansiedad  y teme lo peor, esperar un resultado puede transformar la vida en un infierno, pero yo no necesitaba eso, así que empecé a prepararme  para  afrontar lo que entendí iba a ser de nuevo una batalla.&lt;br /&gt;Al menos, así la comencé llamando cuando comenzó.&lt;br /&gt;En la escuela me dediqué casi  exclusivamente a  poner en orden algunas cosas, la residente estaba a cargo del grupo y podía  atender las cuestiones que entonces me preocupaban, organizar la carpeta didáctica y las planificaciones, poner al día los legajos, los gastos de la sala y dejar todo el placard y los materiales  listos para que otra persona pudiera tomar mi lugar  como docente. Mucho tiempo después entendí  que esta necesidad de poner orden no era sólo sobre  mis objetos personales, me estaba despidiendo del jardín. Tenía miedo y no podía hablar de ello, ocupaba cada  instante encarpetando, guardando y archivando cosas, poniendo etiquetas  y redactando notas para que a nadie le quedara ninguna duda  de cómo seguir con mi trabajo. Entonces no lo entendía, me parecía lógico y normal, hoy entiendo que en realidad lo que necesitaba era ponerle nombre a lo que pasaba  y encontrar los espacios  para  cada una de las cosas que estaban enmarañadas dentro mío.&lt;br /&gt;Esta especie de despedida era mi miedo a no volver a mi lugar, a mis cosas, a mis afectos.&lt;br /&gt;Espacios, Nombres, Lugares, serían  palabras que volverían una y otra vez para encontrar un nuevo significado a medida que caían los velos que cubrían mi alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que transcurrían los días , la sensación de certeza parecía  afianzarse dentro mío, casi como si hubiera estado esperando hace bastante tiempo que esto ocurriera, como si secretamente hubiera abierto un espacio para  la enfermedad , sin darme cuenta.&lt;br /&gt;En casa  manteníamos largas conversaciones acerca del futuro, de las probabilidades y de  situaciones similares que les habían ocurrido a otros. Nos sentábamos a conversar tan sólo para escucharnos decir las mismas cosas, una y otra vez, como tratando de convencernos con cada palabra que todo iba a salir bien.&lt;br /&gt;Gus se mostraba muy seguro y confiado y por momentos adoptaba una actitud  casi infantil de serenidad  que me enternecía sobremanera. De alguna forma empecé a darme cuenta que estábamos atravesando la misma  situación pero cada uno había ido construyéndola diferente, desde  sus propias historias personales.  Yo había llegado antes a la certeza y a la aceptación, aún sin haber  tenido el diagnóstico, ya sabía  que   nuevamente tenía cáncer. Había leído cada una de las señales que mi médico  había emitido aún sin decir palabra, sus gestos, sus miradas, sus tonos de voz, su actitud protectora  y  casi paternal.&lt;br /&gt;Y había esperado que ocurriera.&lt;br /&gt;Finalmente, en una de nuestras charlas vespertinas, soltamos  los sentimientos y nos escuchamos   hablar de  nuestros miedos y  creencias, hasta que poco a poco pudimos construir una certeza compartida.&lt;br /&gt;Así llegamos al consultorio del médico a escuchar el resultado, en una aparente tranquilidad, dándonos fortaleza y tomados de la mano, sabiendo lo que íbamos a escuchar, aunque muy profundamente no seríamos capaces de asimilarlo todavía ni de comprender de que manera esto cambiaría para siempre nuestras vidas.&lt;br /&gt;De forma clara y directa, recibimos   la confirmación de  que tenía un tumor invasivo en la mama, por lo cual debía comenzar de manera inmediata a realizar una serie de estudios, y  llevar a cabo una rápida consulta  con una especialista para comenzar un tratamiento de inmediato.&lt;br /&gt;Durante toda la explicación sentía las lágrimas que corrían por mi mejillas  sin poder detenerse, y al mismo tiempo la mano de Gus que apretaba la mía  como queriendo  protegerme  de todo y gritándome  a través de cada poro su amor incondicional. Todo fue emoción y angustia profunda, las sensaciones parecían venir desde el centro de mis entrañas y subir apoderándose de todo mi cuerpo. No podía entonces entender  lo que me estaban explicando con claridad y sencillez, ni siquiera intentaba seguir la lógica de las palabras, sólo sentía y sentía profundamente como un pozo negro se abría dentro de mí.&lt;br /&gt;Sobre el escritorio  el médico había extendido un sinnúmero de órdenes médicas  que se entremezclaban con  las explicaciones. Sólo miraba sin ver y realmente no  lograba atender absolutamente a nada. Sosteniéndome tan solo  de la mano de Gus , como aferrándome a la vida , que sentía se me estaba escapando, es que pude decir -“necesito ayuda”, y casi como un grito desesperado -“hay algún grupo en el hospital…?”.&lt;br /&gt;No pude entender hasta mucho tiempo después que ese había sido el comienzo de un largo proceso de transformación. Desde el centro de mi angustia  y mi dolor había  logrado pedir ayuda y me había reconocido  por primera vez, como un ser vulnerable y necesitado.&lt;br /&gt;Salí del consultorio confundida, sin entender como debía seguir y  preguntándome  una y otra vez -“¿por qué a mí?...”, sin poder dejar de llorar ni un instante.&lt;br /&gt;En ese momento  creía haber recibido  el anuncio de una muerte inevitable  e inminente, no podía salir  de ese pensamiento y rumiaba sobre todas las variantes que  aparecían en mi mente. Pasaba de la ira  a la angustia más profunda y visceral, me repetía una y otra vez la misma pregunta “¿por qué?” y estaba profundamente   enojada conmigo porque sentía que había hecho todo  sin que esto sirviera de nada, con el mundo como si este fuera un gran organizador de los designios de  cada uno de sus habitantes y con la ciencia porque   de nada habían servido  los controles minuciosos y obsesivos, ni las constantes visitas al médico. Yo me había transformado en  estos últimos cinco años en una “ paciente ejemplar”, de esas que acompañan al médico y cumplen  con sus indicaciones, me había sentido  responsable  de mi tratamiento, pero no había logrado  percibir que la curación de una persona es un proceso bastante más complejo y no se trata solamente de un cuerpo recibiendo medicación. Yo había logrado dejar afuera   mis emociones, las había mantenido  controladas y había vuelto a sentirme  omnipotente y perfeccionista, casi sin darme cuenta.&lt;br /&gt; Y casi sin darme cuenta había  regresado al punto de partida.&lt;br /&gt;Sentados en un café, hablaba  sin parar sobre las múltiples cosas que jamás podría hacer, aquellas que no iba a poder llegar a ver, las que iba a perder en poco tiempo, y así sucesivamente. Seguía llorando y Gus trataba de consolarme con explicaciones, casi  atajando  mis  reclamos por los distintos frentes donde se presentaban.&lt;br /&gt;Tuve muchos miedos, pero sin duda el miedo de no poder ver crecer a mis hijos fue el más angustiante , de no llegar a verlos armar sus propias vidas, de no llegar a  conocer a los nietos que seguramente tendría, de no conocer París ,esa ciudad que tanto llena mis sueños. Miedo de no tener el tiempo suficiente,  miedo del deterioro,miedo de la enfermedad…. La lista era interminable y los pensamientos seguían  surgiendo sin control uno tras otro.&lt;br /&gt;En ese momento, casi como un pase mágico, sentí como  Gustavo tomaba las riendas de la situación y  empezaba  a hacerse cargo de sacarme de ese estado, poniendo su cuota de racionalidad y de impulso “proactivo”, como siempre me gustó llamarlo. Allí estaba el obstáculo a vencer y había que enfrentarlo, -“de esto salimos juntos”, me dijo y me entregué sin dudarlo a esa frase. Ahí fue cuando empezamos a hacer algo.&lt;br /&gt;Lo ví tomar las órdenes  y decirme  de que manera íbamos a volver al hospital  para comenzar a pedir los turnos. Yo me sentí  absolutamente incapaz  de  siquiera cruzar la calle y me dejé llevar.&lt;br /&gt;Con esa actitud que lo caracteriza lo vi ir de uno a otro sector, hablar con empleados y explicar una y mil veces la urgencia de los turnos, mientras  me limitaba a seguirlo.&lt;br /&gt;Agradecí  entonces su capacidad de lograr aquello que se propone, la que yo siempre  había admirado. Me fascinaba ver como  muchas cosas que parecían imposibles empezaban a  solucionarse y eso comenzó a darme una leve sensación de tranquilidad. En ese entonces, sentía que se trataba  de una  vertiginosa  carrera contra el tiempo, quería empezar a “hacer algo”   y ese  algo tenía que ver con  tomar de nuevo el control de mi propia vida.&lt;br /&gt;Cuando regresamos esa tarde a casa, habíamos logrado  obtener  todos  los turnos para la próxima semana, incluyendo la primera sesión  con una terapeuta.&lt;br /&gt;Esos primeros instantes   fueron difíciles, pero pudimos dar los pasos  necesarios para arrancar. Eran inevitables la angustia, el dolor  y la bronca por el diagnóstico, pero fue también es esos primeros momentos en los que  recibí las  demostraciones  de amor más  bellas y sinceras  de quienes estaban  a mi alrededor. Los abrazos profundos, las palabras de aliento y el calor de sentir que no estaba sola.&lt;br /&gt;Al día siguiente, se trataba de un día sábado,  me sentía realmente agotada y  no tenía demasiadas fuerzas para moverme de la cama. En tan sólo veinticuatro horas, me había  atravesado un tsunami de emociones y quedarme esa tarde metida entre las sábanas y acurrucada en una esquina me pareció entonces  el mejor programa.  Al rato   recuerdo el llamado de mis compañeras del jardín, por ese entonces esa era la manera en que las llamaba, que  me proponían encontrarnos  a tomar un café en Plaza Serrano. Tarde de sol,  amigas y ganas de compartir, parecían suficientes,  pero sentía  mucho dolor en la mama y ésta estaba bastante inflamada .Una vez más necesité un empujón para arrancar  y ponerme en marcha. Elegir la ropa y  prepararme para salir  no me entusiasmaba demasiado, pero tenía ganas de verlas y charlar, olvidarme un rato de todo y pasarla  bien.&lt;br /&gt;Fueron  cuatro horas  increíbles, en las que  nos reímos, contamos anécdotas y hablamos del jardín y de los niños y como en todo encuentro, de “los hombres”  que acompañaban o no nuestras vidas.  Sentí entonces un apoyo incondicional de   todas y cada una de  ellas. Cada una, fiel a su estilo y con sus propias palabras… Volví a escuchar entonces, “de  esto salimos juntas”  y juro por mis hijos  que en esas  horas  no volví a sentir dolor ni angustia.&lt;br /&gt;Me propusieron    empezar a encontrarnos   más seguido, salir, ir al teatro, a comer y las sentí  muy cerca. Cada una, creo que sin  proponérselo, me empezó a llenar de energía, de esa que tenemos las  jardineras que disfrutamos  de nuestro trabajo.  Esa misma energía que se llena de las risas y las  ocurrencias de los chicos  y se enchastra de colores.&lt;br /&gt;Pero  esto  comenzó a ser además un punto de encuentro y desde donde empezamos a construir  juntas algo más que un  compañerismo. Nos miramos  por primera vez profundamente   al alma y decidimos tácitamente ayudarnos a crecer.&lt;br /&gt;Al regresar, empecé a tomar conciencia de que algo había cambiado y no podía  darme cuenta  muy bien de que se trataba. Empecé a pensar entonces que no había ingerido ninguna medicación  ni tampoco  iniciado ningún tratamiento, entonces la clave debía estar en lo que había pasado esa tarde.&lt;br /&gt;Lo que había pasado era ni más ni menos que  una  ráfaga de felicidad y yo me había agarrado a ella de una manera casi desesperada. Reírme a pesar de “mi tsunami”, como  lo empecé a llamar, me hizo bien y me volvió a conectar con la vida.&lt;br /&gt;Poco a poco y con la ayuda de Gus,  comencé a organizarme para enfrentar la próxima semana, armamos un calendario y anotamos cada una de las cosas  que debía hacer, los estudios a realizar y los médicos  que tenía que ver  en esos días.&lt;br /&gt;De alguna manera, el sentir que podía  empezar a hacerme cargo de algo me devolvió el  control sobre mi vida. El factor tiempo estaba muy presenten mí, buscaba una y  otra forma de asegurarme entonces que  el  tiempo estaba de mi lado  y que  iba a tratar de iniciar el tratamiento cuanto antes.&lt;br /&gt;Durante esa semana aproveché cada visita al  hospital para pedir resultados anticipados, activar turnos  y realizar consultas. Entonces me contacté con mi clínico a quien le expliqué la situación  y me tranquilizó confirmando aquello que yo pensaba, estaba en manos de excelentes profesionales y en muy poco  tiempo  estaba  poniendo en marcha   un tratamiento.&lt;br /&gt;A diferencia de la primera vez que tuve  cáncer  de mama, en la que me dediqué  exhaustivamente a  estudiar  la mama,  y el tipo de cáncer, ahora   eso no parecía ser importante y en realidad   me bastaba con saber que estaba en mí y que debía tratarlo. Por ese  entonces me enteré que aquellos tumores que son de rápido crecimiento resultan a la vez muy permeables a los  tratamientos y  empecé a sentir que eso  resultaba favorable.&lt;br /&gt;Una de las cosas que me permitió comprender lo que me estaba pasando emocionalmente, fue una charla con mi médico clínico, que me explicó que  todo lo que yo sentía, las broncas, el enojo, la culpa, etc., era todas reacciones normales frente a un diagnóstico  de cáncer. Hay estudios realizados sobre las etapas por las que un paciente va a atravesando a  medida que  puede  o no enfrentar aquello que le sucede  y yo no me encontraba exentas de ellas.&lt;br /&gt;En ese momento no pude  comprenderlo  totalmente, pero   debía ir poco a poco dando los pasos necesarios  para  iniciar el camino de la recuperación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824979765344095652-2182179563452252780?l=amolavida-rayuela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/feeds/2182179563452252780/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824979765344095652&amp;postID=2182179563452252780&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/2182179563452252780'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824979765344095652/posts/default/2182179563452252780'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amolavida-rayuela.blogspot.com/2009/06/amo-la-vida-del-cancer-la.html' title='Amo la Vida - Partes I y II'/><author><name>Rayuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15794387049038297900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_W7oTJqIK1h4/SjlM2Uwu8aI/AAAAAAAAAAk/Df0qLJ8bAD8/S220/IMG_0467.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>
